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La bola: el condimento inmortal


Fotografía de archivo de los hermanos Fidel y Raúl Castro.
Cuentan que el anciano en jefe le preguntó a su hermanito, actual dueño de la isla de Cuba:
-¿Qué es la bola?, dijo mientras clavaba sus ojillos semicerrados en los achinados del “fratello”
-¿Qué es la bola? y tú me lo preguntas, afirmó el otro. La bola… eres tú.
Y es que la “bola” en Cuba circula con singular intensidad desde que en 1959 tomaron el poder los entusiastas chicos de la Sierra Maestra, por cierto hoy todos ellos prostáticos y momificados líderes, quienes colocaron un candado a la información que no cumpliera con sus intereses.
A partir de ese momento los periódicos, revistas, emisoras radiales, canales de televisión, en fin todos, sometieron a la información al ideal revolucionario. En esos medios hasta la más mínima nota tiene un valor ideológico y solo pueden publicar bajo el libreto que autoriza el Partido, es decir lo que consintiera el máximo de todos los máximos, quien como persona modesta no le gustaba aparecer en primera persona en todas las leyes y disposiciones y para eso inventó el Partido que por supuesto ¡oh sorpresa!, dirigía el también.
Claro, el máximo de todos los lideres cubanos cada vez que tenía un chance les recordaba a los periodistas su papel dentro del sistema que el creaba para la ¿felicidad? de su pueblo. De esta manera su ideario quedó claro durante su intervención en el segundo pleno del Comité Central del Partido Comunista Cubano que publicó la revista “Cuba socialista” de septiembre-octubre de 1986.
“La prensa es un instrumento más para los fines del Partido, y en esa función los periodistas cumplen su profesión al ser reproductores de la ideología oficial. La función de la prensa es de apoyo al Partido. Los periodistas deben informar, formar y movilizar a las masas para perfeccionar el socialismo. La función crítica de la prensa como “cuarto poder” no es necesaria para la democracia revolucionaria cubana”, dijo.
Entonces, con estos truenos sobre el papel de los periodistas y la prensa en general, como alguien puede sorprenderse de la vigencia en las bolas dentro de la isla. La información es como la arena o el agua, que cuando se atrapan entre las manos y se cierra siempre se filtra algo.

La “bola” en Cuba se parece al rumor, un síntoma social estudiado por especialistas en otros países hasta la saciedad, lo que pasa es que la bola, a pesar de sus grandes coincidencias con el susodicho rumor tiene un poquito más del condimento que les proporcionan los nativos de esa isla.
Toda buena “bola” que se respete dentro de la isla comienza entre buenos amigos. Uno está conectado al aparato del gobierno en cualquiera de sus ministerios o tiene un pariente pegado a los círculos de poder, quien le dice una información.
El informador de la naciente “bola” mira para un lado, mira para el otro, como Pedro Navajas. y en un susurro dice.
-Oye, no se lo vayas a decir a nadie- sinónimo que significa que se lo diga a todo el mundo- pero van a quitar la tarjeta blanca. Me lo dijo el primo de la secretaria del hermano del ministro, que en una reunión lo escuchó del escolta del tipo.

Eso no se queda ahí. No, nada de eso, a partir de ese instante la bola adquiere su sonido propio y con los acordes de la canción “Sombras” de Javier Solís, se propaga con estas estrofas:

Bolas nada más
Acariciando mis manos
Bolas nada más
en el temblor de mi voz.
Pude ser feliz
y estoy en vida muriendo,
y entre lágrimas viviendo
los pasajes más horrendos
de este drama sin final.
Bolas nada más
entre tu vida y mi vida.

El usual secretismo del gobierno cubano proyecta con más fuerza la veracidad de las bolas que corren tanto dentro de la isla como en los propios lugares donde residen los exiliados. Nadie está a salvo de la bola y sus consecuencias debido a que nadie, excepto ellos mismos los detentores del poder, sabe lo que ocurre en realidad.

Es claro que los estados deben guardar secretos dentro de la propia salvaguarda nacional, pero el misterio cubano es de tal magnitud que hechos públicos y de fácil comprobación, como cuando un miembro de su aparato abandona al régimen, algo muy natural dentro de un régimen controversial, los ciudadanos se enteran por la prensa del país donde se quedó el funcionario y de esa manera proporcionan elementos para la bola.

Muchos consideran que la gran mayoría de las bolas la circula el maquiavélico régimen para comprobar el estado de opinión dentro de la población con alguna que otra medida y luego la miden con sus especialistas que se dedican a esos menesteres.
Por eso el slogan partidista de Cuba está equivocado, porque la bola y no el partido es el que resulta inmortal dentro de un régimen totalitario como el cubano y continuará de esa manera mientras el sistema no permita a sus periodistas informar con objetividad, criticar lo mal hecho y sobre todo no manipular la información para sus propios intereses.
Por eso resultan graciosas las palabras del sublíder cubano en la recién finalizada conferencia nacional del partido donde indicó que “es necesario incentivar una mayor profesionalidad entre los trabajadores de la prensa, tarea en la estamos seguros que contaremos con el apoyo de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), los medios de comunicación y de los organismos e instituciones que deben tributarles información fidedigna y oportuna para, entre todos, con paciencia y unidad de criterio, perfeccionar y elevar continuamente la efectividad de los mensajes y la orientación a los compatriota”, aseguró y uno se pregunta. ¿De verdad alguien puede creer esto?

Detrás de estas efectistas palabras para tranquilizar a un grupo tan golpeado y desajustado de su verdadera labor, como es el caso de los periodistas dentro de la isla, se escucha a media voz.

Bolas nada más
Acariciando mis manos
Bolas nada más
en el temblor de mi voz.
Pude ser feliz
y estoy en vida muriendo,
y entre lágrimas viviendo
los pasajes más horrendos
de este drama sin final.
Bolas nada más
entre tu vida y mi vida.

Lo cierto es que las “bolas” se encuentran presentes en las vidas de los cubanos desde hace más de medio siglo. Una de ellas, que según dicen “corrieron” los enemigos de la Revolución en los inicios, decía que el gobierno castrista le quitaría la patria potestad a los padres para llevarse a los niños a la ex Unión Soviética y convertirlos en carne rusa. Evidentemente fue una exageración si la miramos de manera literal, pero si la comprendemos como una gran metáfora, esa bola fue premonitoria, porque la familia fue rota con la ideología y los padres de una manera solapada perdieron la patria potestad frente al totalitario estado, los niños no fueron llevados lejos para convertirlos en “carne rusa,” se quedaron en la isla donde le transformaron sus deseos infantiles en querer ser como el Che, gracias al lavado de cerebro gubernamental. La “bola” no estaba tan despistada después de todo.

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