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Un cubano "Gozando en Guayaquil"


Joel Alleguez

El músico cubano Joel Alleguez se ha echado al bolsillo al público de ese país. Su agrupación está de aniversario.

Pese a que todavía es un hombre joven (nació en 1972) Joel Alleguez tiene todo el cabello cubierto de canas, visibles inclusive cuando lleva puesto su infaltable sombrero. Este músico cubano, licenciado en Educación musical, viste con guayabera blanca, porta el mencionado sombrero y toca su trompeta con emoción no contenida. Llegó a Ecuador en 1994, con 22 años y unas ganas tremendas de “comerse el mundo”. Desempeñó múltiples trabajos para sobrevivir. “Hace 18 años, cuando llegué, conseguí trabajo poniendo alarmas. Nadie me conocía y uno viene muy acelerado de allá (de Cuba). Yo tenía que parar la olla, comer, por eso trabajé en una papelería cargando unas pacas de papel inmensas, que pesaban una tonelada”.

Más adelante se instaló en Guayaquil, una ciudad más parecida a La Habana -por la gente y el clima-, y pudo traer a su mamá. Al principio la cosa estaba tan difícil, que tuvieron que vender una cadena de oro que ella había traído de Cuba. Decidieron poner una carretilla para vender hot dog, en las populosas calles Ayacucho y Tungurahua. “Yo me acuerdo que a veces nos cogían las 10, 11 de la noche y no habíamos vendido nada. Con un frío del carajo, mi mamá con artritis, y yo le decía, “Vámonos ya para la casa”, pero ella, con mucha fe, me respondía, “Mijito, tranquilo, esperemos media horita más, que en esa media hora vamos a vender todo lo que no hemos vendido. Y dicho y hecho, vendíamos todo”.

Pero esos tiempos duros ya quedaron atrás para Joel Alleguez. Hoy por hoy el versátil intérprete (domina varios instrumentos) es el músico cubano más popular en Ecuador. Su presencia es constante en programas de televisión, hace no menos de tres eventos por semana y, por si fuera poco, su agrupación Alleguez Son está de fiesta: cumplió 10 años, que Alleguez festejó con un multitudinario concierto en el Centro de Convenciones (antiguo aeropuerto).

Joel Alleguez ha popularizado varios temas (con baile incluido) como el “Tiky Taka”, “La cosa” y “Gozando en Guayaquil”, que han estado durante mucho tiempo encabezando los hit parade. Lo que empezó como una “noche cubana” hoy es un fenómeno musical imparable. Aprovechando la celebración de los 10 años de su agrupación, tomándose un respiro de la dirección de la academia musical que dirige, Alleguez hace un repaso de su vida y su carrera.

P- ¿Cómo fue su salida de Cuba para instalarse en Ecuador?

R- Yo llegué aquí en el 94, a Quito, la idea que tenía, como todos los cubanos, era saltar a los EE.UU., pero con el paso del tiempo me fui quedando, me enamoré, conocí Guayaquil, me enamoré de su clima, de su gente y me quedé tocando la trompeta. En esa época casi toda grabación que se perdía me llamaban a mí, para meterme, tanto en temas artísticos como comerciales. Luego no solamente grababa sino que tocaba con algunas agrupaciones, hasta que un día recibí una carta de mi padre, que fue músico en Cuba, una carta de papel, escrita de su puño y letra (porque no había email), donde me decía que no me complicara con orquestas, que era muy difícil cargar con tanta gente, que hiciera como solista algún proyecto. Pasó el tiempo, nunca le hice mucho caso, hasta que un día un músico ecuatoriano me dijo: “Hagamos una noche cubana”.

P- ¿La idea era que fuera una agrupación solo de música cubana o con algo de fusión?

R- Es que la idea no era crear un grupo, sólo hacer una noche cubana y no iba más. Pero de esa noche salió otra, y otra, y así se fue complicando el proyecto. La gente nos comenzó a llamar para matrimonios, y me decían que en esos eventos se tocaba también cumbia, merengue. Yo primero estaba un poco renuente a implementar estos ritmos, pero me di cuenta de que ese negocio se pagaba muy bien. Y llegó el momento en que Alleguez Son siguió adelante, sin querer. Llegó el tema del vestuario, usar la guayabera, los zapatos de dos tonos.

P- La imagen que usted proyecta, que es muy cubana.

R- Más que cubana, caribeña. Pero sí, de hecho nuestro primer disco es exclusivamente de música cubana. Se llamó “Segundo ensayo” y es del año 2002. Se llama así porque lo que hay grabado es el segundo ensayo del grupo. Nosotros programamos hacer ese primer concierto, pero entre el primer ensayo y el segundo pasó casi una semana en que no nos volvimos a reunir. Un día me fui a ver a Diego Jaramillo, músico colombiano, compositor de temas nuestros, como “Te fuiste”, “Antes de tu amor”, y me invitó a su casa. Estábamos allá compartiendo y Patricia, su esposa, es de esas mujeres que te eleva. Entonces me dijo: “Joel, tienes que grabar un disco y venderlo”. Me las ingenié, conseguí unos equipos, grabé todo en vivo, en el segundo ensayo, hice una remasterización. Ahí había temas como: “Lágrimas negras”, “Juramento”, “Son de la loma”, “Chan Chan”, “Dos Gardenias”.

