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Veinte Colores del Pasado


Algunos datos hábilmente escamoteados a la Historia de Cuba contada en las escuelas. Los colores suprimidos a un pasado que era conveniente olvidar.

Mi generación nació con una misma letanía como canción de cuna: vivíamos en el mejor país de todos los posibles. Nuestras piernas e intelectos comenzaron a crecer escuchando que el país que tuvieron mis abuelos, sin la sacrosanta Revolución de los humildes y para los humildes, fue dantescamente peor.

El país de antes que armaron en mi cerebro infantil nunca tuvo color. O mejor, sí lo tuvo: color de sangre. Fue un país bárbaro, con gobernantes asesinos y niños amoratados por el dolor.

En la Isla anterior a 1959 los cubanos no supieron de felicidad. No curaban sus enfermedades, no conocieron los orgasmos, ni las puestas de sol, ni el helado de chocolate. Nunca bailaron hasta el delirio, ni alzaron trofeos mundiales o títulos académicos.

Si la música cubana es patrimonio revolucionario, si el deporte jamás fue derecho del pueblo; si los médicos no curaban, y la vida nocturna no supo más que de crímenes y castigos; y si la única Historia de Cuba que existe es la que cuenta sus guerras y sus penurias, mi país debe su esencia y razón de ser a un proceso iniciado en enero de 1959.

Así me lo enseñaron. Yo, diligente pionero de 7 u 8 años de edad, así me lo aprendí.

Pero alguna vez aprendí también, por intuición o descuido, a sospechar de los pasados demasiado imperfectos. Los libros comenzaron su labor subversiva en mi interior. Así, por azar o por destino, descubrí datos hábilmente escamoteados a la Historia de Cuba que en la escuela me contaban. Los colores suprimidos a un pasado que era conveniente olvidar.

Aprendí, por ejemplo, que:

1. La primera nación de Iberoamérica y la tercera en el mundo, detrás de Inglaterra y Estados Unidos, que tuvo el milagro del ferrocarril fue Cuba, en 1837.

2. Además, el primer tranvía que recorrió las calles de Latinoamérica lo hizo en suelo habanero, en el 1900.

3. Cuba era, en 1958, el país iberoamericano con mayor número de automóviles. Por nuestras calles circulaban 160 mil, uno por cada 38 habitantes.

4. El primer médico latinoamericano en emplear el éter como anestésico, fue el cirujano Vicente Antonio de Castro, el 11 de Marzo de 1847. Acababa de iniciar con su método la era de la anestesia moderna para toda Iberoamérica, desde nuestro islote caribeño.

5. En el siglo XIX, el gran Carlos J. Finlay descubrió el agente transmisor de la fiebre amarilla que diezmaba a poblaciones, e indicó su prevención y tratamiento. De haber existido ya el Premio Nobel como lo conocemos hoy, este cubano lo habría ganado con diferencia.

6. En 1955, Cuba era el segundo país de Iberoamérica donde menos niños se morían al nacer. El índice de mortalidad era de 33.4 por cada mil nacidos. Para los recursos y estándares de la época, se trataba de una verdadera hazaña.

7. La ONU reconoció en 1957 a Cuba como el mejor país de Iberoamérica en cuanto número de médicos per cápita. Teníamos uno por cada 957 habitantes, cifra aplaudida por muchas naciones desarrolladas de aquel entonces.

8. En 1942, un cubano se convirtió en el primer director musical iberoamericano en recibir nominaciones a los Premios Oscar. Su nombre: Ernesto Lecuona. Junto con Kim Gannon fue nominado a la estatuilla por su canción “Always in my heart”, antes que ningún otro músico de habla hispana.

9. La primera mujer iberoamericana que cantó en la exquisita Scala de Milán, en 1946, fue la cubana Zoila Gálvez. Todavía su voz criolla resuena entre las paredes del magnífico salón.

10. Y en 1950 otro músico cubano marcó un récord mundial, no igualado ni siquiera por Elvis Presley ni los Beatles. Dámaso Pérez Prado, con su pieza "Patricia" estuvo 15 semanas consecutivas en el Hit Parade de los Estados Unidos.

11. El primer peso cubano se acuñó en 1915, y nació con un valor idéntico al del dólar. En muchas ocasiones hasta 1959, llegó a sobrepasar en un centavo el valor del dólar norteamericano.

12. A pesar de su pequeño tamaño, y de que sólo tenía 6 millones de habitantes, mi país ocupaba en 1958 la posición 29 entre las economías más fuertes del mundo. No he podido encontrar el dato en la actualidad. Creo que solo un estadístico enfermizo se tomaría el trabajo de precisarlo.

13. En 1940, los cubanos aprobaron la más avanzada de todas las Constituciones del mundo en su tiempo. Fue la primera en Iberoamérica en reconocer el voto a las mujeres, la igualdad de derechos entre sexos y razas, y el derecho de la mujer al trabajo.

14. En 1956 la ONU reconoció otra vez a Cuba, ahora como el segundo país de Iberoamérica con los más bajos índices de analfabetismo (sólo el 23.6%). En ese entonces, países como España, Venezuela, Brasil, Perú, Guatemala y República Dominicana poseían el 50%.

15. En 1954, Cuba contabilizaba una vaca por cada habitante. Ocupaba el tercer puesto en Iberoamérica (sólo superada por Argentina y Uruguay) en el consumo de carne per cápita.

16. En 1922 Cuba inauguró la emisora de radio PWX. Se convertía así en la segunda nación del mundo en hacerlo, y la primera nación del mundo en radiar un concierto de música y presentar un noticiero radial.

17. También la primera locutora del mundo fue una cubana: Esther Perea de la Torre.

18. Y si hablamos de Televisión, fuimos el segundo país del mundo que emitió formalmente televisión, en 1950. Las mayores estrellas de toda la América, que no gozaban en sus países de tal adelanto, vinieron a La Habana a actuar ante las cámaras cubanas.

19. El primer Campeón Olímpico que tuvo Latinoamérica fue un cubano: en 1900, el esgrimista Ramón Fonst.

20. Y el primer iberoamericano en ganar un campeonato mundial de ajedrez fue el cubano José Raúl Capablanca, a su vez el primer campeón mundial de ajedrez nacido en una nación sub-desarrollada. Este genio ganó todos los torneos mundiales entre 1921 y 1927.

Entonces, recontextualizando un poema del español León Felipe, digo que yo no sé muchas cosas, es verdad, digo tan sólo lo que he visto. Pero cuando aprendí a leer, a escuchar las voces de los ancianos; cuando aprendí a mirar debajo de las páginas en blanco, a dudar de la sonrisa de los poderosos, y pensar en mi Patria sin el gris que muchos le han colgado a su pasado, justo ese día comencé a desconfiar de los colores con que adornaban mi presente.

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