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Obra de Teatro Infantil con Animales Salvajes


Un espectáculo en el Teatro Mella subirá a escena a niños y cachorros de león, una cebra, un dromedario, aves exóticas y una boa de cuatro metros de largo.

En otro capítulo de lo que es ya una tendencia al surrealismo en la vida cotidiana, la Agencia de Información Nacional ha anunciado a bombo y platillo la puesta en escena los días 4 y 5 de diciembre, en la sala Mella de La Habana, de la primera obra de teatro infantil con animales salvajes. El insólito espectáculo, con el rimbombante título de Exploradores de la Esperanza, incluirá la presencia en las tablas de “cachorros de león, cebra, dromedario, aves exóticas” y ¡sorpréndanse! hasta una boa de cuatro metros de largo, controlados por especialistas del Jardín Zoológico Nacional.

Para ser justos, en cierto sentido la obra que refleja en sí todo el espectro de la realidad cubana, tal vez más allá de la propia intención de quién o quiénes la hayan concebido. El propio cuento de la mal llamada Revolución es esencialmente eso, una mala historia de teatro infantil para engañar a unos niños y asustar a otros, con el uso premeditado de animales salvajes y domadores que los controlan a su antojo.

Ése es el cuento de las reformas, con toda una estrategia anunciándolas poco a poco, para mantener un flujo de noticias en la opinión pública mundial, y generar la impresión de un proceso en marcha. Todo el que conoce la estructura de poder en Cuba sabe que estos pasos hace rato están aprobados, y lo único que está sucediendo es que se dan a conocer a cuentagotas, para crear una especie de “suspenso”.

Es la misma situación que se aprecia con el tema de las cooperativas, algo intentado desde hace años de diferentes formas y maneras. Lo que se está haciendo en este caso es reformar unas reformas supuestamente ya reformadas, en un eterno ciclo de medidas que se suceden unas a otras de forma infinita sin llegar a resultados concretos. La forma como manera de encubrir la falta de sustancia

En esa misma línea se inscriben las declaraciones del Ministerio del Trabajo de que el empleo privado “nunca será la opción principal” en Cuba. Lo que está haciendo el régimen no es nada nuevo, estas formas de trabajo cuentapropistas coexistieron con el estatismo en Hungría, Checoslovaquia, Polonia y otros países de Europa del Este, sin que afectaran de ninguna manera la estructura dictatorial del sistema.

La jugada va contra el tiempo, la idea es hacer retroceder al país a formas anteriores del comunismo, anteriormente proscritas en Cuba, para hacer retroceder la dinámica política dentro del país en unos 30 ó 40 años. No puede haber transición moviéndose al pasado, en este caso lo que hay es retroceso al futuro, a la eterna promesa de un comunismo “afable”.

El juego de la “espera complaciente” tiene por otra parte un componente muy peligroso, puesto que acentúa de manera sutil el llamado Síndrome de Indefensión Aprendida, uno de los principales pilares de apoyo del régimen para someter a la población cubana. Esta visión pretende que los cambios sólo pueden producirse desde la cúpula hacia abajo, y elimina la idea de que el pueblo pueda producir las transformaciones por sí mismo, al estilo de la Primavera Árabe, o Europa del Este.

El mismo patrón se observa en la “flexibilización” de las categorías de los provincianos que pueden vivir en La Habana. El lenguaje del decreto oficial lo dice bien claro: “se mantienen las causas y condiciones que en su día motivaron la adopción del decreto (77)” y lo único que se hace ahora es “exceptuar a determinadas personas”.

En el último de estos capítulos, se acaba de anunciar la futura eliminación de la empresa estatal de Correos. Lo que se ve aquí, al igual que en los casos de la eliminación del Ministerio del Azúcar, etc, es la creación de “cotos” de poder económico para ser adjudicados a diferentes miembros de la nomenclatura, de acuerdo a su proximidad a La Familia.

Se trata en la práctica de una versión ampliada de la famosa escena del filme El Padrino, que por cierto fue real, donde en la terraza del Hotel Capri, Fulgencio Batista, junto a Meyer Lansky y otros mafiosos, cortaron un cake con la forma de la Isla de Cuba simbolizando el reparto de las áreas de influencia. Los Partidomafiosos de hoy, agrupados en torno a la familia Castro, están cocinando el pastel para irlo repartiendo, incluso antes de que salga del horno.

El pueblo está fuera de esta ecuación, se les reserva el papel de los niños en la obra de teatro de la Sala Mella. Pueden interactuar con los animales, pero bajo la atenta mirada y el control de los actores, y los entrenadores del Zoológico Nacional. Las fieras están ahí, y los domadores también, para recordar quién dirige la puesta en escena. La única forma de explorar la esperanza y romper este esquema es empoderando a la población, y así reorientar el sentido y flujo de los cambios, desde la base hacia la cúpula.

Hay que dejar de ser niños, para asumir seria y efectivamente el rol de protagonistas. Esa sería la verdadera revolución, contrario al cuento para niños que propone la dictadura.

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