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        <description>&quot;Martinoticias.com es un portal digital informativo con la misión de promover los principios de libertad y democracia en la sociedad cubana. Nuestra página se complementa con transmisiones de radio y televisión a través de Radio Martí y TV Martí, respectivamente.&quot;</description>
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            <title>Qué se esconde tras la red de fraude al Medicare y otros turbios negocios cubanos en Estados Unidos</title>
            <description>Las recientes acusaciones del Dr. Mehmet Oz y Robert F. Kennedy Jr. sobre un supuesto vínculo del gobierno cubano con fraudes multimillonarios al Medicare han reavivado un viejo debate en Estados Unidos: la persistente presencia de redes delictivas de origen cubano en el sur de Florida. </description>
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            <pubDate>Fri, 10 Apr 2026 10:44:52 -0400</pubDate>
            <category>Cuba</category><author>editor@martinoticias.com (Rolando Cartaya)</author><enclosure url="https://gdb.martinoticias.com/049d7c26-90bb-43b0-8021-ca8cab2589b6_w800_h450.jpg" length="0" type="image/jpeg"/>
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            <title>De la retorcida narrativa de Cuba sobre los sucesos en Venezuela</title>
            <description>Para el régimen de La Habana, la deposición de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero por fuerzas estadounidenses significó el fin del dominio neocolonial cubano de Venezuela por 27 años, ayudado primero por Hugo Chávez, un jefe militar cortejado por Fidel Castro, y luego por Maduro, obediente cuadro político formado en la isla.
Este control de un país mucho más grande, rico y poblado, le permitió al castrismo reanudar -con los generosos suministros chavistas de petróleo, pagos por servicios profesionales, exportaciones de alimentos y maletines de dinero de PDVSA justificados como proyectos de cooperación fantasmas- su estilo de supervivencia parasitario interrumpido en 1991 por la desintegración de la Unión Soviética.
De pronto, comenzando 2026, Donald Trump le sacó al régimen cubano esa alfombra mágica de debajo de los pies.
¿Cómo explicar a los militantes del Partido Comunista, a los cubanos que todavía dan crédito a los medios oficiales, a la izquierda continental y a los medios liberales procastristas en todo el mundo la debacle de lo que se había presentado como una hermandad solidaria socialista del silo XXI, de la cual se llegó a decir que Cuba y Venezuela eran un solo país?
Con esas miras, desde el 3 de enero a la fecha, La Habana ha hecho todo lo posible por escamotear, pellizcar, retorcer y chapistear conforme a su dogma ideológico, el curso de los acontecimientos en Venezuela.
El relato inicial: “agresión imperial” y defensa de MaduroLos principales medios oficiales cubanos (Cubadebate, Prensa Latina y Granma) presentaron la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores por los Delta Force estadounidenses como una “cobarde agresión militar imperialista” y un “secuestro” ilegal que violó la soberanía bolivariana y causó decenas de muertes, entre ellas las de 32 elementos de las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior cubanos a los que se rindió homenaje como “héroes de la patria”.
En contraste, medios estadounidenses como CNN y Reuters describieron la operación como un éxito preciso de la Delta Force contra un régimen acusado de narcotráfico, terrorismo y violaciones de derechos humanos, destacando el riesgo para tropas estadounidenses, pero celebrando la extracción sin bajas norteamericanas significativas.
Medios independientes cubanos (Cubanet, Cibercuba) y analistas de 14ymedio coincidieron en calificarla como “intervención necesaria” para poner fin a una dictadura. El medio digital elTOQUE destacó que la muerte de 32 cubanos en el dispositivo de seguridad desmintió múltiples declaraciones oficiales que negaban la presencia de militares cubanos en Venezuela.
La aparición de Delcy Rodríguez y la narrativa de continuidadLa figura emergente de Delcy Rodríguez juramentada como presidenta encargada el 5 de enero, fue proyectada en los medios cubanos no como una imposición, sino como la de una líder continuadora legítima que asumía el timón con firmeza: “Ningún agente externo gobierna a Venezuela”, tituló Cubadebate.
La narrativa oficial cubana transformó la crisis en prueba de resiliencia revolucionaria, invocando a Bolívar y Chávez para afirmar la continuidad del proceso bolivariano pese a la “mancha” en las relaciones con EEUU.
