domingo, octubre 26, 2014, 1:10 am

Opiniones / Pedro Corzo

Un pedido humanitario

Sosa FortunySosa Fortuny
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Sosa Fortuny
Sosa Fortuny
Los largos años en prisión de Armando Sosa Fortuny han determinado que numerosas organizaciones de ex prisioneros políticos radicados en el exterior hayan iniciado una campaña de solidaridad a su favor. 

Pocas veces se le menciona. En raras ocasiones, si es que ha ocurrido, su libertad es reclamada por una entidad o personalidad internacional. Su nombre no se encuentra en las listas que reseñan los prisioneros políticos del régimen castrista.

Es un preso incomodo  por la causa que lo llevó a prisión, porque “Sosita”, como le dicen sus amigos, fue un hombre de su tiempo,  un individuo de fuertes convicciones que nunca temió defenderlas,  aunque tal defensa implicara poner en riesgo su vida, situación que ha enfrentado en  numerosas ocasiones.

Armando actuó como se hacia en el pasado cuando los gobernantes instauraban dictaduras, controlaban el país y clausuraban las vías democráticas

Asumió como suyo el preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que reconoce que el hombre tiene el recurso supremo de la rebelión contra la tiranía y la opresión, parte importante de la Declaración que al parecer incomoda a muchos de sus propios defensores.

Armando desafió el totalitarismo cuando los que hoy tienen cincuenta y tres años no habían nacido. Lo hizo, aunque probablemente nunca sea declarado preso de conciencia, con la dignidad y la entereza que le ha faltado a muchos, remedando a José Martí.

Con solo 18 años salió de Cuba clandestinamente, pero no arribó al exilio para vivir mejor,  sino que se preparó para luchar por la democracia y la libertad de su patria.

Se rebeló, pero no atacó una escuela. No patrocinó actos violentos contra civiles. No traficó con drogas, no protagonizó episodios terroristas como lo han hecho por décadas los guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia que a pesar de sus múltiples crímenes dialogan con el gobierno de su país bajo el auspicio del régimen que impulsó en todo el continente la subversión.

Tampoco imitó a Yaser Arafat organizando actos de violencia indiscriminada en los que perecían numerosos inocentes,  a pesar de los cuales fue honrado con el premio Nobel de la Paz.

Sosa Fortuny desembarcó en Cuba en octubre de 1960 con la misión de derrocar el régimen de los hermanos Castro. Uno de sus compañeros murió en combate, diez fueron fusilados, entre ellos tres norteamericanos.

Permaneció 18 años en prisión. Estuvo en numerosas prisiones. Trabajó forzado en el Plan de Trabajo Camilo Cienfuegos, reclusorio de Isla de Pinos donde junto con otros compañeros, recuerda Enrique Ruano, fundó la Organización de Juventudes  Anticomunista.

La cárcel no le quebró. Su compromiso se fortaleció, y cuando le excarcelaron, de nuevo partió de Cuba para retornar con el objetivo de su vida: derrocar la dictadura.

En 1994, con 52 años, retorno al combate. No por amor a la violencia sino por convicción. No pensó en la tranquilidad de un hogar, ni en la seguridad económica, simplemente respondió una vez más a su compromiso de luchar por sus ideales.

Partió junto a Jesús Rojas, Jose Ramón Falcón, Miguel Díaz Bouza y Eladio Real Suarez. Los dos primeros ya están en libertad.

Desembarcaron en las proximidades de Caibarién, según acusación del régimen de los Castro,  con la intención de organizar una fuerza irregular para combatir la dictadura en las legendarias montañas del Escambray, donde en la década del 60, miles de cubanos lucharon contra el comunismo.

Posterior al desembarco, en un enfrentamiento a tiros murió el ciudadano Arcelio Rodríguez García. Sometidos a juicio Real Suárez fue condenado a muerte. Posteriormente la sentencia fue conmutada por 30 años.

Sosa Fortuny cumple en este segundo encarcelamiento 19 años de una sanción de 30. Enfermo y sin pedir cuartel, ha cumplido en conjunto 37 años de prisión. Envejeció en prisión, cumpliendo a su manera con la Patria.

Armando es un ejemplo de la conducta de muchos gobiernos y organizaciones no gubernamentales que estigmatizan a quienes consecuentes con el tiempo que les tocó vivir, actuaron en defensa de sus derechos, pero también hay que reconocer que esa actitud puede ser selectiva.

“Sosita” desembarcó en Cuba por primera vez cuando   el admirado y respetado Nelson Mandela, el paladín indiscutible de la lucha contra el Aparthei y también premio nobel de la Paz, defendía la lucha armada y organizaba guerrillas para ejecutarla.

Mandela que después de 27 años de cárcel no alberga odio en su corazón y resolvió pacíficamente los serios problemas de su país, es hoy reconocido como uno de los hombres mas notables de la historia de la humanidad, también fue distinguido con el Nobel de la Paz, entonces por qué “Sosita”,  que también actuó a su manera y por convicciones, permanece olvidado por tantas organizaciones que demandan respeto y perdón para todos.

Pedro Corzo

pcorzo+bbg.gov

Pedro Corzo, Santa Clara, 1943. Trabaja en Radio Martí desde 1998. Conferencista y escritor. Residió en Venezuela durante doce años y colaboró allí en varios medios de información.

Es presentador del programa Opiniones de WLRN, Canal 17 y columnista de El Nuevo Herald. Ha producido varios documentales históricos entre ellos Zapata, Boitel y Los Sin Derechos.

Entre sus libros se cuentan Cuba, Cronología, Perfiles del Poder, La Porfía de la Razón, Guevara Anatomía de un Mito,  Cuba, Desplazados y Pueblos Cautivos y El Espionaje Cubano en Estados Unidos.

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Comentarios
     
por:: Alfredo Felipe Fuentes De:: Austin, Texas
febrero 18, 2013 13:36
Felicito a Pedro Corzo por este magistral y contundente artículo en defensa de Sosa. Espero que si la decencia aún respira, todos aquellos concernidos reflexionen y actúen.
Los argumentos resultan incontestables: el ejemplo Mandela bastaría, pero la referencia al derecho de rebelión consagrado en el preámbulo de la Declaración Universal, desarma cualquier objeción.
Alfredo Felipe Fuentes, exprisionero de conciencia cubano
Cell 786 657 8798

Alfredo Felipe Fuentes