jueves, diciembre 18, 2014, 6:04 pm

Opiniones / Joan Antoni Guerrero

Del levantamiento chino al cubano

Una cultura de la protesta ciudadana global crece de forma continua y los estamentos políticos en todas partes del mundo mueven ficha en el tablero para asimilar, de alguna manera, todo este cambio.

Manifestante en apoyo al censurado diario chino Southern Weekly en la ciduad de Guangzhou. Manifestante en apoyo al censurado diario chino Southern Weekly en la ciduad de Guangzhou.
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Manifestante en apoyo al censurado diario chino Southern Weekly en la ciduad de Guangzhou.
Manifestante en apoyo al censurado diario chino Southern Weekly en la ciduad de Guangzhou.
¿Seguirán en algún momento los periodistas cubanos la senda de sus colegas chinos? Recientemente se ha producido un inesperado levantamiento de los profesionales de la información en China. Los trabajadores de un semanario liberal realizaron una huelga para mostrar su repudio por la censura de las autoridades locales, mientras algunos centenares de personas se añadieron a la protesta pública concentrándose en las inmediaciones de la sede de la publicación. El plantón, en la calle, revela un nuevo frente abierto contra la tiranía china.

La prensa internacional ha leído estos hechos como una muestra inédita en el país asiático de los retos a los que debe enfrentarse ahora un régimen basado en el partido único, así como en el control absoluto de todos los medios de comunicación por parte del aparato estatal. Esta movilización con escasos precedentes podría tener sus raíces en una toma de conciencia en las redes sociales las cuales, aunque con claros límites, experimentan un auge en China y suponen cada vez más un pie en el zapato de los autócratas.

Las redes sociales, Internet, son un buen espacio para la toma de conciencia. Pero lo mejor de todo es que esta toma de conciencia en el espacio virtual puede llevar más adelante a la acción concreta. El ciberactivismo tiene que conducir inevitablemente hacia la acción en el mundo físico, corpóreo. Cuando los afectados por un problema o las víctimas de una injusticia descubren que no están solas, cuando encuentran en sus manos las herramientas para coordinarse y encontrarse, pues entonces es cuando se puede divisar cierta esperanza allá en el horizonte.

Una cultura de la protesta ciudadana global crece de forma continua y los estamentos políticos en todas partes del mundo mueven ficha en el tablero para asimilar, de alguna manera, todo este cambio. En las democracias, los políticos no ven otra mejor salida que la de asumir la transparencia que reclama la ciudadanía. Ese sería el único factor que les quedaría para mantener la credibilidad, a no ser que se crean capaces de lidiar con los efectos que cualquier mentira puede provocar entre una masa de ciudadanos enfurecidos e interconectados.

Algunos, en otras latitudes, no se dan por enterados y continúan con sus recetas de represión y encarcelamiento. Así vemos las actuaciones en el mundo árabe, con penas de cárcel para tuiteros y blogueros en Kuwait y Bahrain, o al otro lado el comportamiento del régimen castrista en Cuba, empeñado en mantener la desconexión eterna de los cubanos en la Isla bajo el pretexto de los costes y el embargo comercial de los Estados Unidos.

Aun así Cuba pretende avanzar en la “militarización” de Twitter con la composición de batallones virtuales que van a la red social como quien va a una guerra.

De esta concepción son partidarios también los partidarios de @chavezcandanga (el alter ego de Hugo Chávez en las redes) los que, por estos días, y ante la incertidumbre que genera la desaparición física del presidente venezolano tras su operación en Cuba, han llamado a combatir a los críticos con el chavismo “a tuitazo limpio”.

El poder y los que lo detentan tienen hoy un reto para lograr el dominio de miles de voces, acaso millones, que tienen capacidad para hacerse escuchar, coordinarse y pasar a la acción. Nos encontramos solo al principio del impacto de las redes sociales en lo político. Este 2013 nos podría dar nuevos ejemplos de su fuerza e impacto. Dentro de 365 haremos un nuevo balance y probablemente otros muros habrán sido tumbados. Y es que esto va ‘in crescendo’.
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