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¿Y ahora qué?


Yoani Sánchez de visita en Martí Noticias
Yoani Sánchez ha realizado una gira internacional que la ha colocado en el pináculo de la disidencia interna de la isla. Ninguna mujer cubana, con toda seguridad, y probablemente ningún hombre de intramuros, ha persuadido al mundo exterior de que el régimen cubano es una dictadura. Eso, por sí solo, ya es bastante.

Serena, concisa en su respuesta, precisa, exacta, rigurosa en la exposición de sus puntos de vista, la joven bloguera abre, inevitablemente, una nueva fase en el acontecer cubano, pero no pretende, ni puede predecir, cuándo se producirá la transición democrática que tantos desean.

No es primera vez que estas cosas ocurren en sistemas como el que impera en Cuba. En 1956, Nikita Kruschev tuvo el valor de denunciar los crímenes de Stalin, a lo que más tarde Alexander Solzenitzen se referiría como un acto generoso del entonces líder soviético. Sin embargo, habría que esperar 33 años, hasta 1989, para que ese comportamiento evolucionara y cayera el Muro de Berlín.

La clave de tales situaciones debe ser interpretada como un proceso y no como hechos aislados. Yoani Sánchez como Nikita Kruschev, Alexander Solzentnizen y Andrei Sájarov llevaron adelante los argumentos a favor de una sociedad pluralista y respetuosa de los derechos humanos, pero eso no se hizo realidad hasta mucho más tarde gracias a la política de contención estadounidense, como lo es hoy el embargo de Estados Unidos al gobierno de Cuba, no a su pueblo.

El embargo económico puede ser interpretado por el gobierno cubano como un “bloqueo”, pero no es otra cosa que una sanción bilateral que no debe terminar hasta que no concluya el gobierno absolutistas de Castro. Levantarlo sería aceptar su hegemonía.

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