sábado, agosto 30, 2014, 4:09 am

Opiniones / Joan Antoni Guerrero

Internet, ratonera para tiranos

Ya pueden retirar las tarimas, los púlpitos y los altares, a todo el mundo se le adjudica por igual la capacidad de lanzar mensajes en 140 caracteres.

A pesar de las muchas razones que puedan existir para el desánimo, a pesar de que las condiciones en Cuba sean distintas a la de muchos otros países, no está de más estar atentos a los cambios inevitables que un régimen como el castrista deberá en algún momento asumir gracias a una nueva tecnología que nos arrastra a los ciudadanos hacia una nueva manera de concebir el mundo y de relacionarse con los demás, y también especialmente con el poder.

Quizás Internet no es un acontecimiento tan trascendental como lo fue en su momento la irrupción de la rueda en la vida de los seres humanos. De hecho, Internet y la rueda son cosas muy distintas, nada tienen que ver, por supuesto, pero ambas comparten un denominador común: son innovaciones tecnológicas que cambiaron profundamente el desarrollo de la humanidad. Hay innovaciones que cambian el mundo e Internet es una de ellas como lo fue la rueda en su momento.

Aunque de forma muy tímida y con conceptos erróneos, el régimen de La Habana está moviendo fichas en el mundo de Internet. Claro que no mueve todas las que nosotros querríamos y mucho menos con la celeridad que desearíamos, pero lo valioso de todo ello es el grado de inestabilidad que le puede suponer para su supervivencia si finalmente se le deja hablar a todo el mundo allá donde solo se esperaba que hablara uno.

El periodista Jeff Jarvis acaba de publicar su análisis más reciente sobre las transformaciones que estamos viviendo en la era de Internet en el libro Public Parts.How Sharing in the Digital Age Improves the Way We Work and Live. En el mismo no sólo aborda las transformaciones en el mundo que ya es libre, sino también lo que implica también un cambio de comportamiento para regímenes tiránicos. Aunque no cita ningún caso en particular, el autor considera que los mismos retos de transparencia que afectan a los gobiernos democráticos amenazan ahora a los gobiernos totalitarios.

Los gobiernos tienen que operar ahora de una forma diferente a la que lo han hecho hasta el momento. De acuerdo que el ejercicio del gobierno requiere de cierto sacratísimo, pero según Jarvis, más allá de la guerra, el crimen y la protección del individuo, no hay razones para que los funcionarios públicos escondan a aquellos para quienes trabajan aquello que saben y lo que hacen. "Cada vez más, trabajar detrás de la cortina será más costoso para los líderes en cualquier sociedad, incluso en las tiranías", escribe el autor.

Las masas están comunicadas entre ellas, se rompe la verticalidad en la emisión del mensaje, así que los tiranos no parecen tener mucha cabida en este nuevo mundo. Ya pueden retirar las tarimas, los púlpitos y los altares, a todo el mundo se le adjudica por igual la capacidad de lanzar mensajes en 140 caracteres. Es una idea que emociona a cualquier demócrata, pero que en cambio aterra a cualquiera que conciba el mundo como una estructura piramidal con una cúspide ocupada por líderes e iluminados, normalmente con gestos populistas.

Ahora la tecnología permite organizarnos para mejorar nuestro entorno al margen de las instituciones. Es gracias a Internet, al que algunos llaman "el octavo continente", que tenemos la oportunidad de cambiar en cierto modo lo que nos rodea. Al mismo tiempo, la tecnología nos está obligando a cuestionarnos conceptos asimiliados desde hace siglos en cuanto a las normas individuales y de la sociedad, nuestros derechos, privilegios, poderes, responsabilidades, preocupaciones y prospecciones.

Mientras los regímenes totalitarios dicen a la gente lo que tienen que pensar y hacer, las sociedades modernas, y conectadas a la red, capacitan y ennoblecen a los ciudadanos para que hagan lo que quieran hacer, solos o juntos. De momento, en Cuba, las autoridades se escudan en un problema económico para no ofrecer esa capacidad a los ciudadanos de expresarse y construirse al margen de las instituciones. Lo dijo la semana pasada el propio ministro de Asuntos Exteriores cubano, Bruno Rodríguez, que no había dinero para dar Internet a todo el mundo en la Isla.

La realidad, como apuntaba luego Yoani Sánchez en Twitter, es que existe un mercado potencial en la Isla, por lo que es absurdo escudarse en la falta de recursos económicos, cuando hay ciudadanos que estarían dispuestos a pagar por un servicio de conexión privado, en sus hogares, algo que no está hoy por hoy permitido. Es evidente que el gobierno cubano todavía no está preparado para que los cubanos investiguen libremente por la red, en la intimidad de sus casas, fuera del control de los funcionarios estatales. Demasiadas ideas les vendrían a la cabeza.