martes, junio 18, 2013, 3:18 am

Opiniones / Iván García

Uva de Aragón: al rescate de su abuelo, Alfonso Hernández Catá

La autora en una conferencia en La Habana trajo de vuelta a un intelectual imprescindible de la etapa republicana que el oficialismo intentó desaparecer del mapa de las letras cubanas.

Uva de Aragón en el Centro Cultural Juan Marinello. (Cortesía Iván García)
Uva de Aragón en el Centro Cultural Juan Marinello. (Cortesía Iván García)
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Uva de Aragón llegó  al Centro Juan Marinello, en la Avenida Boyeros en La Habana, vestida de negro, con collares llamativos y pulsos de colores más claros en su brazo derecho. Unos kilos extras y una nostalgia evidente: vive alejada de su Habana. El exilio le duele.

Como muchos en la diáspora, Uva sabe lo que es vivir tan cerca de La Habana y tan lejos de Cuba, por razones de caprichos políticos de autócratas, presidentes acomodados a la inercia en Estados Unidos y congresistas de origen cubano que en su puja por desbancar a los Castro olvidan las razones humanas.

De eso y más conoce esta notable intelectual cubana-americana que hace décadas tuvo que marcharse con su familia, por los coletazos colaterales provocados durante la Guerra Fría en Cuba y un barbudo que decididamente instauró un gobierno solo para sus partidarios.

Pero esa tarde habanera, Uva no fue a charlar del dolor por lo perdido. No era la tribuna. A la altura de su vida, ve el pasado con menos pasión.

La razón de esta fiesta de la palabra, de una narradora que no necesita la pluma para encantar, era traernos en su bolso las memorias de su abuelo.

Por diplomacia no señaló a ningún culpable, pero ella mejor que nadie sabe que después de la llegada al poder de Fidel Castro, por mala leche u olvido -voluntario o involuntario-, se intentó borrar de la cultura nacional a ese tipo imprescindible de las letras cubanas que responde al nombre de Alfonso Hernández Catá.

En la sala estaban presentes intelectuales y amigos de su familia como Graciela Pogolotti, Enrique Pineda Barnet y Raúl Roa hijo. También, jóvenes que poco o nada sabían de Hernández Catá.

La charla fue una clase. De amor familiar y evocaciones. De patria. Y una lección que deben aprender los encargados de proteger el patrimonio de la nación: la cultura cubana es una sola.

Una cultura que no se gestó con la llegada al poder del guerrillero. En todo caso, creció. Porque antes, en la República, numerosos intelectuales ya habían grabado su nombre con letras góticas en la isla toda, desde oriente a occidente.

Hombres y mujeres que gozaban con una ventaja importante: tenían libertad a la hora de crear su obra. Se le agradece a Uva de Aragón redimir del silencio oficial a Alfonso Hernández Catá. Ético y lúcido. Había nacido en España, pero era cubano por los cuatro costados.

Como señaló Uva, el premio de literatura instaurado en su nombre después del fallecimiento de su abuelo en un accidente aéreo en Brasil, en 1940, fue un galardón que solo obtuvieron los grandes de las letras cubanas.

Vivió en una época irrepetible, cuando Cuba tuvo su mejor etapa dentro de la democracia. Donde comunistas como Juan Marinello o Salvador García Agüero tomaban café y en un bar de la ciudad charlaban con Hernández Catá, un liberal, desinhibido y amigo de los placeres mundanos. Unos y otros conversaban respetuosamente, sin que por ello se afectaran sus ideologías.

Alfonso Hernández Catá fue diplomático y en todas sus pláticas en el extranjero llevaba a Cuba prendida en la solapa. Como su nieta Uva, quien en la tarde del 19 de abril, nos esbozó una soberbia acuarela de su abuelo y de otros parientes suyos involucrados en la vida cultural habanera anterior a 1959.

Uva de Aragón nos trajo de vuelta a un intelectual imprescindible de la etapa republicana. Se agradece el intento de rescatarlo de la omisión planificada y la mala memoria oficial. Ella sabe que es deuda y compromiso.

Iván García Quintero

ivangquintero+yahoo.es

Nació en La Habana, el 15 de agosto de 1965. Hijo de la periodista Tania Quintero Antúnez y del abogado, ya fallecido, Rafael García Himely. Después de pasar el servicio militar, no concluyó la enseñanza preuniversitaria, dedicándose a los más variados oficios, desde ayudante en una imprenta y aprendiz de plomería, hasta asistente de programas en la Redacción de Programas Especiales de la Televisión Cubana. En 1995 logró su sueño de incorporarse a una profesión que no le era ajena, el periodismo. Ese año fue admitido en Cuba Press, agencia de periodismo independiente fundada por el poeta y escritor Raúl Rivero el 23 de septiembre de 1995. Su gran afición por los deportes le permitió crear la sección Minideportivas de Cuba Press, única en el incipiente periodismo independiente cubano. A su formación autodidacta contribuyeron los talleres de prensa impartidos por Raúl Rivero, y lecturas como El Libro de Estilo de El País; manuales de la agencia EFE; publicaciones del Programa Latinoamericano de Periodismo de la Universidad Internacional de la Florida y la revistas Veja y Newsweek en Español, entre otros. Cuatro años antes de comenzar a escribir como periodista independiente, en marzo de 1991, estuvo dos semanas detenido en Villa Marista, cuartel general del Departamento de Seguridad del Estado, acusado de "propaganda enemiga". No fue enjuiciado, pero a partir de ese año, por cualquier motivo era detenido, la última vez, el 22 de octubre de 2008, según relatara en Estado de sitio. Ha sido colaborador de Encuentro en la Red, la Revista Hispano Cubana y la web de la Sociedad Interamericana de Prensa. Fue miembro de la Sociedad de Periodismo Manuel Márquez Sterling, creada en 2001 y dirigida por Ricardo González Alfonso, condenado a 20 años de prisión en abril de 2003 y excarcelado y desterrado a España en julio de 2010. A partir del 28 de enero de 2009 empezó a escribir en Desde La Habana, su primer blog. Desde octubre de 2009 es colaborador del periódico El Mundo/América y desde febrero de 2011 también publica en Diario de Cuba. Tiene esposa y una hija, nacida el 3 de febrero de 2003.
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