Los nombres de 68 de ellos están grabados en una lápida en el Centro de Diagnóstico Integral Salvador Allende, en Chuao.
En ese momento, el director del centro de salud Tony Broche, afirmó a la Agencia Bolivariana de Noticias que la mayoría murió por causas naturales. Sin embargo, reconoció que varios fallecieron en hechos delictivos. “Algunos (fallecieron) por violencia, pero muy pocos”, expresó.
Días después, el diario documentó dos muertes por violencia, la de Rosa María Christy Labañino, que murió desangrada luego de recibir un disparo en Cumaná el 30 de julio de 2006, y la de Raquel de los Ángeles Pérez Ramírez, de 53 años de edad, asesinada ese mismo año en Petare.