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Con 85 años, achacoso, y a diez meses, del cacareado retiro, Raúl Castro instruye al Ministro de las FAR a fin de modificar el Ordeno Número UNO del difunto Comandante en jefe.

“Cuba posee un ejército oxidado que, juntando a todas sus fuerzas, la terrestre, la aérea y la marina, donde incluyo a los reservistas, supera los 700 mil efectivos. Cada jefe de unidad, regimiento o batallón, dicta un Ordeno Uno que rige el comportamiento de los hombres bajo su mando. Por su parte, también el Comandante en Jefe, que en Cuba coincide con Jefe de Estado, decreta el Ordeno UNO que regulariza la conducta de los miembros de todas aquellas instituciones, ya sean militares o no, encargadas de la defensa y la seguridad del Estado. Violar este precepto, como muchos conocemos, puede ser considerado acto de alta traición e implica penalidad que va desde una amonestación hasta pena de muerte. Así está estipulado en ley marcial. Pero Fidel es agua pasada, ya murió, y aunque Raúl se haya empeñado en que no lo llamen Comandante en Jefe por respetar la memoria del líder de la revolución cubana, la realidad es que al heredar el cargo de jefe de Estado, heredó también el “honorífico grado”. Ahora bien, ¿cuándo cambia el Comandante en Jefe, debe cambiar la ordenanza? No necesariamente”, explica con transparencia un corpulento, y no tan joven, oficial cubano.

“El Ordeno Uno – continúa - obliga, a todos los militares, a entre otras cosas, no tener relaciones con extranjeros, contrarrevolucionarios o emigrados, y a soportar con estoicismo los rigores del servicio. Eso tiene que cambiar, no porque murió el Comandante, se transforma porque cambió la situación operativa, el escenario mundial y las condiciones sociopoliticas de Cuba”.

“A ver, – reflexiona -. Hoy, hay menos árboles en el Amazonas, que familiares y amigos de dirigentes, funcionarios, militares y revolucionarios cubanos viviendo fuera de este país. Algunos están regresando, qué bueno; pero no es justo, ni ético, ni moral, que mientras permanezca prohibido para muchos, algunos, yo entre ellos, tengamos exención para tratar a nuestros parientes exiliados que, en gran medida, debo reconocer, se fueron por culpa nuestra. Por eso cambia la ley, por la fuerza que, con muchísima dignidad, estamos haciendo algunos oficiales que ni reconocimiento queremos”.

“La otra razón es más obvia”, agrega. “En el momento que surgió ese mandato, por allá por los años 60s, no existía un conglomerado económico de militares cubanos con la fuerza que hoy tiene GAESA (Grupo de Administración Empresarial S.A.). Las negociaciones de este grupo, o la de Almacenes Universal, la Zona Económica Especial de Mariel, o ANTEX, ALMEST, GEOCUBA, GAVIOTA, TECNOTEX, cualquiera de las 57 empresas propiedad de las Fuerzas Armadas u otras tantas empresas civiles dirigidas por militares se realizan con extranjeros, o con cubanos emigrados que hoy residen en el exterior. El ordeno cayó en la obsolencia, de manera que, siguiéndolo a pie juntillas, hasta Luis Alberto Rodríguez Lopez-Callejas debería ser juzgado, a cadena perpetua por violar el reglamento”.

“Tenemos que cambiar las cosas – me dice a modo de remate – pero modificar el Ordeno Uno responde únicamente a una agenda integral que incluye derogar leyes defasadas e instaurar otras que no obstaculicen el tránsito hacia una sociedad más democrática, más participativa y abierta sin abandonar nuestros principios”.

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    Juan Juan Almeida

    Licenciado en Ciencias Penales. Analista, escritor. Fue premiado en un concurso de cuentos cortos en Argentina. En el año 2009 publica “Memorias de un guerrillero desconocido cubano”, novela testimonio donde satiriza  la decadencia de la élite del poder en Cuba.

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