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La isla multiplicada


Luego de un gigantesco trabajo de recolección, selección y cotejo, Odette Alonso Yodú, nos ofrece en él, al decir de la propia editorial, la más completa muestra de la lírica cubana del exilio que se haya compilado hasta el momento.

Apenas supe de su aparición, y eso ocurre en estos días con la celeridad de los mensajes urgentes, telefoneé a Odette a México, donde vive desde los años 90, y le pregunté algunos detalles sobre el libro.

El escritor y periodista Ladislao Aguado (España), había apuntado en su blog que esta es, tal vez, una de las compilaciones más necesarias de la poesía cubana, pues recoge a aquellos poetas que escriben fuera de la isla. Por tanto, apartados de sus lectores naturales y de las entidades culturales, privadas o de gobierno, que usualmente se ocupan de patrocinar las culturas nacionales.

Desde el blog El fogonero me llegó lo que dijo el poeta y periodista, Camilo Venegas (República Dominicana), quien señaló que Odette pretendía abarcar la poesía de adentro y de afuera, pero que la idea de que la antología se centrara en los poetas que actualmente viven en el exilio fue de Amir Valle (Alemania), quien colaboró con el proyecto en algún momento. Explica Camilo que otra cómplice indispensable fue Margarita García Alonso (Francia), quien acabó aportando la ilustración de la portada y el aliento de su magia.

Con su risa expansiva que percibí a través del teléfono, y su cordialidad chispeante, Odette me respondió desde la inteligencia que la puebla. Me envió el prólogo que, a manera de presentación del libro, había escrito desde la meditación y el sosiego.

Luego de leer el texto de Odette, comprendí que por muy agudas que hubieran sido mis preguntas nunca arrancarían las respuestas que tuvo que darse y dar a puntos neurálgicos de la historia, la poesía y la sensibilidad individual. La nostalgia y el recuerdo, la identidad fracturada, la morriña por las pérdidas, el deslumbramiento por los hallazgos del viajero que, en ocasiones no encuentra a quién contarlos, la incesante pesquisa tras la pista de otro concepto de patria, de nacionalidad, de símbolos vapuleados, son, entre otros, los asuntos que palpitan en la antología, según descubro en el preámbulo escrito por Odette.

Preguntas y respuestas van revueltas. Los invito a que agucen los sentidos y se adentren, sin miedos y sin rencores, en el tropeloso mundo de la poética exiliada que nos propone Odette Alonso. Aquí los dejo con:

Las cuatro puntas del pañuelo

En la isla de Cuba, las dicotomías exilio/poesía, destierro/patria, lejanía/nostalgia no son una novedad, sino un maridaje que asentó su huella en la literatura nacional desde su texto iniciático, el poema épico Espejo de paciencia, escrito en 1608 por el canario Silvestre de Balboa, hombre llegado de otras tierras que describe los hechos y el paisaje con ojos de emigrante; los mismos ojos con que los cubanos emigrados han mirado, durante los siglos posteriores, las tierras que los acogieran en una sucesión de exilios sin fin.

Porque Cuba ha sido siempre un país de desterrados. Nuestra poética del exilio se sustenta sobre el triángulo fundacional constituido por José María Heredia, Gertrudis Gómez de Avellaneda y José Martí. Nada más y nada menos. Desde ese primer gran ciclo migratorio1 ya era apreciable su característica diaspórica. Junto a poetas cimeros como Heredia y la Avellaneda, Zenea y Martí, el exilio acogió, en distintas épocas y condiciones, al presbítero Félix Varela y a su discípulo José Antonio Saco, al promotor literario Domingo del Monte y al narrador Cirilo Villaverde, al crítico Enrique Piñeyro y a los poetas Juana Borrero, Miguel Teurbe Tolón y Pedro Santacilia, entre otros. Y aquel exilio decimonónico, como el actual, estuvo disperso en varios puntos de la geografía europea y americana aunque no fuera hasta los años sesenta del siglo pasado cuando Calvert Casey, también emigrado, acuñara definitivamente el término nuestra diáspora (Cabrera Infante, 1993: 375).