En contraste, el diario británico The Guardian citó a cuatro fuentes involucradas en conversaciones sostenidas en el otoño boreal en las cuales Delcy Rodríguez y su poderoso hermano Jorge Rodríguez se habían comprometido a cooperar con la administración Trump una vez que Maduro saliera del poder.


Relaciones con Estados Unidos: entre negociación y confrontaciónUn eje central en la cobertura cubana ha sido la evolución de las relaciones entre Estados Unidos y el gobierno de Delcy Rodríguez.
Las autoridades castristas han destacado positivamente el pragmatismo de Rodríguez al abrir canales de diálogo. Cubadebate reprodujo sus declaraciones: “Venezuela tiene derecho a relaciones con China, con Rusia, con Cuba, con Irán, con todos los pueblos del mundo, y con los EEUU también”, y “si me tocara ir a Washington, iré de pie, no arrastrándome”.
La Habana explicó este acercamiento como “diplomacia bolivariana de paz” soberana: una victoria que permite dirimir la “mancha” del 3 de enero “cara a cara” sin renunciar a principios antiimperialistas.
Se celebran reuniones con funcionarios estadounidenses (secretarios de Energía, Chris Wright, Interior, Doug Burgum, enviada Laura Dogu) y la firma de acuerdos energéticos (Shell-PDVSA) como “asociación productiva a largo plazo” win-win que beneficia al pueblo venezolano. Díaz-Canel, en llamada telefónica con Delcy, reitera su condena a la agresión pero afirma que Cuba fortalecerá “las históricas relaciones de hermandad y cooperación”.
Trump llegó a calificar a Delcy como “una persona maravillosa”; Cuba lo reproduce como “reconocimiento forzado de la nueva realidad soberana”.
La visión del régimen de La Habana contrasta radicalmente con la estadounidense e independiente: Reuters y The New York Times interpretan estos pasos como un giro pragmático de Rodríguez hacia la agenda Trump (apertura petrolera, liberación de presos políticos, distanciamiento de aliados tradicionales). Deutsche Welle y Bloomberg destacan que la presidenta interina venezolana “ha tenido suficiente” de órdenes de Washington pero acepta inversiones para estabilizar el país, presentándolo como concesión bajo presión más que como victoria soberana. 
La gran omisión: la visita del jefe de la CIALos medios castristas omitieron olímpicamente la visita a Caracas del jefe de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), John Ratcliffe, a Venezuela, el 16 de enero de 2026, en la que el funcionario estadounidense se reunió con la presidenta interina Delcy Rodríguez.
El objetivo, según fuentes de EEUU, fue construir confianza, discutir colaboración económica y advertir que Venezuela no debe ser refugio para adversarios de Estados Unidos. Esto se dio en el contexto postcaptura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses.
En fuentes oficiales cubanas como Granma o Cubadebate, y otros medios estatales de prensa, no apareció ninguna declaración, nota o reacción oficial de La Habana sobre el viaje de Ratcliffe y su reunión con Rodríguez.
Las “decisiones positivas” de Delcy Rodríguez, según La HabanaLa cobertura oficial cubana ha destacado varias medidas de Delcy Rodríguez que presentan como acciones constructivas o positivas. Entre ellas:
Liberación de presos políticos en enero de 2026, interpretada como un gesto de apertura política tras la crisis.Reactivación de relaciones regionales, incluyendo negociaciones energéticas y de seguridad con Colombia.Mantenimiento de la estabilidad interna tras la captura de Maduro.Según la prensa oficial cubana, estas decisiones muestran que el nuevo gobierno venezolano busca estabilidad y diálogo sin abandonar el proyecto bolivariano.
Medios independientes y analistas internacionales han interpretado esas mismas decisiones de forma diferente. En su cobertura, se sostiene que muchas de esas medidas responden a la presión de Washington y a la necesidad de atraer inversiones o aliviar sanciones, más que a una continuidad ideológica del chavismo.
Delcy y la economíaLas decisiones de Delcy en materia económica han sido ampliamente destacadas y explicadas por los medios oficiales cubanos como conquistas populares y soberanas.

El 13 de enero, Cubadebate reprodujo su anuncio de destinar “cada dólar” de ingresos petroleros y gasíferos a la reestructuración del sistema sanitario: equipamiento de 75 centros de salud y priorización de atención básica. La Habana lo presentó como un acto de justicia social que contrarrestaba años de sanciones y crisis heredada, demostrando que Rodríguez prioriza la salud del pueblo sobre presiones externas.

