martes, febrero 09, 2016, 6:43 am

    Opiniones / Iván García

    La doble vida del cubano

    Si no asistías a un domingo rojo de la defensa, no tenías derecho a ser propietario de un televisor Caribe, un refrigerador Minsk o una moto de dos velocidades Karpaty.

    Archivo - Dos civiles permanecen atrincherados, ella con un fusil AKM y él con uno de utilería, en un n “enfrentamiento con el enemigo” en Centro Habana, el Día Nacional de la Defensa de Cuba.
    Archivo - Dos civiles permanecen atrincherados, ella con un fusil AKM y él con uno de utilería, en un n “enfrentamiento con el enemigo” en Centro Habana, el Día Nacional de la Defensa de Cuba.
    Quizás el país del planeta con más alto porcentaje de simuladores sea Cuba. Solo China, Vietnam y Corea del Norte le harían competencia. Es difícil encontrar a una persona que no haya actuado de manera mojigata en 54 años de castrismo.

    En contra de nuestra voluntad, fuimos a trabajar 45 días sembrando tabaco en Pinar del Río. Peor aún, empuñamos un fusil AKM y en nombre del internacionalismo proletario, causamos daños colaterales en las guerras civiles de Angola y Etiopía.

    Nadie nunca nos consultó. Pudieran replicar que la participación era voluntaria. Pero los nacidos en Cuba sabemos que la palabra ‘voluntario’ es una ironía.

    Si no aceptabas la pañoleta roja o con las venas inflamadas gritabas “pioneros por el comunismo, seremos como el Che”, no había futuro. Tenías que olvidarte de una carrera universitaria y un buen puesto de trabajo.

    Si no asistías a un domingo rojo de la defensa, no tenías derecho a ser propietario de un televisor Caribe, un refrigerador Minsk o una moto de dos velocidades Karpaty.

    En las autobiografías debían constar las organizaciones de “masas” a las cuales pertenecías. Las marchas en las que participaste. Los maratónicos discursos de Fidel Castro que escuchaste en la Plaza.

    Tu calidad de vida dependía del Estado. Si lograbas viajar al extranjero, adquirir un auto ruso o te asignaban un chapucero apartamento en Alamar, era porque habías pasado por un riguroso filtro donde se comprobaba tu lealtad al régimen.

    Un diseño diabólico creado por los revolucionarios locales. Beneficios, solo para sus seguidores. Por tanto, desde niños, aprendimos a manejar con soltura el arte de la hipocresía y la mendacidad.

    En la década de 1970, las cartas enviadas a un pariente en la Florida constituían un secreto familiar. También ser gay. Ir a misa los domingos o practicar la santería.

    Cualquier cosa podía delatar tus 'debilidades ideológicas'. Ponerte un jeans Made in USA. Escuchar a los Beatles o a Celia Cruz. Si eras miembro de las fuerzas armadas o del partido comunista y tu esposa te engañaba, al toque de atención de los superiores, debías romper la relación.

    Fue una etapa traumática, de posteriores y necesarios estudios por parte de académicos. Años que han marcado fuertemente a un alto segmento de la población.

    Aquellas tempestades trajeron las actuales cosechas. Personas indolentes y simuladoras que desde la acera, en silencio contemplan cómo golpean a un disidente que en voz alta reclama los mismos derechos que proclaman en la sala de su casa.

    Jóvenes que se enrolan en la juventud comunista para usar el carnet como una escalera. Gente que como papagayo repite trechos de discursos oficiales, y cuando  mediante el diálogo logras desarmarlos, recurren a la violencia o la delación.

    Intelectualmente, la nueva camada que apoya a los Castro deja bastante que desear. A ellos se les da más los golpes y los linchamientos verbales.

    Esa vida, durante años consagrada a un líder, una doctrina, una causa, ha convertido a muchos cubanos en perfectos cínicos. Siempre andan con la careta en la mano, y se la ponen o quitan en el momento preciso y en el lugar adecuado.

    En Cuba casi todo es doble. Una isla de apariencias y espejismos. Existe una ineficaz economía estatal y otra lucrativa y subterránea. Circulan dos monedas, pero solo una, la divisa, es la que te permite resolver tus problemas y los de tu familia. Y están los tipos  'políticamente correctos' quienes en el fondo de su alma aspiran a vivir en Miami.

    Esos simuladores prefieren huir lejos a quedarse en su patria y desde ella reclamar un futuro mejor. No estoy haciendo catarsis ni acusando a nadie. A fin de cuentas, todos tenemos algo de culpa.

    Iván García Quintero

    ivangquintero+yahoo.es

    Nació en La Habana, el 15 de agosto de 1965. En 1995 se inicia como periodista independiente en la agencia Cuba Press. Ha sido colaborador de Encuentro en la Red, la Revista Hispano Cubana y la web de la Sociedad Interamericana de Prensa. A partir del 28 de enero de 2009 empezó a escribir en Desde La Habana, su primer blog. Desde octubre de 2009 es colaborador del periódico El Mundo/América y desde febrero de 2011 también publica en Diario de Cuba.

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    Comentarios
         
    por:: Inocencio S. Santillan C. De:: Huaraz Peru
    noviembre 27, 2012 12:38
    Esa fue la enseñanza sovietica, que destruyo la moral de los pueblos de America y el mundo, aca en Peru en la zona andina donde las comunidades actuan de forma similar, llevan el sistema comunista, sin moral, si no eres comunista ellos disponen de lo poco que te dejaron al usurparlos, manejan la documentacion tratan de ber que no surjas y me tienen en la pobresa, el colmo las familias salen incluso contra nosotros sus parientes.El sistema rojo del comunismo Sovietico y la gente de los Castro.

    por:: Kathy De:: Miami, Florida
    noviembre 28, 2012 12:09
    De estas movilizaciones tontas tuve bastante.
    Vivia al doblar de la cede del poder popular en mi municipio y contantemente veia movilizaciones de antiguos milicianos a las MTT.
    Tenia que atravezar la muchedumbre de viejos barrigones con cara cansanda y sin afeitar con su uniforme de miliciano ajustado mas arriba del ombligo y corto en las patas y a viejas con colorete y labios color rojo igualmente vestidas. O a jovecitas contoneandose y bien uniformadas llevando las astas de las banderas cubana, 26 y de cuanta pudiera aparecer.
    Siempre que pasaba les preguntaba a donde iban.
    Era la epoca de la construccion de bunkers o tuneles para la defensa, lo mismo eran movilizados para mover tierra de aqui para alla, o con fusilitos de palo revolcarse por el suelo.
    A los que me conocian, siempre tuve la excusa perfecta: Tengo que trabajar.
    Pero un dia que pregunte a un militar que parecia el guia, me dijo que iban a un campo de tiro y le pregunte si podia ir.
    ... y fui
    Lo unico bueno de eso es que me dijeron que tengo o tenia buena vista larga y que pudiera ser francotiradora
    Con una sonrisa fingida di las gracias y me dije: A mi para esto no me cogen mas.
    Con el tiempo vi menos viejos y caminaba mas para no pasar por frente a ellos.
    Responder

    por:: un cubano De:: cuba
    diciembre 02, 2012 13:14
    Muy triste, pero es la pura verdad. Todavia tenemos que seguir en el simulacro, aunque ya se han acabado toda esa mierda de movilizaciones y el cubano es mas pasivo ahora cuando participa en estos actos "voluntarios". Recuerden que no se puede poner en mala con el empleador, te quedas sin trabajo, y de que vas a vivir si todo es ilegal, y luego te haces disidente, recibes ayuda y te conviertes en un mercenario.