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El autor intelectual del castrismo


El pensamiento martiano es manipulado por la maquinaria de propaganda del régimen la cual, incluso en su afán teórico quiere vincular al héroe de la independencia al marxismo.

El castrismo dentro de sus numerosas tesis con las que engañó a los ciudadanos cubanos y al mundo para zamparse a la joven republica sostuvo que “el autor intelectual” de su asalto armado fue José Martí para así conseguir las simpatías del pueblo y armar su esqueleto ideológico.

No cabe la menor duda que resultó una jugada astuta, sobre todo por la figura que empleó para enmascarar sus verdaderas intenciones de construir un gobierno totalitario, ya que Martí representa un hito importante de respeto y patriotismo para la gran mayoría de los cubanos.

Fidel Castro con su habilidad como orador y político taimado diseñó cambios populistas para granjearse el apoyo de las masas y alejar la atención de sus maniobras. Martí advierte esas jugadas del castrismo en su carta al director de la opinión nacional el 21 de enero de 1882

"... Es además un arte de la política tener a los pueblos como distraídos y aturdidos; y obligar sus ojos a espectáculos variados y nuevos, para que teniendo siempre qué mirar, no les quede espacio de mirar en sí, y se vean míseros y bravos y no se rebelen."

En realidad el pensamiento martiano es manipulado por la maquinaria de propaganda del régimen la cual, incluso en su afán teórico quiere vincular al héroe de la independencia al marxismo. Por supuesto nunca el castrismo propagó el artículo de Martí “Sobre la futura esclavitud” de Herbert Spencer, publicado en 1884. Aquí se los dejo para que saquen sus propias conclusiones:

De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, iría a ser esclavo de los funcionarios. Esclavo es todo aquel que trabaja para otro que tiene dominio sobre él; y en ese sistema socialista dominaría la comunidad al hombre, que a la comunidad entregaría todo su trabajo. Y como los funcionarios son seres humanos, y por tanto abusadores, soberbios y ambiciosos, y en esa organización tendrían gran poder, apoyados por todos los que aprovechasen o esperasen aprovechar de los abusos y por aquellas fuerzas viles que siempre compra entre los oprimidos el terror, prestigio o habilidad de los que mandan, este sistema de distribución oficial del trabajo común llegaría a sufrir en poco tiempo de los quebrantos, violencias, hurtos y tergiversaciones que el espíritu de individualidad, la autoridad y osadía del genio, y las astucias del vicio originan pronta y fatalmente en toda organización humana. “De mala humanidad -dice Spencer- no pueden hacerse buenas instituciones.” La miseria pública será, pues, con semejante socialismo, a que todo parece tender en Inglaterra, palpable y grande. El funcionarismo autocrático abusará de la plebe cansada y trabajadora. Lamentable será, y general, la servidumbre”.

Ya envalentonados con el poder absoluto los castristas redactan una constitución anti- martiana donde en su artículo 5 vuelven a secuestrar el ideal de quien afirmó que “las cuestiones graves no se resuelven con teorías preconcebidas. La conciliación es garantía de paz, y lo son de acierto el severo examen y prudencia”

El texto del artículo de la carta magna castrista reza así: ”El Partido Comunista de Cuba, martiano y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista”.

Sin embargo Martí esta desligado de esa idea preconcebida socialista y en las bases del Partido Revolucionario Cubano en su artículo cinco deja bien a las claras su pensamiento:

“El Partido Revolucionario Cubano no tiene por objeto llevar a Cuba una agrupación victoriosa que considere la Isla como su presa y dominio, sino preparar, con cuantos medios eficaces le permita la libertad del extranjero, la guerra que se ha de hacer para el decoro y bien de todos los cubanos, y entregar a todo el país la patria libre”.