En marzo, Prensa Latina celebró la asignación de 70 millones de dólares en créditos a mujeres emprendedoras a través del Banco de Venezuela. Cuba lo enmarcó como empoderamiento de género y construcción de una “Venezuela próspera” con “manos de mujer”.

Otras medidas —creación de Estado Mayor Agroalimentario para activar 200.000 hectáreas comunales, aprobación de Ley Orgánica de Minas y designación de nuevos ministros— son explicadas como pasos hacia la soberanía alimentaria, productiva y minera. La Habana las justificó invocando el legado chavista: decisiones del Poder Popular que transforman recursos nacionales en bienestar colectivo, pese a la agresión imperialista.
En contraste, medios estadounidenses como CNN y Bloomberg y la agencia británica de noticias Reuters interpretaron estas decisiones como cumplimiento de demandas de Trump: apertura petrolera para exportar a EEUU, reformas mineras para atraer inversión occidental y gestos de reconciliación (amnistías, diálogo económico).
The New York Times señaló que Delcy mezclaba retórica antiimperialista con acciones pragmáticas que “se ajustan a la agenda de Trump”. Independientes cubanos como Cubanet han visto en los créditos y leyes productivas un intento de Delcy por legitimarse ante Washington, más que ante el pueblo.
La retirada de médicos y personal militar cubanoUno de los aspectos más delicados de la relación bilateral ha sido la presencia de personal cubano en Venezuela, que durante décadas incluyó miles de médicos, asesores militares, de seguridad, inteligencia y contrainteligencia.
Los medios oficiales cubanos en general han descrito la salida de personal médico como reorganizaciones normales de las misiones de cooperación, evitando vincularlas directamente a presiones políticas o a la operación militar estadounidense.
La prensa estatal cubana insiste en que la cooperación médica continúa y que los cambios responden a necesidades logísticas o acuerdos bilaterales. Cubadebate informó el 8 de enero que, tras la interrupción logística por el cierre del espacio aéreo y los eventos del 3 de enero, se normalizaron los vuelos de retorno para colaboradores de la salud: proceso “organizado y progresivo”, “cumplimiento de plazos contractuales y derecho al descanso”.
El Ministerio de Salud Pública lo presenta como rutina administrativa del ciclo de misiones internacionalistas, sin atribuirlo a presiones políticas; los profesionales regresan “con la satisfacción del deber cumplido”.
Esta perspectiva oficialista contrasta con fuentes externas: Reuters (21 febrero 2026) reveló que asesores de seguridad y médicos cubanos abandonan Venezuela “bajo intensa presión estadounidense” para desarticular la alianza; Delcy Rodríguez habría ordenado limitar su seguridad a militares venezolanos y retirado a los cubanos de la Dirección General de Contrainteligencia Militar, DGCIM, un conocido centro de torturas asesorado por los cubanos.
Por otro lado, los portales independientes Cibercuba y Cubanet confirman que la salida responde a órdenes de Rodríguez para marcar distancia del “régimen castrista” y complacer a Trump. Medios independientes cubanos lo presentan como fin de la “ocupación cubana”.  


Restablecimiento de relaciones diplomáticas EEUU-VenezuelaMedios oficiales del castrismo presentaron el restablecimiento de relaciones diplomáticas y consulares el 5 de marzo entre EEUU y Venezuela como una “nueva etapa de diálogo constructivo” impulsada por Caracas para “fortalecer la comprensión y crear oportunidades mutuamente beneficiosas” en beneficio del pueblo venezolano.
Trump calificó a Delcy como una “persona maravillosa” y alabó su“trabajo fantástico”; Cubadebate lo reprodujo sin crítica directa, enmarcándolo como una victoria diplomática de la soberanía venezolana pese al “secuestro” inicial de Maduro.
En contraste, medios estadounidenses e independientes interpretan estas mismas decisiones como concesiones bajo presión estadounidense. The New York Times y DW describieron a Delcy como líder que liberaliza rápidamente la economía —incluida la apertura del petróleo y la minería a inversores privados para cumplir demandas de Trump— mientras mantiene control político interno sin transición democrática plena.
