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La España oprimida que pinta el castrismo


Se empeñan en pintar una España en la que el pueblo está oprimido cuando en realidad se disfruta de una infinidad de derechos que en Cuba generaciones y generaciones de cubanos nunca han podido disfrutar.

Las demandas de un sector de la sociedad española, la mayoría jóvenes, que traslucen en el movimiento conocido como el 15-M, o la actual reforma constitucional, pactada entre los dos partidos españoles mayoritarios, el PSOE y el PP, son situaciones y coyunturas de la actualidad española que suscitan mucho interés propagandístico por parte del régimen castrista, que le dedica portadas en Granma y gran seguimiento en los blogs oficialistas. Más allá de juzgar estos movimientos de protesta o determinar si tienen o no razón para realizar sus demandas los que alzan sus voces en las calles y plazas, cabe preguntarnos, ante el uso que de estos mismos hechos hace el régimen de La Habana, qué es lo que precisamente hace posible su existencia.

Precisamente todo lo que conlleva las protestas en espacios públicos, todavía más cuando los organizadores no pueden controlar el desarrollo normal de las mismas, es lo que luego el régimen castrista usa para intentar demostrar que en España, a pesar de ser una democracia, el pueblo está oprimido por los más poderosos. Esa es la idea que los medios castristas se empeñan a trasladar de España una y otra vez y más todavía en el momento actual de crisis económica. Es verdad que las actuaciones policiales son a veces un espectáculo realmente lamentable, pero también es cierto que las democracias están dotadas de cuerpos de seguridad que se encargan de proteger el espacio público de cualquier ocupación arbitraria e ilegal. Las actuaciones policiales, en este sentido, no tienen una motivación ideológica sino de orden público.

Cuando hay dudas sobre la actuación policial, la sociedad cuenta con todo de instrumentos a su alcance para denunciar cualquier exceso. Existen movimientos civiles, asociaciones, entidades y partidos políticos que pueden denunciar públicamente cualquier violación de un derecho. Sus quejas, además, pueden ser escuchadas por el conjunto de la ciudadanía en los medios de comunicación o en cualquier plataforma de difusión de información, la mayoría sin control público y gestionadas bajo un criterio de profesionalidad. Hoy, el discurso del control de la información por parte de grandes corporaciones –al que siempre aluden los medios del castrismo- pierde su sentido, cuando se cuenta con herramientas de difusión masiva como Twitter que están al alcance de cualquiera que tenga en sus manos una computadora y una conexión Wifi.

Por suerte, en España se respeta el principio de que todos los españoles son iguales ante la Ley, por lo que en caso de que la policía abuse de su autoridad puede ser procesada. En Barcelona, por ejemplo, en los últimos años ha habido varios procesos abiertos contra agentes de la policía autonómica acusados de abusos en el ejercicio de sus actividades. Probablemente, lo mismo en Cuba sería imposible o bien tapado para que no trascendiera a la luz pública. En la Isla no existen las suficientes garantías para que los ciudadanos puedan reclamar si son víctimas de abusos policiales, de todo esto hay múltiples ejemplos, basta con ir a Youtube y ver los testimonios. Esa es una diferencia fundamental entre un régimen como el cubano y una democracia como la española.

Pero otra diferencia importante, y quizás muchos lectores de Granma en Cuba habrán reparado en ello, es la facilidad con la que en España se puede expresar la opinión públicamente. Es más, se puede expresar en la vía pública el descontento y los manifestantes pueden continuar haciendo sus vidas normalmente, regresar a sus casas y sus trabajos, sin miedo a ser señalados como “disidentes” lo que en países como Cuba supondría firmar su sentencia de muerte social. En España es algo tan sencillo como tener un motivo de descontento y acercarse a la comisaría más próxima a tu casa, rellenar un formulario y recibir una notificación de que tu protesta se puede realizar sin problema. Incluso a veces los permisos se pueden tramitar con carácter de urgencia. Y así tanto lo pueden hacer los movimientos de izquierda radical como sus antagónicos de derecha. En España sí hay maneras de articular el disenso y de expresar el descontento con una actuación gubernamental o de cualquier otra índole. El mayor rechazo, además de una manifestación en la calle, se puede expresar ejerciendo el derecho a voto y contribuyendo así a cambiar un gobierno por otro. Posibilidad remota en Cuba desde hace más de cincuenta años.

Todas estas diferencias, entre un país y otro, hacen todavía más chocante el uso que de estas situaciones hace el castrismo en sus medios y en sus blogs. Se empeñan en pintar una España en la que el pueblo está oprimido cuando en realidad se disfruta de una infinidad de derechos que en Cuba generaciones y generaciones de cubanos nunca han podido disfrutar. Jugar a las siete diferencias entre Cuba y cualquier otro país es un ejercicio sano, nos muestra lo afortunados que somos todos aquellos que habitamos en sociedades libres.

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