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Terminó el receso escolar y el parque de diversiones sigue como antes


Reporta Cuba. Niños en el parque Masó de Manzanillo, en julio.

El parque Masó de Manzanillo tiene un pequeño zoológico con jaulas de hierro oxidadas, un león, un cocodrilo, patos, flamencos y cuatro sucios monitos.

Tania de la Torre Montesino, de la Red Cubana de Comunicadores, nos ofrece una panorámica del parque infantil de Manzanillo.

Situado en la Avenida 1ro. de Mayo, en Manzanillo, provincia Granma se encuentra el único parque de diversiones de la localidad, conocido como Bartolomé Masó Márquez. Rodeado por un alto muro, con una cerca a su alrededor, un cartel grande anuncia el parque Masó y el precio de las entradas, niños a 50 centavos y un peso (cup) los adultos, o sea en lo que dan por llamar moneda nacional.

Ya dentro lo recibe una escultura de yeso, de un cocodrilo con una enorme boca abierta, que da la impresión que está vivo y en posición de ataque. En el ala izquierda se encuentra un mini-zoológico con jaulas de hierro oxidadas, un león que duerme sin enterarse que ojos infantiles lo observan, un cocodrilo sin agua en su poceta, patos y flamencos también afectados por la falta de agua en sus charcas y cuatro sucios monitos comiendo calabaza madura por falta de plátano fruta, maní o melón.

Al final de este dramático zoológico, dos carpas sucias –por falta de pintura– apoyadas en dos pulpos de yeso –con sus ocho tentáculos– donde se sostenían peceras de cristal, que contenían pececitos de diferentes colores, quedando el despojo de lo que un día fue algo muy divertido para los niños.

En el ala derecha diferentes equipos de diversión, pero tan pocos, que no alcanzan para el disfrute de los pequeños. Una estrella que en ocasiones no funciona por no haber mecánicos y escasos columpios, cachumbambé y canales.

La falta de pintura y de higiene se observa en dos kioscos de las esquinas del parque donde –a veces– ofertan helado; un pequeño malecón atraviesa al final del parque, donde muchos mitigan el intenso calor al recibir las brisas del Golfo del Guacanayabo.

Los manzanilleros esperaban que el parque no fuera remodelado en tiempo de vacaciones de los niños, para que por lo menos pudieran disfrutar de los escasos equipos que aún funcionan. Sus expectativas se hicieron realidad, se acabó el receso escolar y la instalación sigue con las mismas deficiencias que años atrás.

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