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Las ideas martianas no rompen idilio con el Vaticano


Misa del Santo Padre en Santiago de Cuba

Para Martí las religiones son creaciones de la imaginación fabuladora de la mente humana.

La estancia del Sumo Pontífice Benedicto 16 en Cuba obligará al gobierno de Raúl Castro a resguardar dentro del desván ideológico sus conceptos antirreligiosos aún si son del héroe nacional José Martí a quien el régimen llama autor intelectual de su Revolución.

Antes del triunfo revolucionario la historiografía de esa época llamaba apóstol a Martí sustentado por libros como el de Luis Rodríguez, publicado en 1956, “José Martí, el santo de América” o la opinión del rector de la Universidad Central de Venezuela, Pedro González Rincones, quien afirmó en 1957: “... sin el martirio de su muerte (Martí), ya era el santoral civil de América, héroe y santo”.

Sin embargo la religiosidad de Martí no era ortodoxa y se comprueba en 1871 con su memorable libro “El presidio político en Cuba”, el cual narra los horrores sufridos en la prisión que establecieron los españoles contra quienes combatieron su poder en la isla.

“Si existiera el Dios providente y lo hubiera visto- al presidio se refiere Martí- con una mano se habría cubierto el rostro y con la otra habría hecho rodar al abismo aquella negación de Dios”, afirmó.

…”Ni os odiare, ni os maldeciré. Si yo odiara a alguien, me odiaría por ello a mí mismo. Si mi Dios maldijera, yo negaría por ello a mi Dios… Ese, es mi Dios; ese es el Dios que os tritura la conciencia, si la tenéis; que os abrasa el corazón ni se ha fundido ya al fuego de vuestra infamia. El martirio por la patria es Dios mismo, como el bien”, dijo.

Esos criterios sobre la religión de José Martí a tan temprana edad,- vale recordar que su prisión ocurrió con apenas 15 años de edad-, se fortalecieron al pasar los años y en 1878 aseguró: “…En nombre de la fe se ha mentido mucho… no hay providencia… hay un dios, el hombre; hay una fuerza divina: todos… la religiones todas son iguales; puestas una sobre otra, no se llevan un codo ni una punta”.

La enorme sensibilidad de Martí aprecia a la religión como herramienta de su lirismo poético y lo afirma en 1887; “¡Ah¡ la religión, falsa siempre como dogma a la luz de un alto juicio, es eternamente verdadera como poesía: ¿Qué son en suma los dogmas religiosos, sino la infancia de las verdades naturales? Su rudeza y candor mismos enamoran, como en los poemas”.

Para Martí las religiones son creaciones de la imaginación fabuladora de la mente humana y lo ratificó cuando dijo:… “las religiones todas han nacido de las mismas raíces, han adornado las mismas imágenes, han prosperado por las mismas virtudes y se han corrompido por los mismos vicios”

Sus principios humanistas y visión de la vida, por encima de la religión quedan reforzados al afirmar: ”Hay una religión; la inconformidad con la existencia actual y la necesidad, hallada en nosotros mismos, de algo que realice lo que concebimos, hay muchas religiones: la forma de estas inconformidades y necesidades vagas, perpetuas y sublimes”

Y puntualizó sobre este mismo tema: “La única religión digna de los hombres es aquella que no excluye a hombre alguno de su seno”... “Tirano es el católico que se pone sobre un hindú y el metodista que silba a un católico”.

Del trabajo inocuo de las iglesias que siglos más tarde facilitó la imposición del dogma comunista a la nación cubana, dijo sobre el abandono de los feligreses a los templos.
“Porque la enseñanza es falsa, el carácter duro, el rico soberbio, el pobre desconfiado y la época del vuelco y reencarnación, que pide para guía de juicio y consuelo del alma, algo más que iglesias legadas en pro de los pudientes contra los míseros, y se rebajan al empleo de instrumentos de gobierno y defensa de castas y caen al suelo en embestida de uñas”.

Martí fue tajante con los católicos: “para amar a Cristo, es necesario arrancarlo a las manos torpes de sus hijos… el cristianismo ha muerto a manos del catolicismo”. La universalidad de Martí es evidente al abogar: “porque el cristianismo se siente como al morir, en los umbrales de la iglesia nueva donde, con el cielo por techo, se sentará el Cristo católico junto al Cristo hindú, con Confucio de una lado y Votán de otro, sin más clérigo que el sentimiento del deber, ni mas candelabros que los rayos del sol, ni mas incensarios que los cálices de las flores”.

Insiste Martí. “Todos los credos, a despecho suyo y como anuncio de mejores días de paz se juntan con esta creencia suma en la naturaleza. De ella nacieron y el capricho humano les dio imágenes y formas que persisten porque persisten los intereses creados a su amparo, pero el amor llenará al cabo el pecho de los hombres y todas las creencias vendrán a ser en suma, en los días de las almas tranquilas, esta mejoradora y reverente en la divinidad de la naturaleza”.

Esas opiniones del héroe nacional de Cuba, título que otorgó el actual gobierno comunista de Cuba al suprimir el apelativo de apóstol, demuestran el carácter anti-eclesiástico del hombre que Fidel Castro calificó como el autor intelectual de su revolución.

Es casi seguro que ninguno de esos juicios martianos salgan a flote en los días que el Vaticano y La Habana vuelvan a vivir una idílica relación de comprensión y amistad, cuando Benedicto 16 permanezca dentro del carcomido baluarte occidental del comunismo mundial.
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