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¿Por qué se vota el martes?


Funcionario del Departamento de Elecciones en Miami-Dade ubica las máquinas de votación en Miami, Florida (EE UU).

El primer martes de noviembre, después del primer lunes, los estadounidenses acuden a las urnas para elegir al presidente, cada cuatro años.

Como cada cuatro años, las elecciones presidenciales estadounidenses se celebran un martes, el primero del mes de noviembre y según un calendario que existe desde hace 167 años, a pesar de que las condiciones de vida y la forma de pensar del país han cambiado de forma considerable.

La razón de elegir el mes de noviembre es que Estados Unidos, en aquella época, era un país agrario y su vida política y económica estaba dominada por los ciclos naturales de los cultivos y las cosechas: el Congreso tan solo funcionaba en los meses de invierno, desde diciembre hasta marzo, cuando el frío obligaba a una pausa en las tareas agrícolas.

Los ciudadanos decidieron fijar las elecciones con antelación suficiente para que se pudieran contar los votos antes de la etapa legislativa, y en 1792, cinco años después de firmar la Constitución de Estados Unidos, se aprobó una ley para que las elecciones presidenciales se celebraran en noviembre, lo que daba tiempo suficiente para contar los resultados antes de las sesiones del Congreso.

Más tarde, en 1845, otra ley fijó el primer martes de noviembre, y la razón para elegir un martes tomaba en consideración otra característica del país, que además de ser una sociedad agrícola, era también profundamente religioso.

En aquella época, la gente a veces necesitaba mucho tiempo para desplazarse hasta el lugar de la votación y todos querían tener tiempo libre el domingo para asistir a los servicios religiosos.

El domingo no era así un día aconsejable para votar, pues podrían hallarse lejos de sus casas, ni tampoco era apropiado para viajar, pues debían atender sus obligaciones religiosas. El lunes, en cambio, podía dedicarse al transporte y el martes a la votación.

Pero también allí hubo una salvedad por motivos religiosos: este martes no podía ser el día uno de noviembre, pues había ya suficiente número de católicos en el país y para ellos ese era un día de precepto, la festividad de Todos los Santos. Se estableció así, en 1845, que las elecciones se celebrarían el primer martes de noviembre que siguiera al primer lunes, de forma que si el primer martes cae en día uno, la votación será el día 8.

Más adelante hubo otros cambios que llevaron al sistema actual: en 1872, se añadió la elección de los miembros de la Cámara de Representantes para el mismo día que las presidenciales.

En 1913 hubo otro cambio importante porque, hasta entonces, a los dos senadores que representan a cada estado en el Senado de Washington no los elegía la población directamente, sino los miembros de cada una de las legislaturas estatales, pues cada uno de los estados tiene su propio congreso, pero en ese año se decidió hacerlo por voto popular directo.

Y esta es la fórmula que ha perdurado hasta hoy, en que los estadounidenses eligen el mismo día a su presidente, a los miembros de la totalidad de la Cámara de Representantes, a un tercio del Senado, además de los gobiernos de cada uno de los estados, es decir, los gobernadores y las legislaturas locales.

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