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La paranoica guerra de todo el pueblo


En realidad tanto el día de la defensa, como esas maniobras militares con las Brigadas de Producción y Defensa, son unos grandes e inmensos globos, porque los participantes son mujeres y hombres que muchas veces se les adviertes dificultades al correr y están muy lejos de ser émulos de Rambo.

No jugar lo suficiente a los soldaditos en su etapa infantil, mas una inconfesable y secreta admiración hacia las películas bélicas del carismático John Wayne provocó una delirante atracción a la guerra en el supremo líder del régimen castrista, quien transmitió su paranoia a todo el país bajo su concepto de la famosa “guerra de todo el pueblo”.

Tal vez frustrado por ser el comandante en jefe de una pequeña revuelta guerrillera, sin grandes combates, ni finas estrategias, decepcionado de sus fracasos en inflamar a la democracia mundial con levantamientos armados de corte marxista o quizás comprendió que sus ideas delirantes encontraban respaldo en su finca-país-experimental, lo cierto es que enfocó sus esfuerzos hacia esa nueva idea fija de aplicar la defensa "con todos los hierros" al país.

Claro, todo eso fue después que envió a miles de jóvenes cubanos hipnotizados bajo el sopor del internacionalismo proletario, una suerte de patente de corso que utilizó para meterse en los conflictos armados de Angola, Etiopia, Congo, Zaire, Guinea Bissau, Republica Árabe Sarahui Democrática, Yemen, Siria, que nada tenían que ver con la soberanía cubana y mucho menos con las posibilidades económicas del país.

Vale decir que para esas guerras africanas la gran mayoría de los combatientes fueron negros cubanos, puestos en primera fila como un compuesto aguerrido e importante de esas tropas, posición que se transforma en la última de las últimas plazas dentro del ordenamiento social del país. No son importantes.

Esa inequidad social hacia los negros dentro del entretejido de la sociedad y su importancia en ser usados como material desechable arroja una sencilla moraleja: “Los negros sirven para poner el pecho a las balas, pero no son iguales”. Simpática ecuación, ¿verdad?

Luego de la Crisis de Octubre de 1962, donde el comandante máximo no pudo jugar a los cohetes atómicos como quería con todas sus fuerzas, al pedirle a Nikita Jruschov que lanzara el primer golpe nuclear, según las memorias del líder soviético, la isla quedó firmemente armada.

De acuerdo al anuario militar internacional Jane’s, en el periodo que corresponde a toda la década de los 70 y buena parte de los 80, Cuba se convierte en la segunda potencia militar de América, solo superada por Estados Unidos, con 24 grupos coheteriles antiaéreos, 144 rampas de lanzamiento con su aseguramiento defensivo, dos regimientos de aviación con cerca de 80 cazas MIG-21 y helicópteros MI-4, varios regimientos mecanizados, suficientes lanchas coheteras. Con alrededor de 150000 hombres en servicio permanente, tres submarinos FoxTrot, fragatas antisubmarinas KONI, 1500 tanques T-54,55 y 62 y unos 240 aviones de combate Mig 17, 19, 21 y 23, sin contar otros armamentos electrónicos.

¿Y las condiciones de vida de la población mejoraron a la par de este rearme feroz?, podría preguntar un alma ingenua. Solo es bueno decir que precisamente en ese tiempo se gestó la estampida de cubanos por el Mariel. No hay que decir más.

Pero nos vamos del tema “alemanísticamente” y olvidamos el meollo del asunto, la nueva idea delirante del líder de todos los líderes castristas: Defender a Cuba del malvado imperio yanqui, el cual según sus advertencias, siempre estaba con la cuarta flota frente al malecón.

Así que después de recordar con cierta tristeza como el “Duke” Wayne mataba japoneses como si fueran moscas al frente de sus rudos marines, tuvo que conformarse con lo que tenía para crear las Brigadas de Producción y Defensa, encargada de la producción y prestación de servicios, las cuales integraban alrededor de 3 millones de personas y serían parte de su tropa combativa.

Todos ellos- milicianos y miembros de las brigadas- dirigidos por los 14 Consejos de defensa provinciales, 169 municipales y más de 1400 consejos de defensa de zona, demuestran en el día nacional de la defensa, el 29 de noviembre, sus habilidades combativas.

¿Habilidades? En realidad tanto el día de la defensa, como esas maniobras militares con las Brigadas de Producción y Defensa, son unos grandes e inmensos globos, porque los participantes son mujeres y hombres que muchas veces se les adviertes dificultades al correr y están muy lejos de ser émulos de Rambo.

Cargados con viejas caretas antigás de la segunda guerra mundial, fusiles AK de cuarta generación, otros que llevan fusiles tan viejos como sus portadores, sin tener el más mínimo conocimiento de lo que es una guerra moderna, esos milicianos y miembros de las brigadas corren entre bombas de humo y balas de salva los días de la defensa para cumplir los alucinantes planes y disparatados programas militares trazados para ellos.

La preocupación esquizoide de que los Estados Unidos invada a la isla llevó al emulo de John Wayne a diseñar un plan para que la población con armas viejas sea exterminada por un ejército regular y moderno. De esta manera así cumplirá sus predicciones catastróficas y suicidas de inmolar a Cuba como pretendió en 1962 con los cohetes nucleares.

En realidad la invasión a Cuba llegó ya hace mucho, gracias a la ineficacia económica del régimen y su sistema totalitario, que divide familias y restringe derechos elementales de los seres humanos como la libre expresión y movilidad de los ciudadanos.

Una invasión estimulada por la misma ideología, que ya muy pocos creen de veras, y la cual justifica el mantenimiento del poder en las mismas personas privilegiadas, quienes iluminados por las ideas absolutas de un jefe supremo, dominan la vida de los cubanos desde hace mas de 50 años. Esa invasión se llama desesperanza, agotamiento y escepticismo. Contra esas no hay defensas.

La azarosa vida no le permitió al máximo de todos los máximos decir ante las ciudades derrumbadas de Estados Unidos en la guerra contra la URSS – quien dice que no lo pensó así- aquella memorable frase de su ídolo inconfeso John Wayne en “The Green Berets”(las boinas verdes).

“Nosotros no empezamos esto, pero vamos a terminarlo”, mientras sueña que dispara en un tanque a los edificios de Wall Street.

Sin embargo el destino le jugó una mala pasada y no podrá, al frente de sus tropas, como Napoleón, Atila, Aníbal, Carlo Magno, Gengis Khan, Escipión el africano, terminar sus alucinaciones de guerra, sus sueños de grandeza militar, de dirigir grandes batallas por una enfermedad poco grandiosa.

El Profeta del socialismo castrista quedó atrapado por la emboscada de unos intestinos rebeldes debilitados ideológicamente sin lugar a dudas por una diverticulitis infiltrada por la CIA. Es doloroso para un duro de la guerra que no pueda defenderse de sus propios intestinos. Eso se llama justicia poética.

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