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Vinieron días terribles


Su relato, intitulado "Acoso, represión y cárcel: La vida de un periodista cubano", está en la página electrónica del Comité para la Protección de los Periodistas, www.cpj.org. Es la tercera de una serie que aparece en CPJ, para dar a conocer en primera persona los pormenores de aquella ola represiva.

El fiscal pidió cárcel perpetua. Su delito: ser periodista independiente. El aparato represivo era intimidante. Alcanzó a su familia. La cárcel de Kilo Cinco y Medio, en Pinar del Río. Reclusos de alta peligrosidad. Artículos sobre el sistema de salud. Un 18 de marzo de 2003. Una celda lo más lejos posible, en Guantánamo. Más de siete años de prisión. Este es su relato.

"Acoso, represión y cárcel: La vida de un periodista cubano"

El presidente del tribunal miró a su derecha y dijo "tiene la palabra el ministerio fiscal". Éste, con voz grave, dictaminó: "el ministerio fiscal ratifica la solicitud de privación perpetua de libertad para el acusado Víctor Rolando Arroyo Carmona por actos contra la independencia y la integridad territorial del país".

La Primavera Negra de Cuba tenía ya sus víctimas en el extremo más occidental. Había sido escogido como una de ellas. ¿Mi verdadero delito? Haberme convertido en periodista independiente.

Mis primeros trabajos periodísticos fueron transmitidos para emisoras radiales del exilio cubano predominando las denuncias sobre violaciones de Derechos Humanos, reportajes y crónicas sobre temas económicos y sociales. Las condiciones para realizar la labor periodística eran difíciles y obsoletas. Nuestra única grabadora provenía de la era soviética. Dependíamos del aporte de otras personas para adquirir papel, bolígrafos, baterías, casetes y otros medios. Como transporte una bicicleta.

Todavía añoro mi máquina de escribir, marca Undergon, herencia de mi padre, que me fue arrebatada por la policía política en un registro efectuado en mi vivienda. Lugar donde realizaba mi trabajo periodístico.

Los métodos de trabajo del aparato represivo gubernamental eran intimidantes y agresivos. Haciéndolos extensivos a mi familia con represalias tales como: despido de empleos, prohibición de estudios superiores e incluso no permitir que participaran en actividades culturales y deportivas.

A mediados de 1996 aparecen mis primeros escritos en prensa plana, publicados en el diario El Nuevo Herald y la revista Carta de Cuba. Esta última me publicó un artículo sobre el cultivo del tabaco en Pinar del Rio donde hacía una valoración económica y social de esta actividad, provocando una reacción violenta por parte del régimen. Fui acusado del delito de desacato y atentado, sancionándome a un año y seis meses de privación de libertad.

Me llevaron a una celda especial en el área de mayor rigor de la prisión provincial Kilo 5 y medio de Pinar del Río, lugar donde ubican a los reclusos en solitario. En la mía me esperaba Carlos, un asesino paranoico con un alto grado de agresividad, sin medicación, por lo que se manifestaba aún más violentamente.

Seis meses viví en un stress creciente. Apenas me dormía, Carlos iniciaba sus gritos. Llegó incluso a agredirme físicamente.

Mi persistencia en enviar denuncias sobre las pésimas condiciones de vida y los maltratos físicos y psíquicos a los reclusos acrecentaron la animosidad de los carceleros. En varias ocasiones fui llevado a los calabozos (el hueco) donde como castigo adicional me reducían la alimentación y el agua.

Cumplí la sanción impuesta y fui liberado en abril de 1998. Muchas cosas habían cambiado. El periodismo independiente vivía una etapa de auge. Se habían multiplicado el número de quienes lo ejercían, agrupándose en incipientes agencias de prensa y disponiendo de más recursos en equipamiento y financiamiento, facilitando la labor periodística.

Empezaba para mí un periodo de intensa actividad afiliado a la Unión de Periodistas y Escritores Cubanos Independientes (UPECI). Publicaba mis artículos en CUBANET, Lux Info Press y otras agencias en el exterior. Continúe mi labor radial en emisoras del exilio y publicaba un boletín para el territorio nacional "El Pinareño". Simultáneamente estructuré una red de colaboradores en Pinar del Rio, La Habana y Matanzas lo que me facilitaba la información necesaria.

Aparecen otras formas represivas. Mi línea telefónica fue electrificada inutilizando mi equipo de fax. En altas horas de la noche "personas desconocidas" lanzaron botellas de cristal a la vivienda de mi madre y en la mía. La televisión oficial difundía reiteradamente injurias sobre mi persona, mi familia e involucrando a mi hijo menor, entonces con siete años de edad.

Nuevamente fui encarcelado. Ahora por seis meses. Acusado del "grave delito" de regalar juguetes a niños pobres en fecha de Reyes Magos.

En la segunda mitad del año 2006 reinicio mi labor periodística. Amigos del exterior me facilitaron un viejo ordenador de mesa, un teléfono móvil y otros medios necesarios para cubrir varios eventos informativos a la vez.

La represión aumentaba. Mi esposa fue separada de su trabajo como profesora. Mi hija, después de terminar estudios para operadora telefónica, con resultados satisfactorios, nunca recibió propuesta de empleo.

Centré mi actividad en denunciar las falencias del régimen, principalmente en el tema de la salud pública. Asesorado por un equipo de médicos y personal calificado. Documentamos denuncias sobre casos como la muerte de niños recién nacidos y de sus madres como consecuencia de tratamientos médicos inadecuados.

Denunciamos las pésimas condiciones hospitalarias y la falta de medicamentos y equipos esenciales. No olvido el caso de Miguel Antonio, un niño que necesitaba un trasplante de medula y ni siquiera tenía tratamiento médico adecuado, alimentos o una vivienda decorosa. Recuerdo a Sessia, niña parapléjica, con siete añitos. Sobre ella escribí "El príncipe y la mendiga". Ambos murieron poco tiempo después de ser encarcelado por tercera vez.

Para el régimen cubano ya a inicios del 2003 yo había acumulado suficientes "méritos" para ser considerado uno de sus principales enemigos en el ámbito nacional. El 18 de marzo del 2003, en horas de la noche, al regresar de La Habana, después de un intenso día de trabajo, fui detenido a escasos metros de mi vivienda.

En la madrugada del día 19 agentes fuertemente armados irrumpieron simultáneamente en los hogares de mi madre y el mío. Fue un registro de doce horas. Mi familia intimidada, humillada y torturada psicológicamente. Todos mis medios de trabajo y otras propiedades de mi familia fueron decomisados. Durante varias semanas agentes policiales se mantuvieron frente a mi vivienda. Con un único objetivo: atemorizarlos.

Vinieron días terribles. Interrogatorios, agresiones físicas, intimidaciones, chantajes y el encierro en celdas calurosas o muy frías. Transcurridos diecisiete días fui sometido a juicio junto a tres hermanos de causa. Simultáneamente 75 hombres inocentes fuimos sancionados en todo el país.

Mi condena fue de veintiséis años de privación de libertad y a ser confinado al extremo más oriental del país en la prisión provincial de mayor rigor de la provincia de Guantánamo.

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