miércoles, abril 23, 2014, 7:16 pm

Opiniones / Iván García

Una delegada de barrio

Las instituciones del Estado suelen ver a los delegados de base como bichos raros. Una especie de lunáticos trasnochados.

PREVIOS A LAS ELECCIONES LOCALES
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Les presento a Magda (nombre ficticio). Tiene poco más de 40 años y es nacida y criada en el barrio habanero de La Víbora. Ha tenido una vida dura. Creció en una reducida vivienda de un solo cuarto en una antigua casona de alquiler atestada de pequeñas habitaciones.

En pleno período especial -lo más parecido a una guerra sin el rugir de los cañones-, con apagones de 12 horas y una comida caliente al día, Magda tuvo tres hijos. Dos varones y una hembra.

Si  cuatro personas eran demasiados en la casa de una sola habitación, ocho, sumando a su esposo que llegó a La Habana desde una provincia del interior, en busca de mejores oportunidades, resultaba asfixiante.

Pero Magda es una mujer que saber pelear a la contra. En su propio pasillo vivía una anciana sola y enferma. Se dedicó a cuidarla. Antes de fallecer la señora le cedió el inmueble. Ya era propietaria. La mínima habitación se dividió con cartón tabla en dos aposentos para sus hijos y una habitación para ella.

Probó fortuna, como muchos cubanos, en el mercado negro. Vendió alcohol, ropa, leche en polvo. Hizo todo lo que estaba a su alcance para vestir y alimentar a sus hijos. El esposo de una amiga, oficial del MININT, que en sus viajes al extranjero regresaba cargado de pacotillas que luego Magda le vendía, le habló de la posibilidad de enrolarse como trabajadora civil en una unidad militar.

Quizás tendría mejores oportunidades de salir adelante, pensó Magda. Separada del padre de sus hijos, su situación personal era muy difícil. Y se alistó. Hizo amigos entre los oficiales de tres estrellas y regresaba a casa cargada de conservas, arroz y frijoles de la bien surtida cocina militar.

Años después se integró al SEPSA, un cuerpo de protección y vigilancia. Allí recibía un estipendio en moneda dura y cada mes le entregaban varios kilos de pollo, aceite, perros calientes y litros de refrescos. Sin contar los productos que siempre se pegan cuando uno trabaja en empresas o almacenes repletos de bienes codiciados en el mercado negro. El condumio familiar estaba garantizado. 

Por su buen trabajo, fue nombrada al frente de un destacamento de vigilantes nocturnos. Gracias a su sociabilidad, una noche, en una desolada reunión para elegir al delegado del Poder Popular en su circunscripción, algunos vecinos, ante la escasez de candidatos, propusieron a Magda como su representante.

No esperaban grandes cosas de ella. Pero era la única con deseos de asumir esa función. Hace dos años ganó en las elecciones. Ahora volvió a repetir el triunfo. En el pasado período tuvo pocos puntos a favor. Muchas gestiones, la mayoría infructuosas, intentando resolver materiales de construcción a personas de bajos recursos. Eso sí, le sobra paciencia para visitar organismos, tocar puertas y entablar diálogos de sordos con las autoridades. Su poder, si acaso tiene, es limitado.

Las instituciones del Estado suelen ver a los delegados de base como bichos raros. Una especie de lunáticos trasnochados que, suponiendo tengan buenas intenciones, merodean por los abultados laberintos ministeriales y bregan con la poderosa burocracia para dar una respuesta a los reclamos de sus electores.

En esta legislatura, Magda continuará arando en el desierto. Las cosas en el barrio siguen igual. O peor. No se han reparado los salideros. Ni los baches. Las casas y edificios piden una reparación a gritos. Los electores, escépticos, no esperan que la delegada les resuelva sus problemas. Pero escasean las personas que deseen dedicarse a tan ingrata labor.

Iván García Quintero

ivangquintero+yahoo.es

Nació en La Habana, el 15 de agosto de 1965. Hijo de la periodista Tania Quintero Antúnez y del abogado, ya fallecido, Rafael García Himely. Después de pasar el servicio militar, no concluyó la enseñanza preuniversitaria, dedicándose a los más variados oficios, desde ayudante en una imprenta y aprendiz de plomería, hasta asistente de programas en la Redacción de Programas Especiales de la Televisión Cubana. En 1995 logró su sueño de incorporarse a una profesión que no le era ajena, el periodismo. Ese año fue admitido en Cuba Press, agencia de periodismo independiente fundada por el poeta y escritor Raúl Rivero el 23 de septiembre de 1995. Su gran afición por los deportes le permitió crear la sección Minideportivas de Cuba Press, única en el incipiente periodismo independiente cubano. A su formación autodidacta contribuyeron los talleres de prensa impartidos por Raúl Rivero, y lecturas como El Libro de Estilo de El País; manuales de la agencia EFE; publicaciones del Programa Latinoamericano de Periodismo de la Universidad Internacional de la Florida y la revistas Veja y Newsweek en Español, entre otros. Cuatro años antes de comenzar a escribir como periodista independiente, en marzo de 1991, estuvo dos semanas detenido en Villa Marista, cuartel general del Departamento de Seguridad del Estado, acusado de "propaganda enemiga". No fue enjuiciado, pero a partir de ese año, por cualquier motivo era detenido, la última vez, el 22 de octubre de 2008, según relatara en Estado de sitio. Ha sido colaborador de Encuentro en la Red, la Revista Hispano Cubana y la web de la Sociedad Interamericana de Prensa. Fue miembro de la Sociedad de Periodismo Manuel Márquez Sterling, creada en 2001 y dirigida por Ricardo González Alfonso, condenado a 20 años de prisión en abril de 2003 y excarcelado y desterrado a España en julio de 2010. A partir del 28 de enero de 2009 empezó a escribir en Desde La Habana, su primer blog. Desde octubre de 2009 es colaborador del periódico El Mundo/América y desde febrero de 2011 también publica en Diario de Cuba. Tiene esposa y una hija, nacida el 3 de febrero de 2003.
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