miércoles, junio 19, 2013, 2:35 am

Cuba

Así vive una familia cubana

Tres generaciones bajo un techo, una sola comida al día y mucha preocupación por el futuro cuando los precios de los alimentos ha aumentado astronómicamente en los últimos cinco años

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Hacen una sola comida al día y desayunan café sin leche y un panecillo desabrido de 80 gramos sin mantequilla. Y no siempre. “A veces nos comemos el pan de la libreta por la noche, porque a menudo nos quedamos con hambre después de comer. Cuando eso ocurre, a la mañana siguiente, antes de ir al trabajo o la escuela tomamos un buche de café nada más”, cuenta Zenaida Peña, 72 años, cabeza de familia.

En una vieja casona de la barriada habanera de Lawton, a gritos necesitada de una mano de pintura y una reparación a fondo, vive la familia Peña. Está conformada por 7 personas y forman parte de ese 40% de cubanos que no reciben dólares o euros.

Tres generaciones diferentes bajo un mismo techo. Cuatro, aclara Zenaida, pues hace un mes nació el primogénito de Yosbel, su hijo menor.

Leida, la hija mayor, hace doce años se divorció del padre de sus dos hijos. Yara, de 15 años, cursa el noveno grado y piensa que su futuro es casarse con un extranjero y marcharse del país. Leinier, de 19 años, va en camino de ser huésped de alguna prisión, por las reiteradas advertencias de peligrosidad amontonadas en su expediente predelictivo.

Leída, la madre de Leinier, cree que el jefe de sector de la policía 'la tiene cogida con su hijo'. “Sí, es cierto que bebe ron casi todas las noches y ningún trabajo le viene bien. Imagínate, con los salarios que pagan, él quiere vestir a la moda e ir a discotecas. Con mi trabajo de oficinista no puedo satisfacer sus gustos. Aunque quiero que cambie, entiendo los motivos de mi hijo y otros muchachos del barrio para refugiarse en la bebida”.

El problema es que Leinier no solamente toma ron. Al igual que un alto por ciento de  jóvenes habaneros, a quienes el futuro se les antoja una mala palabra, también prueban emociones más fuertes. Y los fines de semana hacen una colecta entre amigos y adquieren  marihuana, pastillas de Parkisonil o cualquier otro alucinógeno que los ponga 'en las nubes'.

Leinier tiene dos pasiones, el béisbol y las computadoras. Seguir la pelota es fácil. Como sus tardes son ociosas, coge el P-6 y se dirige al viejo Estadio del Cerro, a disfrutar de un partido de Industriales. Ya 'cacharrear' en un ordenador no es tan fácil. Nadie en su familia tiene uno. “A veces juego o aprendo cosas en la computadora de un amigo”, dice.

Zenaida, la abuela, es jubilada y devenga una pensión de 197 pesos (8 dólares) que se diluye en comprar arroz y hortalizas. También es la encargada de cocinar la única comida caliente al día.

Yosbel, el hijo menor, vende granizado en la Calzada de 10 de Octubre. Como promedio gana 60 pesos diarios. “Todo lo que me busco se va en comida. Mi preocupación es que ahora tengo un chamaco recién nacido. Gracias a vecinos de la cuadra duerme en una cuna. Quisiera reunir dinero para comprarle un cochecito y ropitas nuevas. Trato de no preocuparme por el día de mañana. Pero me inquieta mucho el futuro de mi hijo, mi mujer y mi familia. No veo cómo podemos mejorar nuestra situación”, expresa.

Zenaida tiene su propia teoría sobre las carencias y dificultades. “Los pobres nunca dejaremos de estar jodidos. Pero quisiera que los gobernantes cubanos supieran que hay familias que nunca reciben un centavo de dólar. Que lo poco que ganan se evapora comprando arroz y apenas podemos alimentarnos como Dios manda. Por eso, porque no tengo la solución a nuestros problemas, desde la 11 de la mañana me pongo a oír novelas por la radio y a hacer cábalas, a ver si acierto con un número y me saco la bolita (lotería criolla) y gano un dinero que me ayude a solucionar algunas penurias”, señala.

