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Apoyado por la izquierda continental apadrinada por Hugo Chávez, Humala no podrá negar ahora que cuenta con el patrocinio implícito del presidente venezolano.

El pasado viernes concluyó en Managua, Nicaragua, el XVII encuentro del Foro de Sao Paulo, fundado en 1990 por Fidel Castro y el ex presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva. Se escucharon las acostumbradas consignas contra la democracia liberal y el libre mercado, y se firmó una resolución de apoyo a las candidaturas de Daniel Ortega en Nicaragua y Ollanta Humala en Perú. Apoyado por la izquierda continental apadrinada por Hugo Chávez, Humala no podrá negar ahora que cuenta con el patrocinio implícito del presidente venezolano.

¿Quiénes participan y cuál es el objetivo de estos encuentros?

El periodista Adolfo Rivero Caro sostiene que el Foro de Sao Paulo esta compuesto por «una abigarrada representación de asesinos, timadores, secuestradores y narcotraficantes», entre ellos las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). El dirigente venezolano, Alejandro Peña Esclusa observa, por su parte, que el objetivo del Foro de Sao Paulo no es otro que «la toma del poder en Latinoamérica».

¿Cuáles son los rasgos culturales de estos encuentros? El Foro de Sao Paulo ha polarizado como nunca antes las diferencias políticas, económicas y religiosas en el Hemisferio Occidental. Impulsado por el castrismo, el Foro de Sao Paulo ha desencadenado un enfrentamiento entre la América paternalista, mercantilista y católica del Sur, y la América individualista, capitalista y protestante del Norte. Sus efectos ya comienzan a sentirse y probablemente son irreversibles. Sus consecuencias serán mucho mayores en el futuro y se complicarán por los cambios demográficos.

¿Cómo definir esta polarización? El Foro de Sao Paulo desciende por línea directa del linaje castrista, volcado hacia Europa, una corriente cultural cuyo carácter ancestral se forjó a la sombra de la inquisición. Un linaje programado culturalmente para la conquista, no para la democracia, propenso a sacrificar la libertad en aras de la pasividad y el sometimiento.

Contrario al Foro de Sao Paulo, el linaje americanista de raigambre continental se alejó de Europa para forjar una sociedad libre de persecución religiosa y política. Esta corriente cultural representada por un linaje que incluye todas las Américas, desde Luis Muñoz Marín, Rómulo Betancourt, Benito Juárez y José Martí, hasta Abraham Lincoln y Thomas Jefferson, pone la libertad por encima de cualquier otro bien, aun al precio de la inestabilidad política, los conflictos sociales y la guerra.

Aunque resulte paradójico, la democracia liberal que tanto desprecian los integrantes del Foro de Sao Paulo se destaca como sistema de gobierno precisamente porque tolera la inestabilidad política cuando se cometen injusticias o se ignoran los reclamos sociales. Se piensa, con razón, que sólo un sistema democrático como el de Estados Unidos era capaz de sobrevivir a protestas populares como las manifestaciones contra la guerra de Vietnam en la década de los sesenta o la lucha por los derechos civiles de los negros estadounidenses.

En comparación, el linaje castrista mantiene una estabilidad política casi absoluta amparado en su conocida disposición a reprimir sin contemplaciones cualquier protesta popular. La fortaleza del linaje castrista no emana del voto popular sino de la lealtad ideológica más absoluta al presidente vitalicio, máxima autoridad legislativa, ejecutiva y judicial. Sin embargo, semejante fidelidad no responde a convicciones personales, sino a un temor constante a la figura del líder máximo, investido de poderes absolutos contra el que no hay otra defensa que la más abyecta sumisión.

En cambio, el linaje americanista fundamenta su existencia en conferir a la inestabilidad política un marco de tolerancia en el cual la sociedad ventila los errores, propone remedios y restablece la paz. Así, la democracia se halla en constante estado de renovación, bien por la manifestación individual de las aspiraciones ciudadanas o po la acción colectiva de la sociedad en los asuntos públicos a través de elecciones periódicas, transparentes y libres.

Entre los asistentes al XVII encuentro del Foro de Sao Paulo predomina la norma castrista de silenciar la libertad individual en favor de una presunta felicidad colectiva. Si no fuera así, la izquierda continental no apoyaría las candidaturas de Daniel Ortega y Ollanta Humala.

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