Iván de la Nuez ha dicho: "Escribo diáspora y me veo obligado a admitir, asimismo, que abordo una tragedia. La cultura cubana ha conocido el estallido de una bomba de tiempo. Se ha astillado en múltiples fragmentos, impensadas aristas, que nos colocan en esa multiplicidad precaria pero fértil que Antonio Vera León ha identificado como una Cuba cubista" (1999: 125). Esta dispersión, que Lourdes Gil considera como "una nueva multidimensionalidad de la cultura cubana", (1994:209) es una de las constantes más notables de la actual poética nacional.

Nuestra diáspora tiene la característica, hasta ahora inusitada, de estar dividida en, cuando menos, dos grandes grupos: el exilio tradicional o histórico, integrado por quienes salieron de la isla por razones eminentemente políticas desde los primeros años de la Revolución y los que se incorporaron a él durante el éxodo de El Mariel en 1980, y el denominado exilio de baja intensidad o de terciopelo2, también llamado tercera opción. Pero, además, hay un nutrido grupo de emigrados después del Mariel y hasta nuestros días, que no sólo han establecido residencia en Estados Unidos, sino que se desbordan por toda la geografía planetaria. Los principales núcleos poéticos de esta compleja diáspora se concentran en Estados Unidos (especialmente en la Florida, Nueva York y sus alrededores, y California), España y México, pero tiene representantes en los más aislados puntos de la geografía mundial, desde Austria hasta Sudáfrica, desde Canadá hasta Chile y Argentina.

Varios investigadores han estudiado por década, con detenimiento y rigor, esta poética de la emigración cubana. Jesús Barquet, por ejemplo, señaló los temas más relevantes de esta poesía, que he vuelto a encontrar, en buena medida, en el proceso de conformación de esta selección: "la persistencia de la memoria como una forma de restauración y resistencia de la identidad en crisis(…), el ser fragmentado, la ausencia y el vacío, el desamparo e intemperie existencial, la dispersión familiar, la desconfianza hacia la Historia, el paraíso (o infierno) perdido, la espera y el regreso míticos(…), el lenguaje y la poesía como patria y salvación individual" (1994: 170). Lourdes Gil, por su parte, ha apuntado que, a pesar de que "la escritura de la diáspora cubana es la signografía de la desposesión y de la pérdida", hay en ella "una cubanidad asimilada y una coherencia con la proyección escritural de la nación" (1999-2000: 63-64).

A partir de los noventa, nuevas generaciones de artistas emigrados aportan su particular visión al cuerpo conceptual de la poesía del exilio. Se trata de un grupo integrado, en gran parte, por lo más destacado de la poesía hecha en la isla después de 1980, un conjunto de voces posnacionales y transterritoriales que reinventan la cultura cubana fuera de su geografía original, "enfrentados a la devaluación más contundente de las ideas históricas de Patria y Exilio" (De la Nuez, 1997: 144). Madeline Cámara la ha catalogado como una "poética nómada" que no ata "su sentido de nacionalidad a los límites geográfico-políticos de un territorio o un Estado, sino que lo asocian a un discurso sobre la identidad que se nutre de valores culturales vivos, hijos de la circunstancia más que de la tradición". Agrega que esta corriente se caracteriza por un "nuevo modo de decir la lejanía, poética emancipadora del sexo y del verbo, ríspida y lírica, cotidiana y trascendente, donde la memoria afectiva registra lo histórico y lo transforma, violentando las fronteras entre lo íntimo y lo doméstico" (2000: 128).

