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Exposición moscovita sobre los trabajos hercúleos de Putin


Hércules/Putin

Una exposición abrió sus puertas en Moscú este martes para conmemorar el 62 cumpleaños del presidente Vladimir Putin, mostrando sus hazañas.

El presidente ruso Vladimir Putin festejó el martes su 62º cumpleaños en la taiga siberiana, lejos de los festejos, de los saludos y de las manifestaciones de adoración en su honor. Pero en Moscú, Grozny, la capital chechena, o en las redes sociales se multiplican los festejos y saludos por el cumpleaños del presidente.

En Moscú, la exposición de Putin/Hércules multiplica las referencias a la actualidad internacional. En uno de los doce trabajos, Hércules/Putin defiende a Siria con la ballesta de los ataques de aviones estadounidenses, en otra captura a Cerbero, el perro de tres cabezas, símbolo de Estados Unidos.

Las autoridades de Chechenia organizaron un acto público, al cual concurrieron 100.000 personas, en internet circulan videos de niños cantando en su honor y una exposición lo muestra en Hércules realizando los doce trabajos.

Es la primera vez que Putin se retira a descansar el día de su cumpleaños, dijo su portavoz, Dmitri Peskov, que indicó que no se encontraba ni en el Kremlin ni en la residencia de verano en Sochi, a orillas del Mar Negro. Putin se encuentra en la taiga siberiana, a "300 o 400 km de la aldea más cercana", agregó Peskov que se negó a precisar si había ido a cazar o pescar, dos de sus pasatiempos preferidos. "Está descansando", respondió lacónicamente Peskov.

Hasta el momento, el Kremlin no difundió fotos ni imágenes del "reposo" presidencial.

No es algo nuevo y en el pasado Putin negó que se tratara de un nuevo culto de la personalidad, digno de la época soviética. Sin embargo, la crisis de Ucrania y la anexión de Crimea en marzo pasado, dieron un nuevo y espectacular impulso a la popularidad del presidente y a los mensajes de apoyo y "amor". "Esta forma suave y posmoderna del culto de la personalidad dura desde hace diez años", explica Serguei Medvedev, de la Alta Escuela de Economía de Moscú. "Es un culto que viene de abajo y que la cúspide no impide", dice Medvedev, que señala un regreso a los "arquetipos soviéticos" y un "fenómeno de psicosis colectiva".

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