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Cargue con su pesao


Pero si Machado es el clásico sangrón, su jefe, Raúl Castro no le va muy bien, porque el actual jerarca de la isla es el pesado que se cree gracioso. Al menos Machado sabe en su fuero interno, sobre todo al mirarse en el espejo, que nunca será el tipo que hará morirse de la risa a sus amigos.

Los cubanos tienen un sentido del humor muy peculiar y gracias a esa manera de encontrar un ángulo simpático a los momentos terribles es que sobreviven después de 50 años de duras penurias y estrangulamiento castrista, por eso hoy más que nunca no soportan a los pesados, una fauna fácil de reconocer.

El pesado también puede ser llamado:

Chorro de plomo.

Aguacatón.

Insípidos.

Bola de mierda.

Sangripesao

Bomba.

Puente roto (nadie lo puede pasar)

Sangrón.

Pedante.

Físicamente no hay manera de reconocer a un pesado, porque enmascaran sus características dentro de cualquier cuerpo, ya sea gordo o flaco, alto o bajito, no importa tampoco el género para reproducirse y pueden ser mujeres, hombres e incluso jóvenes. Tampoco hay edades límites para que surja un buen aguacatón.

Siendo pesado se nace, aunque hay algunos que con el tiempo se hacen y son tan letales como los originales de nacimiento. Uno de los grandes traumas de los pesados es cuando quieren ser humoristas y entonces hacen chistes de los que solo ellos se ríen o en el colmo de su crónica enfermedad hacen bromas pesadas a costa de los invitados de sus programas o tratan de recrearse en los defectos físicos del público. Esta especie se propaga con una celeridad pasmosa y dentro de sus atributos se encuentra también las malas palabras y frases de mal gusto. Todo vale para buscar la sonrisa, sin saber que está condenada por ser ellos unos pesados.

Los pesados tienen la virtud de amargarle la vida a cualquiera con sus salidas inconvenientes, sus maneras de tratar a las personas como ocurre en la actualidad en la isla donde no existen vías expeditas del consumidor para quejarse del maltrato del empleado de una tienda, burócrata o dirigentillo de poca monta.

Son habituales las escenas en que una persona le pregunta a un dependiente si existe un producto y el individuo, sin mirar apenas, dándole la espalda le dice con voz agria:

-No se.

Esa respuesta pesada y mal educada es tan normal en la isla que tal parece un virus generalizado propagado con fuerza dentro del castrismo. Por supuesto en la republica también debieron convivir los pesados, pero en la Bodeguita del Medio prevenían que hacer con ellos en un famoso cartel contra ese mal que dice: “Cargue con su pesao”.

¿Pero como cargar con un pesado de la talla de José Ramón Machado Ventura?, el actual segundo al mando de la isla, un individuo que cuando sonríe parece que morderá a su interlocutor. Machado es tan insípido que los propios castristas no lo divulgan mucho por televisión, porque causa repulsa verlo hablar en sus discursos, los cuales tienen la insoportable pesadez de su ser desagradable.

Por suerte no trabajó como médico, porque de seguro habría provocado muchos abortos o infartos a sus pacientes con su presencia y maneras. Es de consumo popular la guerra sorda que realizó Machado Ventura a Roberto Robaina, en su etapa de protegido del máximo jefe y luego contra los delfines Carlos Lage y Felipe Roque. Y era conocida también entre los bastidores como esos ex dirigentes jóvenes se burlaban de su cuadratura, extremismo y antipatía al calificarlo como fósil viviente y dinosaurio.

Pero si Machado es el clásico sangrón, su jefe, Raúl Castro no le va muy bien, porque el actual jerarca de la isla es el pesado que se cree gracioso. Al menos Machado sabe en su fuero interno, sobre todo al mirarse en el espejo, que nunca será el tipo que hará morirse de la risa a sus amigos.

Sin embargo el hermanito menor del máximo de los máximos, de manera constante busca mover a la hilaridad al auditorio, con chistes que ni los propios ingleses sonreirían. Pero si hacemos un rápido balance de otros dirigentes como Ramiro Valdés, Ulises Rosales del Toro, Leopoldo Cintra Frías y Juan Escalona, por solo mencionar a esos, encontramos en todos el mismo mal de la pesadez, aunque algunos también los califican a todos ellos de otra manera menos noble y que no vale la pena mencionar al inferir de manera directa en la maternidad de pobres mujeres.

¿Cómo es posible que tanta gente pesada se encuentre en posiciones de poder en un país donde ser pesado es un pecado capital? ¿Dónde quedó aquello de que carguen con su pesao?

Tipos que no se ríen o pujan gracias, evitan que los ciudadanos disfruten de la risa tonificadora y jovial. Según estudios cinco minutos de risa equivalen a cuarenta y cinco minutos de ejercicios ligeros que ayudan a circular mas la sangre, da masaje vibratorio a todo el cuerpo, aumenta la capacidad pulmonar. En resumen reír ayuda a la salud.

Existen cuatro teorías conocidas que explican de por qué nos reímos. La de Thomas Hobbes, quien sostuvo que la risa es el resultado directo de la percepción de que otra persona es inferior a uno mismo, la de Kant y Schopenhauer que la risa se dispara cuando el sujeto percibe dos elementos contrarios o incompatibles que por algún motivo aparecen unidos, la de Spencer y Freud que libera alguna tensión o sentimiento acumulado y la de Michael Mulkay, quien considera que cualquier cosa puede volverse graciosa con solo tomársela a broma.

Gracias a todas esas teorías los cubanos de la isla todavía pueden reírse y encontrar las situaciones chuscas al surrealismo del castrismo, porque “la risa es un arma a la que el poder siempre ha temido” dijo el italiano Darío Fo, Premio Nobel de Literatura.

Un ex compañero de escuela desde el colegio de Belén, Enrique Ovares dijo en una entrevista sobre el carácter del retirado en jefe:

“No parecía cubano, no tenía sentido del humor, no sonreía, no bailaba”.

Entonces, de ahí viene la epidemia que contamina a todos los demás jerarcas castristas y los convierte en unos pesados profesionales, diplomados en el arte de ser chorros de plomos.? Su máximo jefe, también es un máximo pesado y de ahí viene todo.

Esperemos que la historia se lleve a todos estos "pesaos" del castrismo, quienes destruyen con sus actitudes pedantes, esa riqueza de la legendaria simpatía del pueblo cubano. Ella, la historia, nos tiene que cumplir aquello de “cargue con su pesao”, es lo menos que puede hacer.

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