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Esta es la cuarta y última parada de Ahmadineyad por los cuatro países de América Latina que decidieron recibirlo (en el caso de Ecuador, como a un héroe).

A las 13:10 del jueves 12 de enero, hora local, arribó al Palacio de Carondelet, sede del gobierno en Quito, en pleno Centro Histórico, el presidente iraní, Ahmud Ahmadineyad, acompañado del canciller Ricardo Patiño, y custodiado por numerosos cordones de seguridad. Antes, Ahmadineyad hizo una breve escala en Guayaquil, el corazón económico del país, que se retrasó pues estaba prevista para las 11:00, y solo se hizo posible a las 12:00 del mediodía.

Un puñado de personas se congregó en la Plaza de la Independencia, en Quito, con pancartas en árabe y banderas de Irán, minutos antes de la llegada de Ahmadineyad, quien se mostró eufórico y rompió el protocolo cuando se asomó a un balcón de Carondelet, para saludar a los que se habían reunido para esperarlo. Con Ahmadineyad llegaron sus Ministros de Energía, Finanzas y de Industrias, Minas y Comercio para, según dijeron, fortalecer los convenios en materia de Salud, Educación y Minería, entre otros, algo que ha sido puesto en entredicho por analistas locales quienes destacaron que el comercio entre Ecuador e Irán no ha despegado en estos cinco años de mandato de Rafael Correa.

Según el Instituto de Promoción de Exportaciones e Inversiones (Proecuador), hasta octubre del 2011, las exportaciones al país persa solo llegaron a USD945.000, una cifra que representa apenas el 0,16% de las ventas que Ecuador realiza a Rusia. La inversión directa de Irán en Ecuador tampoco representa mayor cosa, si se tiene en cuenta que, según la misma fuente, el mayor monto de inversión iraní al Ecuador fue de USD12,740 en el 2010.

Pese a que Irán no es ni de lejos un socio comercial significativo para Ecuador, el presidente Correa desoyó todas las advertencias, incluidas la de los empresarios quienes calificaron las relaciones con Irán como de “zoquetas”. El mandatario, quien en algún momento mencionó la posibilidad de que Irán financiera la construcción de la refinería del Pacífico, iniciativa que no cuajó, esperó a su par iraní en la entrada principal de Carondelet, para invitarlo a un almuerzo privado junto a su comitiva.

Un día antes el embajador de Irán en Ecuador, Majid Salehi, se paseó por varios medios controlados por el Gobierno, para declarar a los cuatro vientos que “América Latina es una pieza clave en la geopolítica mundial, a más de ser una región rica en recursos humanos y naturales”, así como que su país no tiene armas nucleares. “América Latina es importante para Irán por dos objetivos: para construir un mundo más justo y equitativo, y para cooperar mutuamente” fue una de las frases de Salehi.

El embajador también opinó que los “los empresarios prefieren llevar banano ecuatoriano al puerto Mersin (Turquía) porque desde allí es más barata la transferencia por tierra a Irán, puesto que el territorio es enorme. El 90% del banano ecuatoriano que llega al puerto Mersin va al mercado iraní, pero no se registra”, explicó Salehi.

Una intensa agenda cumplieron los dos mandatarios en horas de la tarde, que incluyó una reunión privada, en el despacho de Correa. A las 17:45 celebraron una rueda de prensa para los medios nacionales y extranjeros que se dieron cita en Quito. En ella Correa ofreció a Irán todo el apoyo necesario “en aras de encontrar la paz, el desarrollo y la verdad del pueblo del Medio Oriente”. “Un saludo muy cariñoso y fraterno a todo ese pueblo heroico iraní, siéntase como en su casa, respetamos muchísimo la historia, la lucha, el presente de irán y su pueblo”, dijo Correa a Ahmadinejad.

El mandatario ecuatoriano, usando su típico discurso setentero, dijo que el mundo “no aprende de su historia y más aun de su historia reciente, estas campañas (contra Irán) no son nada nuevo, y no es que dividen al mundo entre buenos y malos, sino que lo hacen entre sumisos y no sumisos; siempre podrán contar con este país hermano para todos los esfuerzos por la paz, por el desarrollo, por la verdad, por la unión de toda la humanidad, sin patrones, sin dueños del mundo”, comentó.

Ahmadinejad, por su parte, dijo que su visita a Ecuador era para “traer un mensaje de amor, cariño, amistad y solidaridad. También agregó que “ha comenzado el periodo de los pueblos revolucionarios que están despiertos en todo el mundo y han encontrado el camino de la paz para construir un mundo mejor, más hermoso, un mundo carente de cualquier tipo de tiranía, opresión, que no haya la matanza y masacre de los pueblos, que no haya humillación sino bienestar y prosperidad para todos”.

Como dato curioso hay que anotar que un grupo nutrido de periodistas acompañó toda la gira de Ahmadineyad -desde Venezuela-, y entre ellos destacaba una bella reportera (cubierta con túnica y velo) quien, con acento de Madrid, hizo en español una defensa entusiasta del régimen iraní, pareciendo olvidar los vejámenes a los que son sometidas sus congéneres en ese país.

A las 18:50, Ahmadineyad fue a visitar la Asamblea Nacional, una institución a la que el politólogo Willington Paredes acusó de “momificada”, y que en los últimos meses cada vez más se parece al viejo Congreso que Correa pretendió sepultar.

Ecuador fue la cuarta y última parada de Ahmadineyad por los cuatro países de América Latina que decidieron recibirlo (en el caso de Ecuador, como a un héroe). La relación de Correa con el líder persa no es reciente. Ahmadineyad fue uno de los presidentes invitados por Correa a su toma de posesión, en enero de 2007, donde dijo que EE.UU. “también está en guerra con Latinoamérica” y ofreció su ayuda a “cada pueblo que decida defenderse”.

En 2008, Correa visitó por cuatro días Irán, allí además de las reuniones con el presidente iraní, mantuvo contactos con el Ministro de Defensa y Fuerzas Armadas de ese país.

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