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Aunque no hablen de otra cosa, el problema de Cuba no es la sequía


Represa en la oriental provincia de Camagüey, una de las zonas más afectadas por la sequía.

¿Por qué la sequía, un evento cíclico, previsible y temporal, ha impactado tan significativamente en los recursos hídricos, en la agricultura, lo social y en todas las actividades económicas de la isla?

Comienza la época de lluvia y parte de la prensa experta en el tema del desconcierto cubano continúa haciendo noticia sobre la sequía en la isla que, más que una anomalía meteorológica transitoria, es una justificación folclórica.

“Para que lo entiendas bien - explica desde La Habana uno de los investigadores del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH) -, el mundo enfrenta nuevos retos debido a los cambios climáticos. No obstante, todavía podemos dividir en dos estaciones el clima tropical de Cuba: una época de seca, que abarca desde noviembre hasta abril; y otra época de lluvias, que abarca desde mayo a octubre”.

“Conociendo el ciclo pluvial en esta zona del planeta, y específicamente en Cuba -aclara el funcionario en un tono donde funde lo irónico con lo categórico- el problema no es la sequía, sino la seguridad que nos dió la dependencia económica de la antigua Unión Soviética, China, Venezuela, etc, que hizo a nuestras instituciones desantender y no desarrollar nuestra propia infrestructura hidrográfica. Lo dijo muy claro Laura Melo, representante del Programa Mundial de Alimentos en Cuba, cuando hace unos días, en la recién terminada Convención Internacional Cubagua 2017, afirmó que las sequías no son desastres en sí mismas, sino que llegan a cobrar esa dimensión en la medida en que las personas, las comunidades y los países sean más o menos vulnerables”.

“Nuestra vulnerabilidad -certifica- radica justamente en no habernos preparado, y eso es lo que provoca que la sequía, un evento cíclico, previsible y temporal, impacte tan significativamente en nuestros recursos hídricos, en la agricultura, lo social y en todas las actividades económicas del país”.

“La reacción del gobierno – agrega el experto -, como hace tiempo es habitual, consiste en buscar culpables en diversos agentes; y esta vez, la naturaleza es centro de esta epidemia mediática que dentro y fuera de la isla solo habla de la sequía como causa y consecuencia de los problemas cubanos. Pero sepa usted, y todo aquel que lo lea, que aunque desde el año 2015 se está trabajando en ello, el problema pudo haberse comenzado a solucionar en 1991, cuando se rechazó la propuesta de empresas israelitas que ofreció invertir no solo en la rehabilitación de redes y la supresión de salideros, sino también en la búsqueda de fuentes alternativas para el abasto de agua, en la rehabilitación y construcción de trasvases, de plantas potabilizadoras y desalinizadoras, en tecnologías para transformar nuestras áreas desérticas y erosionadas en cultivables, en diferentes métodos agrícolas, en el reciclaje de las aguas grises de nuestras zonas urbanas, en el tratamiento de residuales y en la perforación de nuevos pozos, cosa que hoy es de vital importancia ya que, como pocos saben, nuestras fuentes y redes de suministros están en tan en deplorable estado que las bacterias se hacen invencibles y millones de personas se contagian mensualmente".

“Pero, -reflexiona- ¿quién quiere solucionar un problema del que mucha gente vive? ¿Los carreros que venden pipas?, ¿los ambulantes que venden agua?, ¿los comerciantes y los empresarios cubanos que viven de ganar comisiones?, ¿los funcionarios que viajan?, ¿el ministro que se la pasa de reunión en reunión resolviendo la comida que luego se lleva a su casa?, ¿el país que vive del constante llanto para atraer donaciones y financiamientos?. No, no es la sequía la responsable de todos estos desastres, es la negligencia y la forma tan obtusa que tenemos de pensar, y la mentalidad policial de aquellos que nos obligan a ver a un potencial enemigo en cada inversionista extranjero”.

“Vamos a ver cuál será la justificación cuando a finales de abril comience el período de lluvia y siga faltando el agua. Todos los modelos del tiempo pronostican que para agosto, septiembre y octubre las lluvias estarán por encima de lo normal. Entonces, - concluye el investigador en tono mosqueo- hablarán de inundaciones”.

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    Juan Juan Almeida

    Licenciado en Ciencias Penales. Analista, escritor. Fue premiado en un concurso de cuentos cortos en Argentina. En el año 2009 publica “Memorias de un guerrillero desconocido cubano”, novela testimonio donde satiriza  la decadencia de la élite del poder en Cuba.

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