P- ¿Ese temprano vínculo con los temas de Miguel Matamoros viene de su matrimonio con una hija de Miguel, Seve Matamoros?

R- Sí, que ahora vive en los EE.UU. Al tener ese vínculo yo escuché mucha música de Miguel, canciones que ni se conocían. Vi muchas fotos y sé muchas historias personales, de familia. Para mí fue como una universidad.

P- ¿Por qué la música de Matamoros todavía sigue ahí, no pasa de moda?

R- Para mí (Matamoros) es el compositor más importante y el más popular de la música cubana. Una persona que con unas guitarras y unas maracas recorrió el mundo entero cuando eso era algo muy difícil. Detrás de todas las canciones de Matamoros hay una historia real, pasa con “El trío y el ciclón, por ejemplo. “Son de la loma” es la historia de los pregones. Casi todas las canciones de Miguel están basadas en sus vivencias. Mucha gente no sabe que ese estribillo de “Vamos, negro pa la conga…” (que canta Ricardo Montaner) es de Matamoros, y así.

P- ¿Cómo fue aceptado en Ecuador aquel primer disco?

R- Muy bien, mira yo no sé cómo llegó ese disco a las radios. Como estaba muy apretado de plata, hice muy pocas copias. En el primer concierto pusimos a la venta el disco y reventamos, todo el mundo se llevó discos. Eso fue en mayo, y en diciembre quedamos -en una radio llamada Sabor Mix- en primer lugar, con uno de los temas cubanos que habíamos grabado. El segundo disco llegó igual, haciendo música cubana tradicional, pero ya también poniendo temas nuestros. Se llamó “Gozando en Guayaquil”, grabado totalmente en estudio. Lo lanzamos en un club muy exclusivo, en ese momento no éramos un grupo popular, sino de élite. Y vino el tercer disco, “Acércate”, con canciones inéditas. Después me di cuenta de que grabar discos ya no era algo tan rentable y me he dedicado a sacar singles. El primero fue el “Tiky Taca”, un éxito completo. Y algo curioso: toda la parte del inicio es de Miguel Matamoros, de “Hoy la rumba”. Ese tema tiene su historia. En los eventos que hacíamos, un día se me ocurrió hacer un baile, y le dije a la gente, “Cuando yo diga Tiky ustedes pa adelante, y cuando diga Taca, movemos la cintura pa atrás”. Y uno de los músicos me dijo: “Oye, esto es jonrón, hermano, hay que grabarlo”. Después grabamos “La cosa”, que también fue éxito y que hizo a nuestra agrupación muy popular. Yo quería llegar a la gente y entonces hicimos esa transición con “La cosa”. Para el video busqué un barrio de Guayaquil, muy popular, que se llama Florida, una manzana que no tenía salida. La cerré, mandé a mi gente, compré como 10 jabas de cerveza para que la gente se desinhibiera y salieran de su casa. Luego llegué yo con mis muchachos, hicimos dos o tres tomas interactuando con la gente, y en edición se hizo el resto.

P- ¿Qué siente siendo un músico cubano tan popular en Ecuador?

R- El mercado de acá es virgen, hay muchas cosas por hacer todavía. Yo no es que esté cansado, pero me estoy dedicando más a mi familia, a mis cosas personales, tengo una academia musical que hay que echar pa adelante, y tengo otros proyectos que quiero hacer como empresario. Estoy muy metido en seguir produciendo para darle una buena educación a mis hijos. Procuro seguir haciendo música, pero estoy tratando de levantar algo más.




P- ¿A qué se debe el hecho de que muchos países latinoamericanos (Colombia, México, Perú, Ecuador) mantengan tan viva la música cubana tradicional?

R- Todo lo que es folclor y es auténtico, llama la atención. Lo que pasa es que en una época decían que si se quería ser músico había que ir a cantar a Cuba. Nat King Cole es un caso. Las mejores grabaciones se realizaban en Cuba, por la misma infraestructura que había. Y la música cubana de aquella época fue la que más se difundió en el mundo. Definitivamente es una música muy autentica, hecha por gente que muchas veces no tenía ni un quinto o sexto grado. Letras totalmente poéticas, con armonías sencillas, un ritmo muy pegajoso, por ahí va la cosa.

P- ¿Le gusta la música cubana que se está haciendo recientemente en Cuba?

R- No estoy muy al tanto de lo que se hace en la actualidad. Yo tuve la suerte de poder traer a mis hermanos y mi familia más cercana, y estoy un poco desvinculado, como que me quedé en el 94, lo que se escuchaba cuando me vine. A veces me meto en internet y miro videos de lo que se hace, pero no estoy muy al tanto.

P- ¿Todavía tiene el sueño de irse a vivir a EE.UU.?

