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Cubañoles con Alzheimer


Los movimientos más efectivos de la política española hacia Cuba se mueven actualmente en un plano nogubernamental, sea cual sea el gobierno, con la Naturalización y Emigración como temas dominantes, sin levantar muchas olas con relación al régimen.

“Más se perdió en Cuba”. Quienquiera que ocupe la silla de la Moncloa, su preocupación fundamental en el tema cubano va a estar siempre guiada por esta premisa. Cuba es el paraíso perdido de España, arrebatado nada más y menos que por los norteamericanos según la historia oficial ibérica. Para el orgullo colonial era más fácil admitir una derrota a manos de una superpotencia emergente como los Estados Unidos de finales del siglo XIX, que a manos de unos insurrectos que para colmo de males, eran en su mayoría negros y mestizos.

Lo curioso del asunto es cómo esta frase no sólo refleja la frustración de los españoles de aquel entonces tras la pérdida de la “siempre fiel” isla, sino que se ha extendido a nuestros días como la actitud prevaleciente de la clase política española con relación a nuestra patria. Tómense como botón de muestra las palabras del flamante Ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación de España, José Manuel García-Margallo, quien declaró a la revista madrileña Libertad Digital que “una de las cosas que puede ocurrir, es que si cambia el régimen, se produjese una americanización absoluta, que Cuba entonces se convierta en otro Puerto Rico. Me parecería lamentable que se perdiese la identidad cubano-española”.

Aquí parece radicar la esencia del asunto, la gran preocupación de la política de Estado española con relación a Cuba. A sólo días del vencimiento del plazo para acogerse a la llamada Ley de Nietos, el 27 de diciembre, 66.000 cubanos ya han adquirido pasaporte español. De acuerdo al cónsul general de España en La Habana, Tomás Rodríguez-Pantoja, al fin del proceso el número de nuevos españoles en Cuba será de entre 180.000 y 190.000. Lo de los cubañoles no es una fiebre, sino una verdadera avalancha

Está claro entonces por dónde van los tiros, o mejor dicho, los números, puesto que antes de la promulgación de la Ley de Nietos la colonia española en Cuba era de unas 28.000 personas. Los movimientos más efectivos de la política española hacia Cuba se mueven actualmente en un plano nogubernamental, sea cual sea el gobierno, con la Naturalización y Emigración como temas dominantes, sin levantar muchas olas con relación al régimen.

En este sentido destaca el anuncio de la inauguración oficial en La Habana, en enero próximo, de la primera residencia para enfermos de Alzheimer con apoyo de especialistas de España. El centro funciona desde el mes de octubre en una casa de La Habana Vieja, según explicó su director Nelson Águila, director de Asuntos Humanitarios de la Oficina del Historiador de La Habana. No está claro por qué se demoran más de tres meses en inaugurarlo oficialmente pero después de todo, es un centro para enfermos de Alzheimer. Es lógico que falle la memoria.

De acuerdo a la información difundida por Cubadebate, el centro funcionará tomando “como modelo de gestión la experiencia, profesionalidad, trayectoria y sabiduría” de la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer de Lugo (ALFALU). El sitio oficialista asegura que ALFALU brindó capacitación y asesoría a un grupo de especialistas y directivos cubanos, entre ellos su flamante director Nelson Águila, quien parece guiarse por los mismos principios memorísticos que el nuevo canciller español.

Al preguntarle el entrevistador de Libertad Digital, Víctor Llano, si tenía algunas palabras de esperanza para el pueblo cubano, García-Margallo respondió: “Esperar”. Reformulando el refrán, cabría aquí decir que a buen entendedor, con una palabra basta.

La designación de García-Margallo demuestra claramente el papel asignado a las relaciones con Cuba en el gobierno de Mariano Rajoy: poca prioridad y estrategia de espera complaciente, o cooperación sin memoria. Nada de diplomacia pro activa. La diplomacia española con respecto a Cuba parece seguir el rumbo de iniciativas como la del hogar de enfermos de Alzheimer, o los cubañoles que corren a la embajada a reclamar abuelas o en no pocos casos, hasta bisabuelas. Aquí no parecen importar las americanizaciones, o la pérdida de identidad, ni falla la memoria.

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