sábado, mayo 25, 2013, 6:44 am

Opiniones / Orlando González Esteva

Cuaderno de Playa

El autor evoca sus paseos por Miami Beach y las diversas criaturas que se reúnen allí.

"Sirena" de Carlos Enríquez.
"Sirena" de Carlos Enríquez.
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Entre medusas iridiscentes que los niños, después de admirar, hincan en la arena con la punta de un palo o alzan con júbilo, míseros trofeos de batallas que jamás libraron;  

entre ancianos barrigones, con melena a lo Whitman, que desean a todo el que pasa la felicidad de tener una botella de vino, buena cama y alguien con quien hacer el amor a la hora de la muerte;

entre restos de peces cuyos ojos quedaron bailando en las pro­fundidades del océano o agolpándose e intercam­biando miradas en el buche de algún ave marina;

entre jóvenes europeas que toman el sol con los senos descubiertos y la carne de los pezones tirante y abrasada;

entre adolescentes negros que se despojan de la ropa y, crispados de insinuaciones, se tumban cerca de ellas;

entre adolescentes negras que a la salida del sol caen de rodillas ante él y en silencio, semidesnudas, alzan los brazos en señal de adoración;

entre cuadripléjicos a quienes sus madres traen a ver el mar en sillas de ruedas atestadas de almohadones y trapos de colores;

entre amantes vagabundos que después de intercambiar golpes e improperios comparten, con igual pasión, tragos de alcohol y besos;

entre orates que se desarman bailando al son de una música que sólo ellos oyen; 
entre conchas encarnadas, piedras pulidas, pelícanos solitarios, cadáveres de papalotes, avíos de pesca, sombrillas multicolores, manchas de petróleo, esponjas, perros, barcos distantes, globos aerostáticos, tardes de maravilla y lunas llenas,
encontré estos versos y, diciéndolos, los oí acoplarse por primera vez.
 
1
 
   El hombre que mira el mar,
y lo mira largamente,
salta el dique de su frente
y se oye, azul, respirar.
 
2
 
  Nadie sabe por qué oscuro
mecanismo las gaviotas
se condensan como gotas
de tiempo en estado puro.
 
  Yo me reúno con ellas
a la orilla de la mar
y veo al tiempo gotear
todo borrado de huellas.

3
 
   Una gota de sudor
demasiado cristalina
para ser real me alucina.
Ha viajado alrededor
 
   de tu oreja, de tu cuello,
de la sombra de tu axila,
y es como si mi pupila
rodara de tu cabello
 
   a tu ombligo. No desmaya:
sorbe todo tu color
y se irisa en la mejor
esponja que arde en la playa.
 
   Me la llevo con la punta
de la lengua al paladar
y me bebo todo el mar
que entre tus piernas se junta.
 
4
 
  El cielo, como una gota
de tinta bien desleída,
gotea sobre mi vida
y sin querer la engaviota.
 
  Ese caer y caer
en mí apenas, en mí a diario,
ha transformado en acuario
la oscuridad de mi ser.
 
5
 
     Una corona de flores
yace a la orilla del mar:
la Muerte puede nadar
desde las Islas Azores.
 
   Nadie en torno. Me pregunto
si me la debo llevar
a casa o abandonar.
¿No seré yo su difunto?
 

Orlando Gonzalez Esteva

Nació en Palma Soriano, Cuba. Reside en Estados Unidos desde 1965.

Sus poemas, que al decir del escritor Octavio Paz hacen “estallar en pleno vuelo a todas las metáforas”, aparecen publicados en Mañas de la poesía, El pájaro tras la flecha, Escrito para borrar, Fosa común, La noche y los suyos y Casa de todos.

Es también autor de los siguientes ensayos de imaginación: Elogio del garabato, Cuerpos en bandeja, Mi vida con los delfines y Amigo enigma. González Esteva ha ofrecido lecturas de versos, charlas y talleres en Estados Unidos, España, Japón, Francia, México y Brasil, y ha desarrollado una intensa labor cultural en los medios literarios, artísticos y radiofónicos de Miami.

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