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Carmelo Mesa-Lago recomienda acelerar y profundizar reformas raulistas


Carmelo Mesa-Lago
Carmelo Mesa-Lago

Catedrático emérito de Economía y Estudios Latinoamericanos, Universidad de Pittsburgh; ha sido candidato al Premio Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales 2014 y Esglobal lo incluye en su lista anual de los 50 intelectuales más influyentes.

En la lista de "Los 50 intelectuales iberoamericanos más influyentes" de 2014 aparecen cuatro cubanos: Carmelo Mesa-Lago, Rafael Rojas, Leonardo Padura y Yoani Sánchez. La "lista" la publica Esglobal.com, el portal de política, economía e ideas sobre el mundo en español de la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior (FRIDE).

Carmelo Mesa-Lago es catedrático emérito de Economía y Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Pittsburgh y autor de alrededor de 30 libros. En 2014 ha sido, además, candidato al Premio Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales.

Después de la publicación de su libro Cuba en la era de Raúl Castro: reformas económico-sociales y sus efectos (2012), le preguntamos sobre las reformas y estas fueron sus palabras (publicadas en El Nuevo Herald):

"En conclusión, las reformas estructurales de Raúl son positivas y bien orientadas, pero parciales, lentas, lastradas por obstáculos y excesivas regulaciones que generan desincentivos e impiden el avance necesario. Hasta ahora son insuficientes para resolver los problemas socio-económicos acumulados en medio siglo de socialismo estatal centralizado. Es esencial acelerar y profundizar las reformas a fin de lograr efectos que se requieren con urgencia".

Entre otros temas, hoy le hemos pedido volver sobre este.

¿Conocía la lista anual de "intelectuales iberoamericanos más influyentes" que publica Esglobal.com?

No, fue una sorpresa.

¿Qué se siente estando en la misma "lista" que Vargas Llosa, Isabel Allende, Jorge Edwards, Oscar Arias, Fernando Savater, Manuel Castells, Eduardo Galeano, el papa Francisco…?

Este ha sido uno de los reconocimientos más importantes en mi carrera académica de 55 años y estoy muy agradecido por el mismo. Estar con personas de ese nivel me llena de orgullo, he leído todas las novelas de Vargas Llosa, Isabel Allende y Leonardo Padura (El hombre que amaba a los perros me estremeció), soy un gran admirador del papa humilde que se preocupa por la pobreza, Fernando Enrique Cardoso era lectura obligada cuando estudiaba en Cornell, soy amigo de Manolo Alcántara, Ricardo French Davis, Rafael Rojas y Enrique Krause y me alegra mucho compartir con ellos este honor, tengo correspondencia con Yoani Sánchez y me impresiona su valor. Pero con humildad apunto que hay otros intelectuales influyentes que deberían estar en la lista como Carlos Alberto Montaner y Enrique Iglesias.

¿Por qué cree que Esglobal le identifica como "influyente"? ¿Cuál es su influencia?

Imagino que mi mayor influencia estaría en mi obra sobre protección social en el mundo, especialmente en América Latina y el Caribe. He trabajado en todos los países latinoamericanos (menos Haití), unos 44 países en el mundo, en temas de seguridad social (pensiones, salud, desempleo), así como en asistencia social y redes mínimas de protección social. Mi labor no se ha limitado a lo académico sino también en políticas: he asesorado a muchos países en reformas de pensiones y salud, una parte de las cuales se ha implementado. Apoyando mi candidatura al Premio Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales este año (el cual no gané), cuatro presidentes de América Latina (Chile, Costa Rica, El Salvador, Panamá) reconocieron que varias políticas sociales importantes en sus países resultaron de mi trabajo.

También mi labor sobre Cuba ha tenido influencia porque la he documentado con abundante evidencia (en buena parte con data de Cuba y de cubanos economistas académicos con los cuales mantengo una relación fructífera) y he tratado de que sea balanceada y respetuosa. El problema es que unos quieren que se vea a Cuba como un paraíso y otros como un infierno, y mi obra me ha acarreado críticas de ambos extremos del continuo ideológico; así la derecha tilda de "benigna" o "errónea" (en el mejor de los casos) mi evaluación de las reformas, mientras que tras la publicación de mi último libro, el gobierno de Cuba me ha negado dos veces la visa para participar en actividades académicas en La Habana.

Hábleme de su visión de Iberoamérica. ¿Cree que el problema iberoamericano es político o económico?

Se ha avanzado de forma considerable en el plano económico, por ejemplo, comparemos “la década perdida” de los años 80 con la forma relativamente rápida en que la región salió de la Gran Recesión; pero este año ha ocurrido una desaceleración que podría agravarse en el próximo. La inserción global de la región puede jugar un papel positivo o negativo: ayudó en la última crisis pero perjudica ahora. También se ha avanzado en la democracia, aunque hay países en los que los presidentes se perpetúan mediante trucos legales y subordinan la economía a la política en detrimento del bienestar de sus pueblos. La corrupción sigue rampante (con excepciones notables), si bien la región no es una excepción, como ilustra el caso de España.

¿Cuál es su tesis sobre el problema cubano?

Esta es una pregunta muy compleja y por ello difícil de contestar en un párrafo. Sobre esto he publicado dos libros y varios artículos recientes (en Comercio Exterior, Americas Quarterly y para el proyecto Brookings-Universidad de La Habana).

Sostengo que, después de casi medio siglo de errores económico-sociales, Raúl Castro ha emprendido desde 2007 reformas estructurales clave, que están orientadas hacia el mercado y son las más importantes bajo la revolución o han ido mucho más allá que reformas anteriores.

Por ejemplo, la entrega en usufructo de tierras estatales ociosas, la autorización de la compraventa de viviendas prohibida desde 1961, la creación de cooperativas de producción no agrícola y de servicios, la ley de migración que ha permitido a varios disidentes cubanos famosos, salir de Cuba y regresar a ella. Además, el trabajo por cuenta propia ha avanzado como nunca antes pues se acerca a medio millón de personas.

Por otra parte, he demostrado que las reformas no han tenido efecto, particularmente en la agricultura, porque enfrentan obstáculos, desincentivos, impuestos altos y la férrea burocracia. El intento de "actualizar el modelo" en vez de transformarlo es un problema crucial. Por ello argumento, como lo hacen muchos economistas cubanos, que es esencial acelerar y profundizar el proceso.

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