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En unas semanas se cumplen años de la muerte del escritor Julio Cortázar.

En unas semanas se cumplen años de la muerte del escritor Julio Cortázar en 1984. Y vale la pena hablar de su grito de libertad humana, plasmado de forma magistral en su obra ‘Rayuela’, “porque estar vivo parece siempre el precio de algo”

Tal vez uno de los esfuerzos literarios más válidos y rebeldes del siglo XX, haya salido de la pluma del argentino Julio Cortázar al escribir esta apasionante novela, que tituló “Rayuela”.

Por eso esta viñeta periodística sólo intenta compartir con el amigo lector uno de esos momentos cumbres de la literatura contemporánea, que por novedoso, contestatario e irrespetuoso con los moldes convencionales, se convirtió en una expresión que liberó al modernismo de algunas de sus ataduras represivas y esquizofrénicas más dolorosas.

Y debemos decir, con la esperanza de no ofender a ninguno de sus compatriotas, que Cortázar fue algo más que argentino, porque quiso andar sin cortapisas por la tierra de todos.

De ahí la universalidad merecida. Su tierra fue simplemente un buen punto de partida. “Rayuela” fue escrita en 1963 y la crítica generalizada de la época la coloca como una obra maestra de la novelística latinoamericana de nuestros tiempos.

Si se revisa al Cortázar más joven o anterior, podemos encontrar antecedentes precisos de “Rayuela”, que muchos críticos han catalogado acertadamente como la anti-novela por excelencia.

Y no es que Cortázar intente oponerse a la novela tradicional, sino que fue capaz de lanzar ese grito libertario en giros inesperados y en un medio opresor o alienante, como el del Siglo XX.

Toda su obra previa, fue un bosquejo determinado, consciente y hasta un poco misterioso por revelar símbolos angustiosos que terminan siendo liberalizantes en el fuego nostálgico de un simple cigarrillo.

¿Y cuáles son esos símbolos ineludibles en la obra de Cortázar? Pues simplemente comienzan con la rayuela, ese saltarín y excitante juego infantil que circunscribe en ilusiones numéricas un espacio rectangular pequeño.

Y continúan con los ríos y sus puentes, ese marco de enlaces, lleno de cauces míticos, de comunicación inagotable y de contrastes entre la ternura del agua purificadora que fluye incansable y la dureza del concreto que resiste sin quejas conocidas el pase del tiempo.

También el laberinto, ese permanente conflicto instintivo de cada ser humano por encontrar sin mucho éxito los reflejos verdaderos de la vida y el ojo maltrecho de la carpa del circo.

Otro símbolos de importancia en “Rayuela” lo sentimos con rara ternura en la mano envejecida del viejo cuya locura consiste en acariciar la paloma, en un trasfondo de muertos que agonizan y resucitan en paz; el de la guitarra, que a pesar de su musicalidad femenina, permanece inaccesible; y la tercera mano, que es un esfuerzo nocturno desesperado en busca de la verdad y la alegría.

Por otra parte “Rayuela” rompe con los cánones estructurales de la novela tradicional. Abandona con premeditación y alevosía esa estructura lineal narrativa para convertirse en una expresión literaria, que más que contar lo que ocurre, tienta caminos de interiorización.

La verdadera vida real, y valga la redundancia, está llena de saltos, lágrimas, miradas atrás, retrocesos, sustos, sueños, pecados misticismos y locuras.

En “Rayuela” esa libertad se abre como una herida sangrante y lo explica todo. Y es una libertad que reclama y exige.

Por otra parte “Rayuela” se puede leer de atrás para alante o de alante para la inversa, como si estuviese encarnando ese drama peculiar y oscuro del ser humano de un siglo XX doloroso, que terminó destrozado y aniquilado en todos sus costados, lo mismo en Auschwitz (Alemania), en Siberia (Unión Soviética) que en los fosos de La Cabaña (Cuba), por solo citar tres momentos. Hay algunos más.

En el alma de los personajes con múltiples nombres en “Rayuela” esta la fórmula mágica para comprender e identificar la fuerza íntima de esta gran novela.

Lo demás es cuestión de que “estar vivo parece siempre el precio de algo y que toda locura es un sueño que se fija”.

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