Los temores a una dictadura encubierta lo disipa Martí también en el artículo anterior de estas bases cuando afirmó:

“El Partido Revolucionario Cubano no se propone perpetuar en la República Cubana, con formas evas o con alteraciones más aparentes que esenciales, el espíritu autoritario y la composición burocrática de la colonia, sino fundar en el ejercicio franco y cordial de las capacidades legitimas del hombre, un pueblo nuevo y de sincera democracia, capaz de vencer, por el orden del trabajo real y el equilibrio de las fuerzas sociales, los peligros de la libertad repentina en una sociedad compuesta para la esclavitud”

¿Entonces de donde sale la peregrina idea de que un hombre como Martí puede avalar una dictadura de más de 50 años impuesta dentro del más rancio estilo caudillista latinoamericano y con fuertes influencias fascistas”

La habilidad del régimen para justificar su dogmatismo a ultranza es de tal proporción que no solo el pobre Martí cae dentro de la componenda, sino toda la lucha independentista desde 1868 y esa estocada la propinó Castro cuando en un acto por el centenario de la fecha afirmó: “Qué significa para los revolucionarios de nuestra patria esta gloriosa fecha? Significa sencillamente el comienzo de cien años de lucha, el comienzo de la Revolución en Cuba, porque en Cuba sólo ha habido una Revolución: la que comenzó Carlos Manuel de Céspedes el 10 de Octubre de 1868 y que nuestro pueblo lleva adelante en estos instantes”. Una vez más la manipulación de la historia para su provecho personal, el escamoteo de los hechos reales en aras de darle legitimidad histórica al malformado feto de su régimen totalitario.

Nunca los padres de la patria calificaron a sus enemigos como “gusanos”, ni siquiera a los odiados guerrilleros, aquellos cubanos que lucharon al lado de España. Por cierto el término “guerrillero” al volverse fundamental dentro de la ideología castrista, provocó que los ideólogos volatizaran su verdadera característica de apátridas y es bueno notar como algunos apologistas del mito castrista llaman guerrilleros a los mambises en algunas ensayos y artículos para darle visos de patriotismo.

La filosofía de los próceres que lucharon en la naciente nación cubana siempre fue de unir, nunca dividir a los cubanos y Martí nombró en su artículo con precisión a quienes buscaban enfrentar a hermanos contra hermanos en el periódico Patria el 21 de mayo de 1892

... Es demagogo el que levanta una porción del pueblo contra otra. Si levanta a los aspiradores contra los satisfechos, es demagogo; si levanta a los satisfechos contra los aspiradores, es demagogo. Patriota es el que evita, por la satisfacción de las aspiraciones justas, el peligro del exceso de aspiración."

Pero si de verdad el castrismo se considera martiano debió seguir al pie de la letra lo que escribió “el autor intelectual” en “Alea Jacta Est” el 7 de diciembre de 1876 en México:

"Una revolución es necesaria todavía: ¡la que no haga Presidente a su caudillo, la revolución contra todas las revoluciones: el levantamiento de todos los hombres pacíficos, una vez soldados, para que ni ellos ni nadie vuelvan a verlo”

Esa petición era imposible con Fidel Castro, quien aparece retratado dentro de la visión martiana en la carta al director de la Nación, publicada en Nueva York el 19 de enero de 1883:

“Nada embriaga tanto al hombre como sentirse centro de hombres. Le entran pujanzas divinas, y ya no cabe en la piel de un mercader, ni en el blusón azul de un cosechero."

Martí no es el autor intelectual de la ideología castrista y a la luz de los hechos el verdadero protagonista de su pensamiento es el credo fascista, porque es fascista y no martiano suprimir la discrepancia política en beneficio de un partido único, juzgar a las personas no por su responsabilidad personal sino por la pertenencia a un grupo.

Es fascista y no martiano exaltar el nacionalismo a ultranza frente al individuo, la desinformación y manipulación del sistema educativo para viciar y desvirtuar la voluntad general, concentrar todo el poder en un líder, quien por iluminación semi-divina llevará al país a una sociedad perfecta.

Entonces, como dice el refrán, si camina como pato, grazna como pato y parece pato no cabe la menor duda que es un pato por lo que el pato de la revolución castrista bien pueden ser Benito Mussolini o Adolfo Hitler, nunca José Martí.

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