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Enfermedad mortal del deporte cubano


El deporte es una de las joyas preciadas del régimen y durante muchísimos años fue una vitrina importante para su publicidad, el cual le servía para afirmar que las victorias impresionantes de sus deportistas eran gracias al sistema político donde vivían: el maravilloso socialismo cubano.

La criatura deporte cubano esta malita, muy enferma, padece una enfermedad mortal, camina con dificultades, disminuye su brillo dorado, ya no tiene aquella fortaleza envidiada por los vecinos, y aunque su sofocador papa Castrismo se niega a ingresarla en el hospital de reformas profundas, al viejito caprichoso no le quedará más remedio que dar su brazo a torcer si quiere que viva.

El deporte es una de las joyas preciadas del régimen y durante muchísimos años fue una vitrina importante para su publicidad, el cual le servía para afirmar que las victorias impresionantes de sus deportistas eran gracias al sistema político donde vivían: el maravilloso socialismo cubano.

En realidad el deporte estuvo sobrevalorado en la isla y recibió más recursos de los necesarios, sobre todo en un país pequeño donde problemas ingentes como la vivienda, transporte y alimentación no estaban ni remotamente resueltos. Es cierto que esa atención desmedida rindió grandes satisfacciones a la población, pero al final, ni siquiera esas alegrías escapaban del cálculo frio maquiavélico del castrismo.

Los deportistas fueron conejillos que utilizó el régimen para su provecho e interés ideológico, sobre todo en esa etapa de la Guerra Fría donde fue determinante su papel para mostrar las bondades del sistema comunista o más bien estalinista, pero nunca les interesó la estabilidad emocional, social y económica de esos hombres y mujeres que compitieron en su nombre.

Y eso quedó demostrado en la manera con que trataron, y aun tratan, a los deportistas, quienes son una suerte de gladiadores que combaten para el amo y reciben a cambio ciertos beneficios. Ahora, si ese “gladiador” se equivoca en sus proyecciones sobre la doctrina, recibe todo el peso del castigo. Ejemplos sobran, pero recordemos a los peloteros Duque Hernández, Rey Vicente Anglada, entre una larga lista de casos que abarcan todas las disciplinas.

Por otro lado los deportistas que se retiran son olvidados a las menos cuarto y muchos que fueron glorias del país y le dedicaron “la medalla al Comandante en Jefe” al envejecer son lanzados al cuarto de los trastos donde beben alcohol para olvidar su triste realidad, en el peor de los casos.

Podría decirse que ese olvido ocurre en cualquier sociedad y es verdad, pero lo simpático del asunto es que el régimen castrista afirma ser un sistema humano y su comportamiento es similar o peor al capitalista que siempre critica, porque su táctica fundamental para minimizar esos olvidos es el chantaje.

Es costumbre del régimen inculcarles una y otra vez a todos los deportistas que gracias a la beatifica revolución pudieron desarrollar sus habilidades, competir a un nivel superior, viajar a países hermosos y recibir fama y respeto. Eso en parte es verdad también, pero una de las grandes mañas del castrismo es crearles a los sujetos complejos de culpa.

Aquellos deportistas cubanos que osan utilizar el don preciado de la libertad y se marchan del país, le lanzan al rostro que son unos desagradecidos, porque después que la revolución los formó, les dedicó recursos económicos para desarrollarlos, ¿Cómo se atreven a irse?.

Vale decir que los ciudadanos solo disfrutaron de los beneficios que el sistema proclamó a voz en cuello que ofrecía para toda la población y el cual era parte del programa de su gobierno. Nunca quedó establecido que esas ventajas representaban un contrato al estilo de Lucifer donde las personas perdían su alma, es decir la libertad en decidir sus destinos, con tal de ser parte del “Deporte, derecho del pueblo”.

¿Qué desarrollaran el deporte y a sus practicantes significaba que de por vida esas gentes estaban obligados a pagarles ese patrocinio? Pues si es así,?porque no lo dijeron?. Por supuesto no podían, ni pueden decirlo de manera clara, porque se les cae la careta de “buena gente” con la cual enmascaran la gran explotación a que victimizan a los deportistas.

De esta manera el deporte cubano fue desarrollado con “esteroides” económicos que se utilizaron para consolidar a la triunfante revolución a los ojos del mundo en el exterior. Que mejor propaganda de la justeza y la equidad social que llegaran- y aun lo hacen- aquellos formidables negros y vencieran en todos los deportes con su maestría.

