lunes, septiembre 01, 2014, 7:27 pm

Opiniones / Joan Antoni Guerrero

Nuestros ojos en el terreno

Las nuevas tecnologías son nuestros ojos sobre el terreno y han tenido un papel importante durante los últimos meses en la Isla al permitir la difusión hacia el exterior de los vídeos de protestas públicas que casi devienen en inéditas manifestaciones ciudadanas.

Durante el año 2011, el régimen cubano ha logrado consolidar su brigada de respuesta cibernética cuyo objetivo no es otro que el de inundar las redes sociales con propaganda que beneficie los intereses de la élite castrista.

Los tuiteros del régimen son fácilmente reconocibles, actúan de forma coordinada, defienden enérgicamente el sistema por el que se rige Cuba desde hace 53 años y su actividad en las redes cumple en muchos casos el escrupuloso horario de oficina.

Lo de ser tuitero por cuenta propia todavía no se ha liberado, a no ser que se quieran correr muchos riesgos. Pero al otro lado, también los opositores se han dotado de herramientas para convertirse en lo que algunos denominan netciudadanos y por ello, claro está, pagan diariamente con persecución y abusos.

El año que justo acabamos de pasar ha sido a nivel global muy malo para los blogueros en países en los que hay ausencia evidente de libertad y falta de respeto a los derechos humanos, ya sea por violaciones por parte de los órganos estatales o bien por la acción de bandas criminales. Reporteros sin Fronteras reportó en diciembre que cinco netciudadanos fueron asesinados (tres de ellos en México), 199 blogueros arrestados y 62 agredidos.

Entre estas cifras podrían contarse también los arrestos y abusos a los que han sido sometidos blogueros cubanos, pero también activistas y opositores como Antúnez o José Daniel Ferrer, quienes, a lo largo del último año, se han convertido en activos usuarios de la tecnología para difundir informaciones, opiniones o alertas sobre el acoso insistente ejecutado persistentemente por los órganos represivos del régimen.

Las nuevas tecnologías son nuestros ojos sobre el terreno y han tenido un papel importante durante los últimos meses en la Isla al permitir la difusión hacia el exterior de los vídeos de protestas públicas que casi devienen en inéditas manifestaciones ciudadanas. Ese fue el caso del toque de cazuelas que Ivonne Malleza y otra opositora hicieron en un espacio público y que suscitó la simpatía de centenares de ciudadanos que se concentraron frente a la estación policial donde fueron conducidas después de ser detenidas.

Otro vídeo ampliamente difundido y todavía recordado fue el de la protesta que tres opositoras hicieron en las escalinatas del Capitolio de La Habana, y finalmente, la protesta que tuvo lugar en el Parque de la Fraternidad, también con Ivonne Malleza como protagonista.

Esta fue la que colmó la paciencia del régimen y hoy Malleza y otros opositores se enfrentan a un proceso judicial por estas acciones. Últimos reportes desde la Isla señalan que Malleza está en una celda de castigo en la prisión de mujeres de Manto Negro, en La Habana.

Ante esta situación, privar a los opositores del uso de la tecnología para comunicarse con el mundo está hoy por hoy entre uno de los principales objetivos del régimen castrista. A pesar de la práctica inexistencia de conectividad de Internet, la oposición y los discursos alternativos han conseguido encontrar una vía para sortear la censura y el control y distribuir sus informaciones y opiniones. Ahora bien, se sortea la censura hacia el exterior pero se mantiene la más grave: la censura interior.

El muro a la comunicación sigue sólido en Cuba y los nuevos artilugios también han supuesto en este 2011 un frente al cual el régimen quiere desarmar sin más dilación. Varios blogueros han reportado en los últimos meses la prohibición de llevar a centros de trabajo estatales memorias portables o cualquier dispositivo que pueda contener información.

En paralelo a todo esto, el régimen ha creado su brigada de tuiteros progubernamentales, que tienen un mandato tan concreto como imposible, contrarrestar cualquier crítica que circule en la red, bajo la premisa que cualquier crítica a la dictadura es un acto de ciberguerra o campaña mediática.

El régimen pretende esterilizar el debate sobre Cuba de cualquier información negativa. Los periodistas oficiales actúan de voceros y propagandistas, trabajando en sentido contrario por el que anda la profesión periodística en el mundo moderno.

Para ellos todo lo que el gobierno hace está bien y se limitan a justificar cualquier demora o retraso. La Revolución es un templo religioso y Fidel Castro, Dios. En el periodismo cubano ni se pregunta ni se cuestiona a la autoridad. El sometimiento es total, hasta la servidumbre.

Veremos este 2012 con qué nuevas estrategias y hasta dónde será capaz de llegar el gobierno cubano para seguir atacando el campo de la comunicación y seguir minando cualquier posibilidad de que los ciudadanos de la Isla accedan a fuentes alternativas de información.

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