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Viejos Incontinentes


Tras el rotundo fracaso de la apuesta por eliminar la Posición Común durante la Presidencia de España en la Unión Europea, la dictadura parece haberse embarcado en un nuevo rumbo.

El régimen castrista está desarrollando, a toda velocidad, una nueva ofensiva diplomática en el continente europeo. Tras el rotundo fracaso de la apuesta por eliminar la Posición Común durante la Presidencia de España en la Unión Europea, la dictadura parece haberse embarcado en un nuevo rumbo para sus trasiegos en el Viejo Continente, más allá de las alianzas tradicionales como la del gobierno del Partido Socialista Obrero Español.

El 6 de junio, el Viceministro cubano de Relaciones Exteriores, Dagoberto Rodríguez Barrera, dijo en París que “la normalización de las relaciones entre la Unión Europea y Cuba está en manos de Europa”, al inicio de una gira que lo llevó además a Grecia, Eslovenia y Austria. Barrera dijo en aquel entonces que no estaba previsto ningún desplazamiento por la parte cubana a Bruselas “en los próximos meses”. En un infinito derroche de frases y epítetos durante una conferencia de prensa, el vicecanciller castrista se mostró confiado y sin apuros sobre una futura “normalización de relaciones” entre ambas partes.

O bien la dictadura está perdiendo el sentido del tiempo, algo que no sorprende en lo absoluto, o bien funciona bajo un sentido de urgencia, algo que parece ser una constante en los últimos años. El 16 de junio, tan sólo 10 días después de las bravuconadas parisinas de Rodríguez Barrera, el director general para Europa de la cancillería cubana, Ernesto Sentí, viajó precisamente a Bruselas, donde se reunió con la Baronesa Catherine Ashton, Encargada de Relaciones Exteriores de la Unión Europea. En una parodia a la inversa de la famosa canción que nunca se dio, los meses de pronto se tornaron en días y las afirmaciones del vicecanciller en burda trova diplomática.

Tras el encuentro con Ashton, Sentí replicó la misma idea de su jefe al decir que "la bola está en territorio europeo para definir los próximos pasos a seguir", y de inmediato prosiguió viaje en una gira que lo llevó al Reino Unido, Irlanda, España y Alemania. Entre los dos funcionarios, cubrieron la friolera de 9 países (un tercio del total de la Unión Europea) en un espacio de 9 meses. Curiosa manera de mostrar aplomo.

Quizás uno de los ángulos más sorprendentes de estas escaramuzas diplomáticas ha sido la participación del Arzobispado de la Habana, que no dudó un instante en romper lanzas contra el parlamentario español del PP, Teófilo de Luis, quien durante un debate realizado en el Congreso de los Diputados afirmó que “el propio cardenal Ortega” le había expresado que a los presos cubanos liberados se les “forzó al destierro en España” y que el viaje del Cardenal Jaime Ortega a Bruselas para abogar por el fin de la Posición Común había sido por orden del gobierno cubano.

Ni corto ni perezoso, el 16 de junio, menos de 24 horas después de las declaraciones de Teófilo, el Arzobispado dio a conocer un comunicado donde calificaba de “absolutamente falso” lo expresado por Teófilo. Ese mismo día, el diario Granma mostró el mismo apuro al atacar también en menos de 24 horas al secretario de Estado de Asuntos Exteriores e Iberoamericanos del gobierno español, Juan Antonio Yáñez-Barnuevo, cuando afirmó ante el Parlamento Español que “persisten problemas de derechos humanos en Cuba”. El órgano oficial del Partido Comunista calificó las declaraciones de Barnuevo de “ridículas e injerencistas”, y lo acusó de “congraciarse con el imperio”.

Es bien significativo que el Arzobispado de La Habana no se haya contenido en prácticamente tildar de mentiroso a un diputado español sobre asuntos que sucedieron hace más de un mes, como la visita del Cardenal a Bruselas y el fin del proceso de excarcelación de presos, y no responda a las críticas de disidentes y activistas católicos, dentro y fuera de Cuba, sobre las declaraciones de Monseñor Carlos Manuel de Céspedes en el programa de TV “Con 2 que se Quieran”, que sucedieron hace unos días y hablaron de una “”relación normal” entre la Iglesia y el régimen.

Resulta muy difícil creer que todas estas inconveniencias (o quizás incontinencias) se hayan producido por mera casualidad, o son eventos aislados entre sí. Como colofón a todo esto, el 17 de junio, la agencia EFE dio a conocer un documento interno de la UE en el cual se revelaba que la intención de Ashton y su equipo es poder plantear ante los Ministros de Exteriores del Viejo Continente su propuesta de “normalizar” relaciones con Cuba en la reunión prevista para el mes de julio, justo antes del receso por vacaciones de verano..

La cronología es bien reveladora, y las coincidencias en tiempo y espacio son bien contundentes. Tal parece que la definición de normalidad está bien delimitada entre el régimen y la Iglesia, o el régimen y la Unión Europea. Con relación al pueblo cubano, la relación parece estar marcada por la segunda parte del adagio que da nombre al programa de Amaury Pérez Vidal. Sólo habla una parte, marcada por los años y la incontinencia, en algunos casos física y en otros verbal. Ninguna de las dos opciones parece estar favoreciendo los mejores intereses del pueblo cubano.

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