lunes, julio 28, 2014, 12:25 pm

Opiniones / Joan Antoni Guerrero

Inflación por las nubes

No parece que, tal y como siguen las cosas en la Isla, el gobierno se pueda permitir el lujo de dar publicidad a unos datos tan desastrosos y perniciosos

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Hágase el ejercicio de visitar la versión electrónica de Granma en Internet e ingrese en la ventanilla de Búsqueda la palabra "inflación". El sistema recuperará rápidamente un largo listado de titulares que efectivamente contienen el término, aunque combinado siempre con el nombre de otras naciones, distintas a Cuba. El incremento de precios de los bienes y servicios en España, Francia, Panamá, Uruguay, Guatemala, Bolivia, Estados Unidos o incluso Alemania son a menudo objeto informativo en el órgano oficial del Partido Comunista de Cuba (PCC), pero resulta una odisea, por no decir que imposible, encontrar ese dato relacionado concretamente a la realidad del propio país. Una cifra que, además, representa un problema grave ya que todos los lectores de ese periódico tienen que enfrentar diariamente las consecuencias negativas del incremento de esa inflación. Si un periódico no aborda lo que afecta a sus ciudadanos, entonces ¿para qué sirve?

No es una información que el gobierno deje totalmente oculta, porque los datos están ahí, en Internet, para quien quiera (o, en el caso de Cuba, más bien para quien pueda) consultarlos. Del sitio web de la Oficina Nacional de Estadística (ONE) los han sustraído las agencias de prensa internacionales que acaban de divulgar un aumento escandaloso de los precios de los alimentos en la Isla, del orden de un 20% a lo largo del 2011. No parece que, tal y como siguen las cosas en la Isla, el gobierno se pueda permitir el lujo de dar publicidad a unos datos tan desastrosos y perniciosos, no solo para la economía nacional, sino también y sobre todo para los bolsillos del ciudadano corriente, cuyas espaldas ya soportan las consecuencias de una ineficiencia del sistema, que presenta pérdidas por todos sus costados. Y lo que es peor, no se observa salida posible.

La noticia de la inflación de los alimentos en 2011, y la subida generalizada de los precios, constata también el fracaso estruendoso de las reformas de Raúl Castro que, si bien tenían la pretensión de aumentar la producción nacional, para disminuir al mismo tiempo la importación, finalmente han acabado generando, al parecer, el mismo problema de desabastecimiento y alejando cada vez más a los cubanos de la idea de que una existencia en la que lo que se come resulta asequible para sus bolsillos es una linda utopía, pero que en su país no se puede asumir. Algunos países consideran la batalla contra la inflación una de sus luchas fundamentales para el bienestar de la población. Es dudoso de que sea así en Cuba.

En la Isla esta inflación también se ha visto acompañada, este año pasado, por la introducción paulatina de impuestos en las recién estrenadas actividades económicas que engloba el cuentapropismo, tasas que también han llegado a desestimular a los que han iniciado estos negocios privados, según apuntan reportes independientes desde Cuba. Si ya existen posibilidades de que un negocio se estrelle en países donde existe una economía que -más o menos- funciona, ¿qué va a pasar en un país como Cuba donde el cuentapropismo se acerca más a un juego infantil en el que los niños hacen de tenderos y donde además la mayoría de ciudadanos no tienen dinero para consumir ni bienes ni servicios para contribuir a engrasar la economía?

Ante este panorama desolador sería tranquilizante al menos ver que esta cuestión aparece en la prensa del país, que los ciudadanos son conscientes de ello y que el gobierno está tomando medidas para solventar la situación. También sería alentador conocer si existen medidas que de alguna manera vayan a proteger a los sectores de la sociedad más desprotegidos ante este aumento del precio de los alimentos. Pero la prensa oficial cubana sigue ajena a todos estos planteamientos. Nadie puede trasladar estas cuestiones fundamentales a ningún organismo oficial. La reforma sobre lo que puede o no plantear la prensa está claro que todavía no ha llegado. Ahora la pregunta es saber si llegará jamás.