miércoles, junio 19, 2013, 1:33 am

Opiniones / Iván García

Carlos Saladrigas y las dos Cuba

Mientras a un cubano que grita democracia y libertad en la vía pública lo trituran a cabillazos y golpes de kárate propinados por expertos de la inteligencia en peleas callejeras, lentamente y a puertas cerradas, gana espacio el pensamiento liberal, respetuoso y tolerante

Conferencia de Carlos Saladrigas en el Seminario San Carlos, Habana Vieja. Cortesía de Juan Antonio Madrazo.
Conferencia de Carlos Saladrigas en el Seminario San Carlos, Habana Vieja. Cortesía de Juan Antonio Madrazo.
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Ahora mismo existen dos Cuba. La visible, del inmovilismo oficial, el desencanto popular y el futuro desconocido. Y la que se gesta en los pocos espacios autorizados por el régimen para debatir a camisa quitada, y donde a quienes piensan diferente no les llaman ‘mercenarios’, ni los acusan de ser agentes de Estados Unidos.

Parece un galimatías. Mientras a un cubano que grita democracia y libertad en la vía pública lo trituran a cabillazos y golpes de kárate propinados por expertos de la inteligencia en peleas callejeras, lentamente y a puertas cerradas, gana espacio el pensamiento liberal, respetuoso y tolerante.

Uno de esos bolsones de debate democrático está ubicado en el antiguo Seminario San Carlos, en la parte antigua de La Habana. Allí, el viernes 30 de marzo, la revista Espacio Laical, publicación de la Iglesia Católica, organizó una conferencia con el empresario cubanoamericano Carlos Saladrigas. Su título: Cuba y la diáspora.

Carlos Saladrigas (pasillo) abraza al expreso político Oscar Espinosa "Chepe". Cortesía Juan Antonio Madrazo.Carlos Saladrigas (pasillo) abraza al expreso político Oscar Espinosa "Chepe". Cortesía Juan Antonio Madrazo.
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Carlos Saladrigas (pasillo) abraza al expreso político Oscar Espinosa "Chepe". Cortesía Juan Antonio Madrazo.
Carlos Saladrigas (pasillo) abraza al expreso político Oscar Espinosa "Chepe". Cortesía Juan Antonio Madrazo.
El acceso era libre. En la abarrotada sala se dieron cita cerca de 200 personas. Usted podía ver a blogueros alternativos como Yoani Sánchez o Miriam Celaya. Periodistas independientes al estilo de Reinaldo Escobar y Miriam Leiva; economistas al margen del Estado como Oscar Espinosa “Chepe”; activistas por la integración racial como Juan Antonio Madrazo y Leonardo Calvo, y una nueva generación de disidentes, como Eliécer Ávila o Antonio Rodiles.

También en la charla se encontraban neocomunistas aplomados como Félix Sautié o Pedro Campos; el moderado politólogo Esteban Morales; el sacerdote contestatario José Conrado y el culto Monseñor Carlos Manuel de Céspedes, un auténtico hombre de corcho.

La mayoría de la disidencia democrática en la isla aprueba estos espacios de polémica civilizada. Es la sociedad por la que ellos apuestan.

Justo a las 4 de la tarde por el pasillo central de la Sala Félix Varela, se abrió paso Carlos Saladrigas. Vestía una guayabera blanca de mangas largas, barba retocada y espejuelos de montura metálica.

Carlos Saladrigas (guayabera blanca) conversa con algunos de los asistentes a la conferencia. Cortesía Juan Antonio Madrazo.Carlos Saladrigas (guayabera blanca) conversa con algunos de los asistentes a la conferencia. Cortesía Juan Antonio Madrazo.
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Carlos Saladrigas (guayabera blanca) conversa con algunos de los asistentes a la conferencia. Cortesía Juan Antonio Madrazo.
Carlos Saladrigas (guayabera blanca) conversa con algunos de los asistentes a la conferencia. Cortesía Juan Antonio Madrazo.
Luego de saludar al auditorio prendió su tableta Apple y comenzó la ponencia. No fue extenso. En poco más de 30 minutos trazó con puntadas de brocha gorda sus impresiones sobre el exilio cubano.