Sin embargo esos mismos negros que sirven para competir, no son considerados para ocupar posiciones claves dentro del gobierno y mucho menos dirigir el destino del deporte. Por casi 50 años la silla de la presidencia del Instituto oficialista de deportes, estuvo ocupado por una persona de la piel blanca y ahora en las postrimerías, cuando el deporte se ahoga es que designaron por primera vez a un negro, al otrora jugador de baloncesto Cristian Jiménez, para enfrentar estas penurias, quien solo puede “resistir y ser optimista”, como dijo a un periodista sobre el futuro del deporte.

Esas aspiraciones de Jiménez son en consonancia a la realidad que vive para hacer su trabajo, sobre todo luego de las últimas declaraciones del presidente del comité olímpico castrista, José Ramón Fernández “que el deporte de alto rendimiento es altamente costoso y es difícil para un país en las condiciones de Cuba; y que es más importante la salud, la recreación que la competencia y las medallas.”

Otra cosa no es posible decir cuando el Centro de Alto Rendimiento Cerro Pelado se encuentra en condiciones críticas, el estadio de beisbol Latinoamericano tiene problemas con el alumbrado y el sistema de aire acondicionado de la Ciudad Deportiva le dio su patatús final y se necesita 1.2 millones de dólares. El listado de males sigue y suma.

Los paranoicos y seguidores de las conspiraciones dirían que colocaron al negro ahora, para que los malos resultados se lo achacaran a su dirección y la opinión pública tenga la impresión de que por esa razón no ponían a los negros para que dirigieran. Maquinaciones ocultas o no, lo cierto es que la salud del deporte cubano el año que termina empeoró más.

En el orden de las competencias multideportivas que tocaba en el 2010, el miedo a las deserciones masivas motivó que la isla no asistiera a los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Mayagüez. Todavía quedan frescas en sus memorias totalitarias la estampida de Ponce-93 y no quisieron arriesgarse.

Esa ausencia sin embargo no la discutieron con los deportistas, quienes en muchos casos vieron destruidos sus sueños después de entrenarse con dureza para ese evento.

Por otro lado, el beisbol, orgullo nacional, volvió a terminar sin traer una medalla de oro a sus antiguos exitosos aparadores, sequía que lleva ya cinco años. Y si la pelota va de capa caída, el boxeo, gran devorador de oro, solo pudo conquistar dos títulos en el campeonato panamericano de la disciplina para ratificar que la mala actuación de Pekin-2008 donde obtuvieron solo dos oros no es un hecho fortuito.

El verdadero problema que tiene el régimen entre las manos, al margen de las instalaciones destruidas, la crisis económica mundial y el poco fogueo para los atletas, es que los deportistas abrieron los ojos y cada vez suman más los que deciden escapar y apostar por el profesionalismo, cansados de que sus ganancias en competencias sean castradas por el proxeneta socialista, quien le retribuye una miseria que no les alcanza para sus numerosas necesidades.

La cifra de técnicos, deportistas y periodistas especializados en el deporte, quienes abandonaron el credo hipócrita del régimen ya es un grueso volumen y esas altas cifras preocuparían a cualquier gobierno que no fuera tan narcisista como lo es el régimen castrista, solo preocupado en verse bien hacia sus adoradores.

Todavía a estas alturas llaman a los que se van desertores, traidores o “débiles de conciencia que se dejan sobornar por nuestros enemigos”, como acuñó el máximo de todos los máximos líderes cuando enardecido acusó a Estados Unidos de este presunto complot contra su dotación de atletas-esclavos.

El régimen en su torpeza y ánimo de echarle las culpas de sus ineficiencias al malvado imperio, dice que Estados Unidos ofrece contratos atractivos. Su ceguera es de tal dimensión que compara su estructura con las sociedades abiertas donde las empresas privadas son autónomas, nada tienen que ver con el estado.

Los Yanquis de Nueva York y Cachorros de Chicago, son equipos profesionales independientes que no rinden cuentas de sus contratos al gobierno de los Estados Unidos.

En fin, los deportistas cubanos en la actualidad, ya no están tan ciegos y saben que el culpable de la enfermedad mortal que sufre el deporte como parte inseparable de la isla hay que anotársela al aparente inofensivo viejito bondadoso llamado castrismo, quien asegura ser un benefactor cuando a decir vedad es un cruel explotador. Esa es la verdad.

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