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El crimen del ciudadano japonés Hitomi Tet Sou y las heridas que sufrió su esposa Shatumy Maryko, han causado conmoción en el país asiático. La embajada de Japón ha deplorado el crimen y exigido que se encuentre a los responsables.

Por estos días es común toparse en varias dependencias estatales de Guayaquil (puerto principal de Ecuador) a un nutrido grupo de reporteros nipones que llegaron expresamente para cubrir el asesinato de uno de sus compatriotas y que tiene conmocionados tanto a Ecuador como a Japón.

El salvaje crimen del ciudadano japonés Hitomi Tet Sou, de 28 años, y las heridas que sufrió su esposa Shatumy Maryko, de 27, han causado conmoción en el país asiático y ya la embajada de Japón ha deplorado el crimen y exigido que se encuentre a los responsables.

El suceso ocurrió el pasado 28 de diciembre del 2013, Hitomi Tet Suo y su pareja habían escogido Guayaquil (que se anuncia con el slogan “Guayaquil es tu destino) para pasar su luna de miel y esperar el nuevo año. Pero en el corto trayecto de uno de los hoteles más importantes de la ciudad, a otro, fueron abaleados y abandonados en un sector de la calles San Martín y Tungurahua, en el centro sur del Puerto Principal. El turista murió víctima de un disparo en el pecho, mientras su esposa recibió dos impactos de bala y se encuentra convaleciente en un hospital público de la ciudad.

Un equipo de Criminalística de la Policía Judicial del Guayas acompañó al fiscal César Peña en la reconstrucción de los hechos como parte de la indagación previa por la muerte del japonés, víctima de la modalidad conocida como “secuestro exprés” en Ecuador. La diligencia se desarrolla desde este jueves 9 de enero en los dos lujosos hoteles del norte de Guayaquil (Sheraton y Hilton) donde el turista nipón y su esposa se hospedaron, y posteriormente cenaron.

La reconstrucción de los hechos se desarrolla, para su horror, con la presencia de la esposa del japonés asesinado. Ella ya fue dada de alta el miércoles donde la atendieron tras recibir dos impactos de bala, dentro del mismo taxi, que tomó con su esposo fuera del hotel, tras la cena. La zona permanece acordonada en un tramo de la calle Joaquín J. Orrantia, donde según las investigaciones los turistas tomaron un taxi informal (pirata) con rumbo desconocido.

Uno de los periodistas japoneses -corresponsal de la televisión nipona en Lima- que llegó para investigar el hecho y que pidió a este reportero no ser mencionado por su nombre, comentó que se habían reunido en Quito con autoridades y que hasta ahora no había novedades.

Al consultársele cómo veían el hecho desde su perspectiva, comentó: “Recibimos la noticia muy tarde, viajé la noche del viernes vía Panamá a Guayaquil y hasta el momento estoy decepcionado: el caso ya no está en manos de la Policía y las autoridades nos dicen que el pronóstico de la investigación es reservado”.

Jorge Guzñay Cepeda, taxista de la cooperativa Transporte del Norte, fue uno de los últimos en ver a la pareja de Hitomi Tetsuo y su esposa, Shatumy Maryko, antes de ser víctimas de una banda de secuestradores exprés.

Guzñay, en su declaración a la Fiscalía sobre los hechos ocurridos la noche del pasado 28 de diciembre afuera del hotel Sheraton, narró que cuando la pareja salió del hotel le ofreció su servicio de taxi, y que por trasladarla hasta el Hilton Colón, donde estaban hospedados, les pidió tres dólares. Pero los japoneses se negaron a pagar esa cantidad, considerándola excesiva.

Lo cierto es que el asesinato del ciudadano japonés en Guayaquil vuelve a poner sobre el tapete un tema que definitivamente parece habérsele escapado de las manos a las autoridades del país: el de los elevados índices de violencia e inseguridad.