Saladrigas sabe lo que es el destierro. Hijo de un político de alcurnia en la etapa republicana, heredó de su padre los genes de negociador duro y puro. Su historia es la visión que tenemos de Estados Unidos. El niño solitario que llega en una operación fraguada por la Iglesia Católica, conocida como Peter Pan, y que cuando su familia pudo viajar, tuvo que lavar platos y recoger tomates en el sur de la Florida, según contó el propio Saladrigas. Luego se convertiría en un empresario de éxito, con un patrimonio de varios cientos de millones de dólares.

Entre aquel Saladrigas, que desconsoladamente lloraba y rezaba en el último banco de una pequeña parroquia de madera en el Miami de los años 60, a éste, sentado con su inmaculada guayabera en un sitio de debates en la capital cubana, existe un giro de 180 grados.

En una etapa, pedía la cabeza de Fidel Castro en bandeja. Era el tiro al blanco por todo lo perdido. Tuvo que vivir aplatanado en Miami, mientras sentía el arrullo de la Habanera Tú o La Bayamesa en la distancia.

Después de haber sido un conservador negado al diálogo con los autócratas de verde olivo y de oponerse a que un crucero cargado de católicos de la otra orilla viajara a Cuba en 1998, durante la visita de Juan Pablo II, Saladrigas mudó sus posiciones políticas de la ultraderecha al centro, tal vez un poco corrido hacia la izquierda.

El por qué de su transformación es algo que no queda claro. Si creyéramos a pie juntillas sus declaraciones públicas, llegaríamos a la conclusión que su fe católica a prueba de misiles, fue una de las causas de su replanteamiento político. Hay quienes alegan otras razones.

Desde su retrovisor, Carlos Saladrigas observa cómo las hojas del almanaque van cayendo inexorablemente y la economía cubana hace agua por todos lados. Castro II está apostando descaradamente por el capitalismo de Estado. Y una isla virgen abre sus piernas para, en un futuro cercano, recibir la danza de los millones. Quizás no quiere llegar tarde a la hora de repartir la tarta.

Al menos eso piensa un sector del exilo y la disidencia en la isla. No se puede ser ingenuo. Algo se cuece en las alcantarillas del poder. En esa misma sala, hace unos meses, un fidelista a pie firme como Alfredo Guevara, respondió preguntas a “mercenarios vendepatrias” como  Oscar Espinosa “Chepe”, mandado a encarcelar en la primavera del 2003 por su amigo Fidel.

Por el Seminario San Carlos también han pasado tipos sospechosos, como Arturo López-Levy, graduado en una universidad estadounidense y profesor en Denver, primo de Luis Alberto López Callejas, yerno del General Raúl Castro y el mayor recolector de moneda dura en Cuba.

La disertación de Carlos Saladrigas no fue nada del otro jueves. Periódico viejo. Lo que todo cubano conoce, porque al menos tiene un pariente en el exilio. La clave no fue la charla sosa y políticamente correcta. No. Fue el mensaje de ida  y vuelta que envía Saladrigas a la disidencia y al exilio sobre el futuro de Cuba: las reformas están en camino y él quiere ser uno de los agentes del cambio.

Después de su exposición, Saladrigas respondió una batería de preguntas.  Deslizó varios análisis, de los cuales se desprende, que el empresario cubanoamericano no está realizando un juego estéril y está bien conectado e informado, más de lo que uno se pueda imaginar.

Aseguró que dentro de 5 años la situación de Cuba indefectiblemente cambiaría. Y, por supuesto, no a más socialismo, contrario a lo que indicó recientemente en una conferencia de prensa el zar de la economía, Marino Murillo, cuando dijo que en la isla no acontecerían reformas políticas.

Con serenidad y confianza, Saladrigas diseñó un futuro de ensueño. De una Cuba inclusiva, tolerante y rica. Para lograrlo, dijo, el país cuenta con un capital humano envidiable. El astuto empresario hizo un guiño al régimen al afirmar que el gran mérito de los hermanos Castro era haber sabido administrar la pobreza.

“Hay naciones que pueden generar riquezas, pero no saben administrar la pobreza”, apuntó. En un intento de estimular a aquellos desalentados que están esperando la menor oportunidad para huir de Cuba, expresó: “Si tuviese 25 años, no me pasaría por la cabeza marcharme del país”.

Carlos Saladrigas lo ve todo muy claro. Demasiado. Me llamó la atención que no cuestionara los cientos de detenciones de disidentes por la visita del Papa alemán o la golpiza a un espontáneo que gritó Abajo el comunismo en la Plaza Antonio Maceo de Santiago de Cuba. Tampoco nadie se lo preguntó.