Para ella es un verdadero suplicio lo que a diario pasa para poner en la mesa seis platos de comida, que pronto serán siete cuando el nieto empiece a comer. Zenaida se sienta en una butaca descolorida de la sala y en un papel, con un mocho de lápiz, va anotando.

“Mira, mi’hijo esto no es fácil. El arroz que nos dan por la libreta en la bodega nos dura dos semanas. Cuando se acaba, diariamente tengo que comprar dos libras, de las que venden por la libre a 5 pesos, 10 pesos en total.  A eso súmale 18 pesos por tres libras de tomate, a 6 la libra. Dos mazos de lechuga, a 5 pesos cada mazo, y 9 pesos por 6 huevos, a 1.50 cada uno. Todo eso hace un total de 47 pesos. Pero no siempre tengo esa cantidad. Y no te dije que para cocinar necesito aceite y puré de tomate, que hay que comprarlos en la 'shopping', por divisas. Frijoles y carne de puerco comemos una o dos veces al mes, cuando se puede. Te juro que tengo ganas ya de morirme”, confiesa.

Zenaida cree que una solución a familias pobres como la suya, sería que la Iglesia o el Estado abrieran comedores donde ofrezcan almuerzo gratuito a los desposeídos, para comer en el lugar o llevar. “En La Habana se formarían colas kilométricas”, asegura.

Los Peña no son una excepción en la isla. Un 40% de cubanos no reciben remesas del exterior. O no ganan pesos convertibles por concepto de estimulación salarial.

El general Raúl Castro suele repetir que en Cuba los frijoles son más importantes que los cañones. Pero en los cinco años de su mandato, no ha podido lograr que los precios de los alimentos básicos estén al alcance de todos. Y dejen de ser un ladrón que de un tajo devora casi el 90 % de los ingresos familiares. Solo para comer más o menos bien.

Tampoco Castro II ha podido llevar un vaso de leche a la mesa del desayuno. Y sus promesas de mejorar la alimentación de los cubanos no satisfacen las expectativas. Si se le ha olvidado, la familia Peña se lo recuerda.

 

Iván García Quintero

ivangquintero+yahoo.es

Nació en La Habana, el 15 de agosto de 1965. Hijo de la periodista Tania Quintero Antúnez y del abogado, ya fallecido, Rafael García Himely. Después de pasar el servicio militar, no concluyó la enseñanza preuniversitaria, dedicándose a los más variados oficios, desde ayudante en una imprenta y aprendiz de plomería, hasta asistente de programas en la Redacción de Programas Especiales de la Televisión Cubana. En 1995 logró su sueño de incorporarse a una profesión que no le era ajena, el periodismo. Ese año fue admitido en Cuba Press, agencia de periodismo independiente fundada por el poeta y escritor Raúl Rivero el 23 de septiembre de 1995. Su gran afición por los deportes le permitió crear la sección Minideportivas de Cuba Press, única en el incipiente periodismo independiente cubano. A su formación autodidacta contribuyeron los talleres de prensa impartidos por Raúl Rivero, y lecturas como El Libro de Estilo de El País; manuales de la agencia EFE; publicaciones del Programa Latinoamericano de Periodismo de la Universidad Internacional de la Florida y la revistas Veja y Newsweek en Español, entre otros. Cuatro años antes de comenzar a escribir como periodista independiente, en marzo de 1991, estuvo dos semanas detenido en Villa Marista, cuartel general del Departamento de Seguridad del Estado, acusado de "propaganda enemiga". No fue enjuiciado, pero a partir de ese año, por cualquier motivo era detenido, la última vez, el 22 de octubre de 2008, según relatara en Estado de sitio. Ha sido colaborador de Encuentro en la Red, la Revista Hispano Cubana y la web de la Sociedad Interamericana de Prensa. Fue miembro de la Sociedad de Periodismo Manuel Márquez Sterling, creada en 2001 y dirigida por Ricardo González Alfonso, condenado a 20 años de prisión en abril de 2003 y excarcelado y desterrado a España en julio de 2010. A partir del 28 de enero de 2009 empezó a escribir en Desde La Habana, su primer blog. Desde octubre de 2009 es colaborador del periódico El Mundo/América y desde febrero de 2011 también publica en Diario de Cuba. Tiene esposa y una hija, nacida el 3 de febrero de 2003.
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