martes, septiembre 16, 2014, 7:26 am

Opiniones / Pedro Corzo

El postcastrismo según Elías

Lo que acontece en Argentina, según Alfredo Elías, puede ocurrir en Cuba, llámese castrismo o fidelismo.

Miles de personas participan en una manifestación opositora al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner en septiembre de 2012, en Buenos Aires (Argentina).
Miles de personas participan en una manifestación opositora al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner en septiembre de 2012, en Buenos Aires (Argentina).
Hace unos días Alfredo Elías, uno de esos hombres que honra el gentilicio de cualquier país, comentaba que una de las penosas herencias del totalitarismo insular podría ser una heterogénea fuerza política de carácter populista, capaz de albergar en su seno diversas personalidades, opiniones y estrategias, con el único objetivo de controlar el poder para satisfacer sus intereses y hacer ingobernable el país cuando no tuvieran el control.
 
La hipótesis es valida. Argentina ha padecido en los últimos 60 años una corriente política que aglutina personas de diferentes ideas, valores e intereses, pero que se identifican, a pesar de promover en numerosas ocasiones doctrinas y proyectos contrapuestos, con los postulados que personificó Juan Domingo Perón.
 
Perón fue un caudillo populista que tuvo la habilidad de comunicarse con las clases populares y hacerles creer, no solo una vez, sino en tres ocasiones, que solo él era capaz de resolver los problemas de la nación.
 
El Peronismo o Justicialismo trascendió a su fundador. Sus seguidores heredaron un movimiento con fuerte base popular y con un prontuario de promesas y oportunidades tan amplias que ha permitido a un amplio sector de más de tres generaciones de argentinos llamarse peronistas, cuando en realidad algunas de las corrientes que integran el movimiento son tan contrarias que es de suponer que la convivencia partidaria sea muy difícil.
 
Esta afirmación tiene fácil comprobación cuando apreciamos que el presidente Carlos Saúl Menen se dice Peronista y otro tanto afirmaba Néstor Kirchner y continúa alegando su viuda, la presidente Cristina Fernández. 
 
Peronista también fueron grupos terroristas y  facciones insurgentes dadas a la violencia extrema, como  Los Montoneros y las FAP, Fuerzas Armadas Peronistas.
De igual manera se identificaban movimientos sociales que recurren a la desestabilización cuando los intereses de su clase dirigente son afectados en alguna medida por las disposiciones del gobierno, sea este de la corriente peronista o no.
 
Es posible  que muchos de los principales promotores del Peronismo ignoren en que consisten o consistieron las propuestas del militar y político,  y solo usan al caudillo populista como un icono en el cual amparan sus ambiciones de poder y no pocos de enriquecimiento ilícito, porque son conscientes que la memoria colectiva de la nación argentina valora la herencia del justicialismo de manera positiva, lo que no se ajusta con la verdad histórica, cuando se estudian con detenimiento los logros de los gobiernos Juan Domingo Perón.
 
Lo que acontece en la Argentina, según Alfredo Elías, puede ocurrir en Cuba, llámese Castrismo o Fidelismo. En la isla se pueden reeditar los patrones del  justicialismo, con el agregado de que podría ser un proyecto de carácter internacional, si se tiene en cuenta la visión imperialista que Fidel y Raúl Castro proyectaron mientras les fue posible.
 
El legado castrista podría se capaz de aglutinar a personas de diferentes intereses, ideas y valores, pero identificadas en un discurso y quehacer político sustentado en la promesa de crear una sociedad justa, aunque en la práctica, como ha ocurrido hasta el presente, se violen todos los derechos ciudadanos, sin procurar la justicia y equidad publica ofrecida. 
 
El castro fidelismo tiene más posibilidades para sobrevivir que el justicialismo peronista. El poder totalitario confiere muchas más capacidades de penetración social y manipulación política que cualquier otra forma de gobierno.
 
Durante décadas el estado benefactor ha controlado la educación y la información,  lo que le ha permitido adoctrinar a la sociedad a la vez que entre muchos ciudadanos se ha creado un espíritu de dependencia que hace factible que cuando desaparezca el actual liderazgo castrista un sector de la población, como ha ocurrido en Argentina, tienda a mitificar la supuesta justicia social que la Revolución implicó pasando por alto las múltiples violaciones de los derechos ciudadanos y el fracaso económico del proyecto.
 
El castro fidelismo puede ser el modelo al que recurran los nostálgicos de la época en la que Cuba retaba el sentido común y hundía a la nación interviniendo en todos los países de América Latina, Asia y África, también puede reunir un número importante de teóricos que especulando sobre los errores y abusos de la Revolución y de Fidel Castro, propongan una nueva utopía y por supuesto los resentidos sociales, los que fracasaron en todos sus empeños, los envidiosos de oficio, los frustrados en sus proyectos que usan la política para trepar y depredar.
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