R- No, no. Yo soy un tipo al que no le gustan los cambios bruscos. Ya yo viví mi odisea. Ahora las cosas son color de rosa, pero cuando llegué me tocó muy duro.

P- ¿Cómo fue aquella historia con el mariachi?

R- Nada, que un amigo me propuso tocar en un mariachi. Y yo al principio estaba renuente. ¿Cómo iba a tocar yo en un mariachi? Pero le empecé a coger el gusto. Eso sí, había que viajar bastante y en una noche hacíamos cuatro, cinco, seis eventos. Ya eso era representativo, podía llevar plata a la casa, comencé a dejar a mi mamá sola en la carretilla, hasta que un día estaba tocando con un mariachi y se me acerca el dueño de una orquesta. Me dejó una tarjeta. No toqué más en mariachis y me fui a trabajar con ellos. Dos o tres años. De ahí me “robaron” para otra orquesta que me pagaba un poquito más. Y así fui saltando. También por casi 15 años di clases de música en colegios exclusivos.

P- Una de sus satisfacciones más recientes fue haber conocido a Gloria y Emilio Estefan.

R- Sí, mira, yo me acuerdo que tenía un walkman con el disco “Mi tierra”. Yo me acostaba en las noches con los audífonos, a escuchar y a estudiar las guitarras, el vuelo de cuerdas, los violines, todo, todo. Y me parecía espectacular. Cuando escuchaba otra música siempre le veía algún defecto, la afinación o un palazo mal dado, o un coro por allá. A este disco yo no le veía nada, me parecía un disco perfecto. Gloria Estefan, ¡guao! y Emilio, imagínate, inalcanzable. Nunca me pasó por la mente estando aquí, sin tener mayor conexión afuera, que los iba a conocer. Un día vinieron ellos aquí, y cuando terminaron su presentación se fueron a Galápagos. Regresaron a Guayaquil y esa noche les hicimos una fiesta. Compartimos y toda la cosa, son gente campechana, sin poses, muy abierta, muy querida. Tengo una anécdota con Emilio Estefan. Él se subió a tocar las congas con nosotros (él fue conguero en Miami Sound Machine) y cuando terminó de tocar las congas, le puse una mano en el hombro y le dije: “Emilio, quedas contratado”. Se partió de la risa y me dijo: ¡Que atrevido!

P- ¿Qué opina acerca de la difícil situación en la que viven los cubanos que llegaron a Ecuador después de 2008?

R- En Guayaquil no es tanto. En esa ciudad se tiene la imagen del cubano trabajador, profesional, luchador, serio y todo lo demás: jodón, buena gente, bonachón, parrandero. Pero en Quito lamentablemente, no. Como en todas partes del mundo hay gente buena y mala. Uno no puede catalogar a todos los colombianos como miembros de las FARC o narcotraficantes, sin embargo es difícil no hacerlo, a veces, en chiste. Pero en Quito sí fue muy fuerte el tema de la animadversión hacia la “cubanada”. También porque, mira, si Quito y Guayaquil son tan diferentes, siendo el mismo país, imagínate la actitud de los quiteños hacia los cubanos. El quiteño es muy protocolario, muy formal, de hablar en voz baja, de no gesticular, de andar con corbata, de estar en su casa con camisa. En cambio los cubanos salen a la calle sin camisa, alzan la voz, juegan dominó en la calle, entonces todas esas cosas no son muy bien vistas en Quito. Puede ser un tipo que sea muy buena gente, muy correcto, pero al momento en que sale de su casa sin camisa, la gente lo ve como algo anormal. Al principio a mí mismo también me costó, con eso de alzar la voz y gesticular. Además no se puede desconocer que vinieron unos elementos muy difíciles, se coló de todo, gente que se vio obligada a inventar. Se dieron miles de situaciones y yo me las imagino porque las viví. Nosotros, que somos como somos y nos creemos la última coca cola del desierto (porque eso hay que decirlo también) hemos contribuido en algo. Uno tiene que adaptarse al país donde llega, no al revés.

P- ¿Usted ayuda a los cubanos recién llegados que están en una situación complicada?

R- Cuando yo llegué aquí no había Facebook, celulares, nada de eso. No conocía ningún cubano, solo a uno. Hoy en día te metes y pones Cubanos en Ecuador, y tienes la manera de buscar un vínculo para que te ayuden, te ubiquen, o por último, encontrarte a alguien de tu gente y conversar. Algunas personas me han contactado y todos los que yo he podido ayudar y ubicar, lo he hecho. Por ejemplo, aquí en la Academia hay un profesor que se llama Carlos López Cuní, que es un guitarrista de Pinar del Río. El me contactó por el Facebook, lo llamé, es un tipo muy correcto, muy serio y está trabajando conmigo. Otro paisano me escribió, me dijo que era ingeniero de sonido y cuando vino acá resulta que no era tal. Terminó siendo utilero. Tampoco lo abandoné porque era un tipo honrado y trabajador. Pero eso te da una idea de que los cubanos somos del cará.
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