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Desde Madrid


Al principio, yo me negaba a formar parte de la turba que lee al laureado sin nunca haber tocado una de sus páginas, compra la obra completa y habla del último título como si hubiera sido escrito mientras compartían el té de las 5:00. En realidad todo lo anterior es positivo, cualquier pretexto es válido para el acercamiento a la Literatura. Sólo que personalmente prefiero la lectura individual y me adelanto o espero a que pasen las euforias.

Esta noche Vargas Llosa decía su discurso de aceptación del Premio en Estocolmo. Pasé horas buscándolo hasta desistir pensando "mañana será otro día, ya lo leeré".

Pero ha sucedido que Valgas Llosa se ha metido en mi sueño, escaso, y a las 5:00 me tenía sentada escribiendo estas líneas, porque las consideraba de "justicia". El lector me perdonará esta anécdota en primera persona pero es que hay cosas que no pueden contarse si no es desde el "yo".

Cuando yo era una estudiante de bachiller estudiaba en un colegio de alto rendimiento en Cuba, uno de aquellos experimentos que se hicieron con los cerebros de la gente (he de decir que, quitándole el hambre que pasábamos, el entrenamiento militar que se recibía y otras cosas similares, era bueno).

Pues resultó que una de las asignaturas extras que pude tomar era una segunda de Literatura y Gramática. Al principio la cosa iba, en la parte de Literatura, de estudios más amplios que los que tomaba el resto de los estudiantes: si en clase "normal" se estudiaban tres fragmentos de El Quijote, en nuestra "extra" se estudiaba todo El Quijote. Y yo, que era una estudiante bastante exigente y perfeccionista, me estudiaba, además, todo lo que hubiera tocado Cervantes.

Pero un día le pedimos al profesor estudiar "cosas" que no estuvieran en el programa de estudios. A la clase, de un colegio de más de tres mil estudiantes, asistíamos alrededor de cinco. El profesor se lo pensó y al cabo de algunas semanas nos trajo un libro herméticamente forrado "para que no se deteriorara" que debíamos leer y pasar al siguiente de la lista: La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa.

Al cabo de una semana discutiríamos sobre el libro y veríamos una película sobre la que debatiríamos, estableciendo un diálogo entre ambos "textos". Para ver la película fuimos a un aula de un Instituto Pedagógico, a pesar de que en el colegio había cine; nos esperarían estudiantes universitarios de las carreras de Humanidades, que nunca estuvieron, con quienes intercambiaríamos valoraciones. Por más que busqué (¡yo necesitaba otras obras del autor, las referencias críticas, etc.!), no encontré nada en las bibliotecas; cosa que me pareció muy extraña. Al preguntarle al profesor, se limitó a decir que aquella clase era de Literatura y que sólo hablaríamos de Literatura… más perpleja quedé.

Estoy segura de que ya hoy la obra literaria, de ficción, de Vargas Llosa circula "libremente" en Cuba. Incluso supongo que se encuentre en las bibliotecas públicas (aunque puede ser que a quien la pida le abran una "ficha" personal). Dudo, sin embargo, que aparezca una palabra suya a favor de la Libertad o contra el castrismo expresamente.

En mi sueño de anoche, le pedía a Valgas Llosa que me firmara un libro que contenía su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura, 2010… porque quería enviarlo a Cuba, a los estudiantes de bachillerato que, tal vez un día, como yo, se den cuenta de que hay más Literatura que la que aparece en los programas de estudio de la "enseñanza" castrista y que eso les hiciera estudiar Letras y husmear entre esas, demasiadas, que nos han sido prohibidas.

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