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Segurosos ridiculizados por sus víctimas


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Muchos opositores cubanos en momentos de verdadera represión no han podido evitar sonreír ante la insensatez de las fuerzas del orden.

Nadie escapa del ridículo, ni la Seguridad del Estado. Muchos opositores cubanos en momentos de verdadera represión no han podido evitar sonreír ante la insensatez de las fuerzas del orden.

Este martes un grupo de activistas terminaron un curso de periodismo, impartido en la Oficina de Intereses de los Estados Unidos en La Habana. A unas pocas cuadras del lugar un grupo de entusiastas ciudadanos, que prefieren ser llamados “brigadas de respuesta rápida,” los esperaban para ofender, empujar y provocar hasta iniciar una trifulca. Lo lograron. Pero cuál no sería la sorpresa de los activistas cuando tres carros patrulleros llegaron a la carrera y comenzaron a detener a todos… sin distinción ideológica.

La habanera Marina Montes, testigo de la escena, cuenta que dos o tres de los represores salieron corriendo, pero otros sacaron sus identificaciones para probar su condición de colaboradores de la Seguridad del Estado. Solo así salvaron el pellejo.

II

El imperialismo, la CIA y los mercenarios son los culpables más socorridos del gobierno cubano. A veces para cargar con la culpa solo se necesita marcar un número telefónico, como dice la periodista de martinoticias.com, Idolidia Darias.

Los activistas santaclareños Jorge Luis Artiles y Guillermo Fariñas estaban siendo llevados en un carro patrullero cuando el teléfono celular del primero sonó en su bolsillo. Este descuido de los oficiales permitió a Artiles denunciar en tiempo real a martinoticias su detención, pero tamaño atrevimiento debía ser corregido de inmediato, y no solo el policía en el asiento del acompañante se volteó a arrebatar el móvil, sino también el chofer.

De lo que sucedió después puede dar fe el mecánico del taller de patrullas.

III

De cómo un despliegue de poder puede convertirse en un acto de circo, cuenta el bloguero Luis Felipe Rojas. Sucedió durante preparativos para la Marcha “Orlando Zapata Tamayo” en Camagüey. Andaban por la terminal de ómnibus de Camagüey cuatro miembros del ejecutivo de la Alianza Democrática Oriental: Rolando Rodriguez, Yorley Duvalán, Yordi García y el propio Luis Felipe, todos ellos con menos de 1.45 metros de estatura.

En pocos minutos los rodearon más de 15 patrullas; fueron esposados a la espalda y despojados de todo lo que llevaban encima, especialmente de sus “armas de destrucción masiva”: un teléfono y una grabadora.

“Pusieron una guardia especializada, con carros, con perros y todo” - recuerda Rojas - y cuando nos llevaban para Operaciones, antes de bajarnos, nos dejaron ahí en dos patrullas y se empezó a nublar aquello de altos efectivos: tenientes coroneles, mayores…”

“Bueno, vino un coronel y se acercó bien al cristal y cuando nos miró, dijo: ¿Pero por esos cuatro chiquiticos fue que formaron todo esto?” Así de increíble era.

IV

En una de las ocasiones en que la Dama de Blanco Cary Caballero fue detenida en la unidad policial de San Germán, el oficial encargado de la carpeta fue dejado responsable del teléfono celular de la activista. ¿Y quién mejor para responder por el estado de la detenida que los agentes de la policía? Al menos esa fue la idea de un amigo que publicó en su cuenta de Twitter el número de teléfono de Cary. Las llamadas no se hicieron esperar.

No importaba que del otro lado de la línea estuviera la prensa extranjera o un pariente de la detenida, el policía estaba hasta el último pelo. “¡Esa mujer no está aquí, yo lo único que tengo es el teléfono!,” y con ese grito dejó zanjado el asunto.

V

A veces la ocurrencia más descabellada ha salvado a un opositor de pasar la noche tras las rejas. Raumel Vinajera no lo pensó dos veces antes de desnudarse para evitar ser llevado preso.

En víspera de la visita del papa Benedicto XVI a Cuba, muchos opositores fueron detenidos para evitar cualquier manifestación que afectara la calma revolucionaria. Con ese propósito una brigada antimotín visitó a Vinajera en su hogar: llegaron con armas largas, tonfas, perros. El opositor se negó a salir a su encuentro.

“Cuando se decidieron a entrar en la casa yo cogí y me quite toda la ropa y me quedé desnudo, en cuero, y les dije: bueno van a tener que llevarme así mismo,” narra Vinajera.

“Me abracaron toda aquella cantidad de hombres que medían casi 6 pies cada uno y le quitaron los bozales a los perros para echarme miedo. Por todo el barrio me llevaban desnudo a rastro y el barrio se tiró para la calle diciéndoles: abusadores.”

De repente, el jefe del operativo recibió una llamada con la orden de dejar a Vinajera en libertad. Nunca se sabrá si fue su desnudez la clave para frenar la detención, pero nunca más se puso en duda su ingenio y osadía. Y a aquellos que lo embroman con comparaciones entre su estatura y su virilidad, Vinajera les responde entre risas: “Compay, fueron los nervios.”

Raumel Vinajera y Luis Felipe Rojas cuentan sus historias en el programa 1800 Online
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