sábado, mayo 18, 2013, 1:08 pm

Opiniones / Alvaro Alba

Más drama en la masacre del bosque de Katyn

Oficiales estadounidenses, prisioneros de los alemanes, vieron y documentaron a la Casa Blanca la atrocidad del NKVD.

Archivo. La guardia de honor atiende a las ceremonias celebradas en el día en memoria de las víctimas del crimen de Katyn en el cementerio militar de Varsovia, Polonia, el 13 de Abril de 2008.
Archivo. La guardia de honor atiende a las ceremonias celebradas en el día en memoria de las víctimas del crimen de Katyn en el cementerio militar de Varsovia, Polonia, el 13 de Abril de 2008.
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El escritor soviético Mijail Bulgakov puso en la boca de Voland, uno de sus personajes de la obra El Maestro y Margarita, una frase que sentó la base de toda la historia del siglo XX – "Los manuscritos no arden". Y es que los archivos se han convertido en el mejor juez de los seres humanos, pues al paso de los años la historia se va componiendo sin ribetes políticos o ideológicos. 

El llamado Consejo de Katyn, un grupo de investigadores polacos dedicados a reconstruir el crimen donde murieron asesinados por ordenes de Stalin mas de 22 mil soldados y oficiales del ejército polaco en 1940, logró que se hicieran públicas más de mil páginas sobre la matanza.

En nombre de este grupo, dos congresistas demócratas estadounidenses; Marcy Kaptur, de origen polaco y representante por Ohio y su colega Daniel Lipinski, de Chicago, Illinois, le pidieron al presidente Barack Obama en diciembre del 2011 que desclasificara los documentos relacionados a Katyn, existentes en los archivos de EEUU.  

Oficiales estadounidenses, que fueron prisioneros de los alemanes, vieron y documentaron a la Casa Blanca, lo sucedido en Katyn en 1943, cuando los nazis presentaron al mundo las fosas con los cadáveres de los polacos. El presidente estadounidense, Franklin D. Roosevelt supo por oficiales de la inteligencia de la autoría del crimen por parte de Stalin, pero incluso intentó calmarle echando a un lado cualquier investigación de la Cruz Roja.

En su intento de aplacar a Stalin le apoya el primer ministro británico, Winston Churchill, quien si tenía una mayor información sobre la participación soviética en el crimen. De 1944 a 1947 se recopiló en Estados Unidos el testimonio de cientos de personas que constataron la participación soviética en la matanza. Pero en la Casa Blanca pensaban que cualquier información de ese tipo podría enojar a Stalin y decidiera que las tropas soviéticas no participarán en la batalla contra Japón. El cálculo político fue exacto, pero en el comportamiento moral no parece aprobar el examen.  

En el Congreso de Estados Unidos se creó en 1951 una comisión que determinó la responsabilidad de los soviéticos en el Kremlin, que aunque no señaló la cooperación de la Casa Blanca con la mentira soviética, si recomendó crear un tribunal internacional para exponer la verdad. Los resultados de la comisión no se hicieron públicos.

Tal actitud de indiferencia ante el pueblo polaco la repite en el verano de 1944, cuando Varsovia se sublevó contra los alemanes. Durante 63 días el ejército polaco (Armia Krajowa), tomó el control de la ciudad. En varios puntos de la ciudad ondeaba la bandera roja y blanca.

Los soviéticos, a 20 km de Varsovia no se movieron para ayudar a los polacos, permitiendo que los nazis ahogaran la sublevación. Aviones ingleses que volaban desde Italia lanzaron pertrechos y alimentos a los insurgentes, pero fue insuficiente. Roosevelt se negó a firmar las misivas que Churchill manda a Moscú pidiendo abrir el espacio aéreo soviético y el uso de bases estadounidenses en Ucrania para las naves británicas.

Los documentos, además de demostrar la verdad histórica, muestran una faceta de la personalidad de Roosevelt que poco se ha investigado, la falta de voluntad política para enfrentar las atrocidades del estalinismo, la negativa reiterada de apoyar las genuinas aspiraciones de justicia (caso de Katyn) y de libertad (sublevación de Varsovia).

Katyn siempre ha sido una herida abierta en la sociedad polaca y en especial en  las relaciones con Moscú. Katyn es el asesinato de la elite de la oficialidad polaca a manos del NKVD, la mentira de la URSS al culpar a los nazis del crimen, la verdad que sale a flote con la perestroika, los archivos que entrega Boris N. Yeltsin y ahora la negativa de Moscú por recompensar a los familiares de las víctimas.

El  presidente polaco Lech Kaczynski, junto a miembros de su gabinete y la alta oficialidad, falleció cuando su nave se precipitó a tierra cerca de Katyn, en abril del 2010, cuando viajaba para rendir tributo a los asesinados. Esa herida se expande ahora a las relaciones con Washington, en la época de Roosevelt.

Álvaro Alba

Aalba+ocb.ibb.gov

Historiador y periodista especializado en temas de Europa del Este y la ex Unión Soviética. Máster en Historia por la Universidad de Odesa, Ucrania. Ha publicado en ABC, Diario de Las Américas, El Nuevo Herald, entre otros. Actualmente trabaja en MartiNoticias.com. Autor de Castro y Stalin, almas gemelas (2002); En la pupila del Kremlin (2011) y Rusia: la herencia del estalinismo (2012). Es miembro de la Asociación para Estudios Eslavos y del Este de Europa (ASEEES) y de la Junta Asesora del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos, en la Universidad de Miami.
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Comentarios
     
por:: Carlos Cabezas De:: Hollywood, Florida
septiembre 16, 2012 12:10
Es bueno que se escriba sobre esta masacre realizada por los soviéticos de la NKVD en el bosque de Katyn. El mundo es incensible ante los crímenes y hay que aprender a denunciarlos, aún cuando sean del pasado y cometidos en tierras lejanas. El siniestro ministro nazi de Propaganda, Dr. Joseph Goebbels, comprendió que el mundo no creyó la denuncia nazi sobre estos asesinatos porque eran tantas las mentiras que él inventó, que cuando dijo la verdad no le creyeron. Así ocurrirá con la tiranía castrista, que si algún día se equivoca y dicen una verdad, nadie les creerá por las muchas mentiras de su propaganda en contra de los opositores. Felicidades Alvaro Alba y sigue indagando sobre las masacres históricas.