jueves, abril 24, 2014, 2:09 am

Opiniones

Checoslovaquia – dos décadas de un divorcio de terciopelo

Hace 20 años Checoslovaquia firmó un divorcio muy civilizado, y se formaron dos estados, , la República Checa y Eslovaquia.

De izquierda a derecha las banderas de la República Checa, Eslovaquia y la Unión Europea.De izquierda a derecha las banderas de la República Checa, Eslovaquia y la Unión Europea.
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De izquierda a derecha las banderas de la República Checa, Eslovaquia y la Unión Europea.
De izquierda a derecha las banderas de la República Checa, Eslovaquia y la Unión Europea.
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En Europa del Este, al derrumbarse el sistema socialista, quedaban tres estados multinacionales y Checoslovaquia era uno de ellos, junto a la Unión Soviética y Yugoslavia. Aquella división fue la más tranquilo y pacífica de todas las particiones europeas de entonces. La guerra de Yugoslavia y los conflictos internos en la URSS todavía perduran. Los checos y los eslovacos hicieron el divorcio estatal en 1993 de la misma forma que su revolución de 1989 – de terciopelo.

Veinte años después, se reunieron los primeros ministros de la República Checa y Eslovaquia en Brno, en Moravia y anunciaron que fortalecerían en el futuro la cooperación. No se quejan de la decisión de entonces, la consideran correcta, pero entienden que hay andar por un sendero común.

Los dos premieres analizaron puntos comunes para futuras cooperación, incluida la unificación de los dos ejércitos, dada la proximidad de las dos lenguas y tradiciones, a propuesta del gobernante eslovaco; así como la  combinación del uso de la energía de los dos estados. Los ministros de defensa de los dos países, miembros ambos de la OTAN, firmaron un acuerdo de seguridad de los puestos fronterizos, adquisición conjuntamente de tecnología de sistemas de radares y planificaron actividades conjuntas en el sistema de transporte militar.

De 1989 a 1992 las diferencias entre checos y eslovacos eran constantes y por cualquier motivo, desde el presupuestos, los impuestos y hasta el nombre del país. En el verano de 1992 comenzaron las negociaciones para la separación de los dos estados, cuando todavía era presidente de Checoslovaquia Vaclav Havel.

Los jefes de gobierno de la parte checa en 1992 eran el actual presidente, Vaclav Klaus y su contraparte eslovaca Vladimir Meciar. Ambos tenían diferentes opiniones sobre la federación y la confederación de las dos naciones y muy diferentes eran sus programas políticos. El primero muy liberal y el segundo muy nacionalista y autoritario. Havel se oponía a la partición, llegó a dimitir,  y pensaba que era posible la alianza, y solo uno de cada tres checos o eslavos quería la disolución. Havel pasó de ser el último presidente de Checoslovaquia al primer mandatario de la República Checa. Klaus fue premier y ahora presidente, su entonces colega eslovaco Meciar fue derrocado en las urnas en 1998 y desde entonces ha ido perdiendo adeptos a tal punto que su agrupación política hoy día no tiene asiento en el parlamento eslovaco. 

El estado de Checoslovaquia, formado en 1918 desapareció con las campanadas de las doce de la noche del nuevo año 1993. Fuegos artificiales en Bratislava y en Praga por el divorcio que satisfizo a las dos partes.  En dos décadas, las dos naciones han ido, por senderos diferentes a centros similares. La República Checa y Eslovaquia pertenecen a la OTAN, aunque entraron en años diferentes y también militan en la Unión Europea. 

En honor al 20 aniversario de la República Checa, el presidente Vaclav Klaus anunció una amnistía para todos los reclusos que le quede menos de un año para cumplir la condena y los tengan más de 75 años y no han sido sentenciados a más de 10 años de cárcel.  Amnistía que ha sido criticada pues lo consideran otro exceso de este mandatario que ahora deja el Castillo de Praga, tras 10 años de presidencia.

Otras actividades por estas décadas se han planificado para días y semanas venideras. Los dos parlamentos se reunirán para recordar la fecha y aunque en dos idiomas diferentes, pero muy similares, volverán a entonarse canciones eslovacas en Praga y checas en Bratislava.

La cordura de checos y eslovacos, que aunque no querían divorciarse entendieron que era lo más saludable para ambos es uno de los buenos ejemplos de los cambios de aquellos años. No todos terminaban con el repique de campanas a la media noche, fuegos artificiales en la plaza y jarras de cerveza Pilsen.
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