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Con la ayuda de Dios


El presidente estadounidense, Barack Obama, sonríe tras pronunciar su discurso de la victoria en el McCormick Place en Chicago.

La victoria del presidente Obama en las elecciones presidenciales de este martes correspondió a las proyecciones de las encuestas, de que los resultados serían muy apretados y ciertamente la diferencia en el recuento preliminar rondaba el 1%, aunque la diferencia en votos electorales fue mayor.

El candidato republicano Mitt Romney tenía esperanzas fundadas de ganar hasta hace una semana, cuando iba varios puntos por delante de Obama en las encuestas, pues había conseguido fijar la atención popular en las dificultades económicas que el presidente no había podido resolver y sembró dudas acerca de su gestión en las relaciones internacionales.
Pero todo cambió la semana pasada con el huracán Sandy, que fue para Obama algo así como una ayuda divina, pues le permitió recuperar el protagonismo como líder y hacer olvidar los puntos que le habían debilitado. Incluso la imagen divisiva que genera cualquier campaña desapareció, gracias a la cooperación obligada con líderes republicanos que incluso, como el gobernador de Nueva Jersey Chris Christie, se lo agradecieron públicamente.
Para el Partido Demócrata había más motivos de celebración, pues no solo mantuvo la Casa Blanca, sino también su mayoría en el Senado, donde incluso ganó varios escaños en contra de las previsiones de hace algunos meses.
Los republicanos tan solo retuvieron el control de la Cámara de Representantes, pero es suficiente para dejar su marca en los próximos cuatro años del gobierno del presidente Obama, que se enfrenta a un gobierno dividido y el riesgo de que su gestión quede paralizada.

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