Los poemas que aquí reúno tratan con recurrencia la nostalgia por Cuba, esa nostalgia desde la lejanía que Cintio Vitier catalogara como una de las marcas esenciales de nuestra poesía. La nostalgia, la desposesión, el desarraigo, la búsqueda de una identidad, la imposibilidad del regreso o el desconcierto del reencuentro, pero también el humor, la ironía, las referencias clásicas y modernas, los temas, personajes y situaciones universales, la búsqueda de la belleza, la trascendencia del arte, la confluencia de los géneros literarios, la incorporación a/de otras tierras y otras culturas. Estos poetas suelen mirar hacia la isla, hacia el pasado, pero también en otras direcciones y conforman, así, un concierto polifónico multitemático que era justamente mi objetivo y mi intención. No me equivocaba, pues, cuando hace casi una década inicié este proyecto y así lo concebí: Cuba no es el único, ni el exclusivo, elemento unificador de estas voces.

En el tiempo que llevo trabajando en esta selección he visto a decenas de poetas incorporarse a las huestes de la emigración cubana. En muchas ocasiones me pareció que, como la de Sísifo, esta tarea no tendría conclusión, que siempre quedaría incompleta, y esa certeza me agobió por años. Pero al cabo, creo haber comprendido que la misión de las antologías no es, ni será nunca, decir la última palabra ni dar una visión exacta e inalterable; es sólo ser eslabones de una cadena, botones de muestra; ofrecer un punto de partida desde el cual avanzar, profundizar. Se complementan entre ellas, se completan unas a otras porque ninguna podría abarcar absolutamente una realidad tan cambiable como la literatura. Y en el caso específico de la poesía cubana del exilio —póngansele las etiquetas que se les ponga a sus diferentes sectores o grupos—, la constante e ininterrumpida incorporación de nuevos miembros y su dispersión dificultan cualquier pretendida actualización.

Esta antología, que tuvo un primer antecedente infructuoso en 1998 y un segundo escalón años después, siempre se planteó —desde entonces y ahora&mdash dar cabida a todas las voces, sean cuales fueren las razones -nunca afortunadas- que mantienen lejos de la isla a sus autores, e independientemente de las posiciones y tendencias políticas o ideológicas de los mismos; ser un puente en el que pudieran encontrarse unos y otros; una tierra común para los poetas que en ella hemos tenido la voluntad de reunirnos.

Ante lo que se mostraba como una obra abierta y sin fin, decidí que uno de los criterios para acotar la antología fuera la inclusión sólo de poetas vivos, aunque he conservado en la selección final a quienes, habiendo participado desde el inicio, no llegaron a ver el libro finalizado. Escribí e invité a muchos colegas; ante la mi imposibilidad de conocer a la amplia gama de poetas cubanos dispersos en las más remotas latitudes, entre todos fuimos conformándose una red solidaria a través de la cual unos les avisaban a otros. A los que contestaron, espero no decepcionarles. Para los que no lo hicieron, los que rechazaron abiertamente la invitación o quienes se han incorporado más recientemente al exilio, confío en que haya una segunda oportunidad para incluirlos. A todos los que aquí me acompañan, desde los entusiastas hasta los no tan convencidos, mi agradecimiento infinito. Y un agradecimiento especial a Cuban Artists Fund, que me otorgó uno de sus 2003 Award para la realización de este proyecto.

Muchos me han dicho que la proliferación de antologías de poetas cubanos parece últimamente una obsesión. Tal vez es que andamos queriendo encontrarnos al menos en las páginas de un libro. Por eso he querido que esta antología sea un pañuelo extendido en cuyas cuatro puntas haya un cubano poetizando la isla multiplicada y sus postrimerías. Y que estirando las manos desde cada una de esas puntas, podamos tocar las manos de los otros, reconocernos en ellas, reencontrarnos.

Odette Alonso Yodú, Ciudad de México, julio de 2007.

Citas textuales a pie de página:

1-: Rafael Rojas señala dos grandes ciclos de éxodo intelectual en la cultura cubana: el primero durante el siglo xix y el segundo después de 1959, este último con tres grandes oleadas perfectamente identificables: durante la década de los sesenta, en 1980 por el puerto de El Mariel y a finales de esa década y principio de los años noventa (1998: 167-187).