“Este caso tiene una connotación internacional y como país nos interesa sobremanera esclarecerlo en el menor tiempo posible. No podemos permitir que un grupo de criminales eche al traste la campaña internacional del Ecuador de promoción turística, porque a estos señores se les ocurrió ejecutar un crimen execrable contra un par de ciudadanos inocentes de otro país”, expresó el gobernador del Guayas, Rolando Panchana, durante una reunión en la que presentó un balance sobre los operativos de seguridad efectuados en el feriado de fin de año, en Guayas.

El delito de secuestro exprés se ha convertido en uno de los más recurrentes y temidos por los ecuatorianos, pero sobre todo por los guayaquileños. En los tres primeros meses de 2013, en relación con el mismo periodo de 2012, los delitos en Guayaquil tuvieron un aumento comparativo de casi el 50 por ciento, según un informe de gestión presentado por el Observatorio de Seguridad Ciudadana de esa ciudad (OSCG).

Las estadísticas procesadas por el organismo, adscrito a la Gobernación del Guayas, apuntan a que 7 de los 10 principales delitos que se cometen en la urbe registraron un aumento considerable, e inclusive, en muchos de ellos, hasta se duplicó el número de reportes, como es el caso de robo y asalto a personas.

Desde hace mucho tiempo los ciudadanos observan, entre el terror y la indignación, cómo un hecho tan simple en cualquier ciudad del mundo como tomar un taxi se convierte aquí en una ruleta rusa de la que no sabe cuándo saldrá la bala.

El caso de la pareja de japoneses ha conmocionado al mundo y desdibuja el slogan turístico de “Guayaquil es tu destino”. A no ser que al slogan le falte una parte y diga: “… tu destino para morir”.

El gobernador Panchana calificó este asesinato como un hecho “aislado, reprochable e indignante”, lo cual no es cierto si se tiene en cuenta que esto es algo de todos los días en Guayaquil, donde han sufrido el ‘exprés’ administradores de librerías, periodistas culturales, escritores internacionales invitados a la Feria del Libro y comerciantes.

También falta a la verdad el ministro del Interior, José Serrano, al asegurar a periodistas de medios japoneses en Guayaquil: “Esta es una situación atípica, que no es frecuente en el Ecuador, pero que nos deja nuevamente en cero en lo que se refiere a seguridad. La misma nos obliga a actuar con total fuerza para ubicar y detener a los responsables de este hecho, capturarlos, sentenciarlos y ponerlos tras la rejas”.

El ministro Serrano sabe que hechos como éste se han convertido en habituales en Ecuador, que dejó de ser hace rato una “isla de paz”. A él mismo le asesinaron un hermano, fotógrafo de profesión, en una de las ciudades más tranquilas de Ecuador, como es Cuenca.

Mientras el fiscal César Peña Morán sigue con el reconocimiento del lugar, ayudado por los peritos de Criminalística y Policía Judicial que laboran en las inmediaciones del hotel Sheraton, la indignación de la ciudadanía crece.

El fiscal ha dicho que las investigaciones “van por buen camino” y que hasta el momento han contado con toda la colaboración del hotel. También reveló que ya se le había tomado la declaración a la viuda.

George Mera, representante de la Unión de Taxistas del Guayas, opina que los operativos contra taxis piratas deben ser permanentes para combatir la inseguridad en carros que hacen fletes de manera ilegal. Pero lo que se pregunta uno como simple ciudadano es de qué valen todas las cámaras que se han instalado en el interior de los vehículos, las placas identificativas de la Comisión de Tránsito, los llamados ‘ojos de águila’ diseminados por toda la ciudad y sobre todo, el tan publicitado sistema Ecu 911, donde cientos de ojos vigilan lo que ocurre en las principales arterias de la ciudad.

Ha habido logros espaciados. Por ejemplo, la captura de una banda de secuestradores exprés que utilizaban un ‘taxi clonado’. La Policía los detuvo el pasado 30 de diciembre, tras abordar a dos pasajeras afuera de un centro comercial en el norte. Héctor Solórzano, de la Comisión de Tránsito del Ecuador (CTE), aseguró rotundamente que los operativos de control a vehículos ilegales son permanentes.

Amanecerá y veremos

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