Y es que estos espacios abiertos por la Iglesia Católica generan cierta desconfianza y algunos, por no decir casi todos, asisten para ver y oír, no para indagar. Es la falta de costumbre tras cinco décadas escuchando un solo discurso. Y muchos aún no se lo creen.

Iván García Quintero

ivangquintero+yahoo.es

Nació en La Habana, el 15 de agosto de 1965. Hijo de la periodista Tania Quintero Antúnez y del abogado, ya fallecido, Rafael García Himely. Después de pasar el servicio militar, no concluyó la enseñanza preuniversitaria, dedicándose a los más variados oficios, desde ayudante en una imprenta y aprendiz de plomería, hasta asistente de programas en la Redacción de Programas Especiales de la Televisión Cubana. En 1995 logró su sueño de incorporarse a una profesión que no le era ajena, el periodismo. Ese año fue admitido en Cuba Press, agencia de periodismo independiente fundada por el poeta y escritor Raúl Rivero el 23 de septiembre de 1995. Su gran afición por los deportes le permitió crear la sección Minideportivas de Cuba Press, única en el incipiente periodismo independiente cubano. A su formación autodidacta contribuyeron los talleres de prensa impartidos por Raúl Rivero, y lecturas como El Libro de Estilo de El País; manuales de la agencia EFE; publicaciones del Programa Latinoamericano de Periodismo de la Universidad Internacional de la Florida y la revistas Veja y Newsweek en Español, entre otros. Cuatro años antes de comenzar a escribir como periodista independiente, en marzo de 1991, estuvo dos semanas detenido en Villa Marista, cuartel general del Departamento de Seguridad del Estado, acusado de "propaganda enemiga". No fue enjuiciado, pero a partir de ese año, por cualquier motivo era detenido, la última vez, el 22 de octubre de 2008, según relatara en Estado de sitio. Ha sido colaborador de Encuentro en la Red, la Revista Hispano Cubana y la web de la Sociedad Interamericana de Prensa. Fue miembro de la Sociedad de Periodismo Manuel Márquez Sterling, creada en 2001 y dirigida por Ricardo González Alfonso, condenado a 20 años de prisión en abril de 2003 y excarcelado y desterrado a España en julio de 2010. A partir del 28 de enero de 2009 empezó a escribir en Desde La Habana, su primer blog. Desde octubre de 2009 es colaborador del periódico El Mundo/América y desde febrero de 2011 también publica en Diario de Cuba. Tiene esposa y una hija, nacida el 3 de febrero de 2003.
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Comentarios
     
por:: Julio Soto Angurel De:: Cliffiside Park, NJ. USA.
abril 06, 2012 12:14
Julio Soto Angurel dice:
Este un buen artículo.
Solo añado a lo planteado,que en realidad detrás de toda esta apariencia política de fugaz libertad que se nos presenta, lo que hay es el puro y real anexionismo de la isla de Cuba a la geografía política del imperio norteamericano y que esto se endulza con una supuesta oposición hábilmente conducida y un canto de sirenas imperiales planteando un nuevo futuro de provisiones materiales.
Canto de sirenas. Puro canto de sirenas en el seminario San Carlos, un reducto de la Iglesia Católica, siempre esclavista, siempre colonialista, siempre reaccionaria y anti liberal y muy anti cubana.
Les recuerdo a todos que quiero ser presidente de Cuba y que trataría de salvar a nuestro estado-nación, de los supuestos opositores y de los hombres de corcho, aunque le daría oportunidad a los cantores de sirenas para que demuestren algo.

por:: Francisco De:: Miami, USA
abril 06, 2012 13:29
Las propuestas de Saladrigas pueden parecer irrealizables, pero estos solo es cierto para los que nunca están dispuestos a tomar riesgos o dar el primer paso.
El régimen castrista puede sobrevivir en esa miseria bien administrada, con un pueblo atemorizado y sin esperanzas. Por tanto algo hay que hacer para potenciar al pueblo, brindarle un camino que no es de sangre y muerte sino de trabajo y vida.
El pueblo cubano quiere vivir y vivir en libertad. Para ello tiene que ir ganando espacios y poder, para desligarse de los mecanismos de control de la dictadura. El cubano tiene que poder independizarse de la tutela del Estado. Lo que propone Saladrigas puede ayudar mucho en esta dirección, combinado con el fortalecimiento de una Sociedad Civil emergente con base en los disidentes y opositores dentro de la Isla.