2-: Términos acuñados por el artista plástico Arturo Cuenca y el poeta Osvaldo Sánchez, respectivamente, para describir esa modalidad del exilio cubano surgido a finales de los años ochenta y principios de los noventa del siglo xx, por razones no estrictamente políticas, al menos en apariencia, y al que por haberse asentado generalmente en países "neutrales" o "terceros países" (entendidos como "primero" y "segundo" a Cuba y Estados Unidos) le es permitido, con mayor facilidad, mantener vínculos directos y sistemáticos con la isla e, incluso, hacer viajes a ella.

Bibliografía de referencia

Barquet, Jesús, "Confluencias dentro de la poesía cubana posterior a 1959", en Lo que no se ha dicho, Nueva York, OLLANTAY Press, 1994, pp. 155-172.
Cabrera Infante, Guillermo, "El nacimiento de una noción", en Mea Cuba, México, Vuelta, 1993, pp. 373-389.
Cámara, Madeline, "Tríptico de la lejanía o tres poemarios de la diáspora", en La letra rebelde. Estudios de escritoras cubanas, Miami, Universal, 2002, pp. 125-138.
De la Nuez, Iván, "Registros de un cuerpo en la intemperie", en Encuentro de la Cultura Cubana, núm. 12/13, Madrid, primavera / verano de 1999, pp. 123-135.
_____, "El destierro de Calibán. Diáspora de la cultura cubana de los 90 en Europa", en Encuentro de la Cultura Cubana, núms. 4/5, Madrid, primavera / verano de 1997, pp. 137-144.
Gil, Lourdes, "La apropiación de la lejanía", en Encuentro de la Cultura Cubana, núm. 15, Madrid, invierno de 1999-2000, pp. 61-69.
_____, "Los signos del leopardo o la seducción de la palabra", en Lo que no se ha dicho, Nueva York, OLLANTAY Press, 1994, pp. 208-216.
Rojas, Rafael, "Insilio y exilio", en Isla sin fin. Contribución a la crítica del nacionalismo cubano, Miami, Universal, 1998, pp. 167-187.
Vitier, Cintio, Lo cubano en la poesía, La Habana, Instituto del Libro, 1970.

Odette Alonso (Santiago de Cuba. Reside en México desde 1992). Es poeta y narradora. Licenciada en Filología por la Universidad de Oriente (Cuba, 1986). Su cuaderno Insomnios en la noche del espejo obtuvo el Premio Internacional de Poesía "Nicolás Guillén" 1999. Su cuento "Animal nocturno" ganó el primer premio del XII Concurso "Mujeres en vida" convocado por el Centro de Estudios de Género de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

Ha publicado la novela Espejo de tres cuerpos (México, Quimera, 2009), un libro de relatos: Con la boca abierta (Madrid, Odisea, 2006) y ocho poemarios: Enigma de la sed (Santiago de Cuba, Caserón, 1989), Historias para el desayuno (Holguín, Ediciones Holguín, 1989), Palabra del que vuelve (La Habana, Abril, 1996), Linternas (Nueva York, La Candelaria, 1998), Visiones (México, NarrArte, 2001), Diario del caminante, (Monterrey, Espejos de Papel, 2003), Cuando la lluvia cesa (Madrid, Torremozas, 2003) y El levísimo ruido de sus pasos (Barcelona, Ellas Editorial, 2005).

Es compiladora de la antología Las cuatro puntas del pañuelo. Poetas cubanos de la diáspora (Valencia, Aduana Vieja, 2011), que obtuvo uno de los Premios 2003 de Cuban Artists Fund de Nueva York. Ha sido incluida en antologías de poesía y narrativa. Textos suyos aparecen en revistas y páginas de Internet. Actualmente es editora de la Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial de la Universidad Nacional Autónoma de México.

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