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Tuvo que ser asesinado el cantautor pacifista argentino para enterarnos –sin gran estupor- de que en Guatemala a diario se cometen un promedio de 15 homicidios, según reconocen las autoridades del país centroamericano.

El asesinato de Facundo Cabral bien pudiera leerse como el último mensaje que el artista dejara a su público: si no se redoblan esfuerzos, voluntades, si no se cambian estrategias, la expansión del crimen organizado puede llegar a ser –si no lo es ya- incontenible.

Tuvo que ser asesinado el cantautor pacifista argentino para enterarnos –sin gran estupor- de que en Guatemala a diario se cometen un promedio de 15 homicidios, según reconocen las autoridades del país centroamericano. Crímenes que en más de un 95 por ciento de los casos quedan en la más desafiante impunidad. Al parecer, tenía que tratarse de una figura internacional y querida para que la justicia encontrara a las 72 horas a una buena parte de los culpables.

Aunque la capital guatemalteca no es la ciudad donde más personas mueren asesinadas en la región, sí se encuentra entre las diez con mayor índice de homicidios por habitante, como indican diferentes estudios, ubicándose en el séptimo puesto por debajo de Caracas y Tegucigalpa, pero superando a Cali y Medellín.

Un informe de la ONG mexicana Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Social de 2011 asegura que por tercer año consecutivo Ciudad Juárez figura como la ciudad más peligrosa ya no del hemisferio, sino del mundo.

Según el corresponsal de Reuters en Ciudad de México, Manuel M. Cascante, Ciudad Juárez “es el punto más rojo del planeta con 229 asesinatos por cada 100 000 habitantes, muy superior a las cifras de las 49 ciudades más violentas del mundo, incluyendo Kandahar (Afganistán), con 170 homicidios…”

Lo que comenzó siendo sólo escenario de crímenes selectivos de mujeres indefensas, desde finales del siglo pasado, ha devenido en el campo de batalla de los carteles de la droga que con rifles de asalto y otras armas de fuego de mayor sofisticación se acribillan en las calles de esa ciudad fronteriza con Estados Unidos.

La periodista española Judith Torrea especializada en narcotráfico y crimen organizado vive en ella desde hace 14 años y en su blog “En la Sombra del Narcotráfico” se pueden leer comentarios tan inquietantes como este:

“Cuatro personas fueron asesinadas esta noche. Mañana habrá más… Como si vivir muriendo fuera normal: en un paisaje de secuestros, extorsiones, robos de carros con violencia. Y balas. Balas que matan el presente y el futuro. Bajo las metralletas de las fuerzas de la (in)seguridad”.

Ciudad Juárez y Monterrey se cuentan entre las ciudades más afectadas por la violencia que azota a México y que se ha cobrado más de 37.000 muertos desde diciembre de 2006 cuando el gobierno de Felipe Calderón inició una ofensiva contra los carteles de las drogas con el despliegue de 50.000 militares. Pero no son las únicas. El ya citado informe de la ONG mexicana destaca que “casi una cuarta parte de las ciudades más peligrosas del mundo son mexicanas. Por lo menos doce de las 50 urbes más violentas están en México”.

Por otra parte, informes de la revista Foreign Policy revelan que no es Ciudad Juárez sino Caracas la ciudad donde se producen la mayor cantidad de homicidios por habitante en el mundo. También sostiene que la mayor parte de la violencia proviene de las pandillas y guerras que ocasiona el tráfico de drogas. Y aunque la ciudad desde hace muchos años ha estado entre las más peligrosas del planeta, la publicación precisa que la tasa de asesinatos aumentó en más de un 60 por ciento desde que Hugo Chávez asumió la presidencia de Venezuela en 1998.

Un estudio del Banco Mundial preparado por la experta en Desarrollo Social, Mayra Buvinic, resume que América Latina es la región donde mayor cantidad de homicidios se cometen en todo el mundo. Y los factores a los que se atribuye la responsabilidad de tan demeritoria distinción son aquellos que “operan a nivel macro de la sociedad, incluyendo la alta proporción de jóvenes en la población –el grupo de edad más dispuesto a ser agresor y víctima a la vez-, el aumento en la desigualdad, que está altamente correlacionada con la violencia; el notable crecimiento de los mercados de drogas y armas asociados con la globalización y el crimen organizado… “

Dicen que el amazonas es la zona fluvial de mayor depredación del planeta. Allí todo es matar o morir. Pero hasta las pirañas que en pocos minutos reducen a huesos cualquier cuerpo humano o animal con el que tropiecen en sus aguas, lo hacen para comer (como todos los animales sin excepción), no para matar por matar.

Los depredadores de Ciudad Juárez, de Caracas, de Tegucigalpa y los de Ciudad de Guatemala que segaron la vida de Facundo, no lo hicieron para comer, como sabemos, y esa es una diferencia preocupante.

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