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Los indignados cubanos y la visita de Benedicto XVI


La ira es la reacción del alma ofendida ante una injusticia. La indignación una suma de iras. Se diferencian en que mientras la ira es individual, apolítica, efímera e intrascendente, la indignación es colectiva, persistente y pude provocar cataclismos sociales.

Se acaba de producir la muerte tras 50 días de huelga de hambre del disidente cubano Willman Villar Mendoza, de 31 años de edad, después de 50 días de una huelga de hambre, en el hospital Juan Bruno Zayas de Santiago de Cuba.

El incidente que provocó la Primavera Árabe que sacudió hasta sus cimientos al Medio Oriente la inició el tunecino Mohamed Bouazizi cuando se inmoló prendiéndose fuego después de perder su puesto como vendedor ambulante de frutas. Basta un pequeño atropello, lo suficientemente repetido, para que rueden por tierra siglos de abusos y crímenes.

La ira es la reacción del alma ofendida ante una injusticia. La indignación una suma de iras. Se diferencian en que mientras la ira es individual, apolítica, efímera e intrascendente, la indignación es colectiva, persistente y pude provocar cataclismos sociales.

Remontándonos a los tiempos bíblicos, el profeta Isaías fue un iracundo no un indignado, porque sus diatribas contra el pueblo de Judá y sus promesas de castigo del Señor de los Ejércitos contra el pueblo de Israel fueron solitarias, jamás se materializaron, y no cambiaron el status quo de su tiempo.

La indignación de Espartaco el esclavo tracio en el 113 A.C. lo llevó a liderar la revolución más importante de su época contra Roma. Igual sucedió con la indignación de los franceses el 14 de Julio de 1789 cuando se produjo la Toma de la Bastilla y la libertad del pueblotriunfó frente al despotismo de la monarquía.

El caso sería preguntarnos, a esta altura ¿el pueblo de Cuba está iracundo o indignado? La pregunta ya ha sido respondida a medias por Yoani Sánchez que recientemente dijo: “¿Cuándo van a indignarse públicamente los cubanos?, ¿cuándo vamos a entender que aquí hay miles de razones para indignarse?”

La muerte de Willman Villar llega en un mal momento para el régimen castrista. Ella ha levantado una ola de protestas dentro y fuera de Cuba. Desde la isla han alzado sus voces José Daniel Ferrer García portavoz de la Unión Patriótica Cubana grupo al que pertenecía el nuevo mártir, de Oscar Elías Biscet, de Berta Soler líder de las Damas de Blanco y otros.

En Miami la congresista Ileana Ross Lehtinen condenó los atropellos que sufrió Villar hasta su muerte, y en Madrid Antonio Guedes de la Unión Liberal Cubana, ha propuesto una jornada de protestas exigiendo una actitud más enérgica de España frente al castrismo. Dentro de este contexto de suma alteración e impredecible, el Papa, tiene programado visitar Cuba el próximo 26 de Marzo.

La visita tenía dividida a la oposición cubana antes de anunciarse la muerte de Villar.

Dagoberto Valdés de la revista católica Convivencia ha dicho: “La misa que va a celebrar el Santo Padre es un acto religioso y sagrado. Por lo tanto debe ser respetada por creyentes y no creyentes. La misa responde al culto de una religión y para nada debe ser utilizada para expresar opiniones políticas de ninguna de las partes”.

El opositor Raúl Caballero que reside en Guantánamo señaló que la visita de Benedicto XVI es una oportunidad para manifestarle al pontífice las penurias del pueblo cubano y lamenta que algunos piensen que no es el momento oportuno porque podría afear su visita.

Desde Miami el establishment exiliado se opone al viaje de cubanos a la isla para reunirse con el Santo Padre, mientras que el prominente empresario Carlos Saladrigas, minutos antes de tomar el avión hacia la isla declaró: “Veo esta visita con mucha esperanza, va a renovar la fe del pueblo en Dios y en la Virgen, va a ser como una luz de esperanza que alumbre los nuevos caminos para el futuro de Cuba”. Y René Hernández Becquet, ex preso político de muchos años y vicepresidente de la Democracia Cristiana dijo: “Estamos totalmente de acuerdo con la peregrinación de exiliados a Cuba para enfatizar la unidad del pueblo cubano de intramuros y de la diáspora”.

Así las cosas solo existen dos certezas: un grupo de “indignados cubanos” están preparándose para estar presentes en la misa de Benedicto XVI en Santiago de Cuba y manifestar su descontento, mientras que el gobierno, calcula con la minuciosidad de un relojero suizo, que medidas implementará para reprimir las protestas con el menor costo de imagen posible ante la opinión pública internacional. Un panorama verdaderamente inquietante.

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