Reuters y The Guardian estimaron que las reuniones con funcionarios estadounidenses (Burgum, Wright, Donovan) y el restablecimiento diplomático respondían a amenazas implícitas de más sanciones o intervención, configurando a Venezuela como un “protectorado” temporal.
Medios cubanos independientes como Cibercuba vieron en el restablecimiento de relaciones diplomáticas (marzo 2026) un “debilitamiento del eje chavista-cubano” y una capitulación disfrazada. La Habana rechazó esta lectura y la explicó como un triunfo de la dignidad bolivariana: diálogo sin arrodillarse, que permite recuperar la soberanía económica.
EpílogoEn resumen, a lo largo de estos meses posteriores a la caída de Nicolás Maduro, los medios oficiales cubanos han construido una narrativa coherente con sus intereses ideológicos: presentan los eventos de enero como agresión imperialista superada por la resiliencia bolivariana.
Por otro lado, Delcy Rodríguez encarna soberanía al rechazar injerencia externa, impulsar soberanía alimentaria y sanitaria, y abrir diálogo “equilibrado” con Washington sin rendición. Sus decisiones positivas se explican como defensa del pueblo y continuidad chavista.
Los medios estadounidenses e independientes de asuntos cubanos contrastan la visión del régimen de La Habana con una narrativa de pragmatismo forzado: apertura económica y ruptura de la alianza castrista-chavista como precio por la supervivencia de los líderes chavistas, bajo presión de Trump, con la salida de personal cubano como símbolo del debilitamiento del eje histórico.
Hasta mediados de marzo de 2026, La Habana ha mantenido este apoyo retórico sin romper con Delcy Rodríguez, priorizando “la unidad antiimperialista” por encima de las evidentes tensiones.
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            <pubDate>Mon, 16 Mar 2026 10:43:16 -0400</pubDate>
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            <title>¿Usó EEUU en Venezuela el arma del “Síndrome de La Habana”?</title>
            <description>El enigma del llamado ‘Síndrome de La Habana’ vuelve a cobrar fuerza. El periodista Rolando Cartaya conecta reportes del uso de un arma misteriosa desde 2014 hasta hoy.</description>
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            <pubDate>Sat, 14 Mar 2026 15:33:46 -0400</pubDate>
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            <title>La seguridad de los gobernantes y el enigma de la muerte de Salvador Allende</title>
            <description>El colega venezolano Casto Ocando, probablemente el periodista con información interna más sólida sobre la campaña estadounidense Southern Spear (Lanza del Sur) y la operación de captura de Nicolás Maduro Absolute Resolve (Resolución absoluta), ha hecho tres revelaciones sobre esta última, basadas en sus fuentes de inteligencia.
Ocando, uno de los coautores en 2019 del libro “Cubazuela: crónica de una intervención cubana” junto con el politólogo Juan Antonio Blanco, el investigador Luis Domínguez y quien escribe, tituló “Cubanos en desbandada dramática en Venezuela” uno de sus programas diarios en YouTube, en el que destapa lo siguiente:
1- Que sí hubo cubanos sobrevivientes del dispositivo de seguridad que fueron helitransportados, tal como Maduro y su esposa Cilia Flores, al miniportaaviones Iwo Jima;
2- Que el gobierno de Cuba está sacando hacia Colombia y otros países a sus efectivos para evitar que EEUU acumule pruebas de una injerencia y control militar masivos de Cuba en Venezuela (como se ha detallado en el citado libro).
3- Que los militares cubanos de la guardia pretoriana de Maduro fueron exterminados porque la CIA tenía información de que habían recibido órdenes desde La Habana de impedir a toda costa que Maduro fuera capturado vivo.
Este último punto sería congruente con situaciones similares en la historia del castrismo que permanecen como secretos de Estado. Una de ellas, el posible asesinato de Salvador Allende en el Palacio de La Moneda durante el golpe militar encabezado por Augusto Pinochet en Chile, el 11 de septiembre de 1973
Una visita tan larga como sus discursosAllende había visitado Cuba en 1959, poco después del triunfo revolucionario, y se había reunido con Fidel Castro y el Che Guevara. Luego repitió visitas casi anuales hasta 1968. Al asumir, en noviembre de 1970, la presidencia de Chile, convirtiéndose en el primer político marxista en acceder al poder a través de las urnas en la región, restauró inmediatamente las relaciones diplomáticas con la isla (rotas desde 1964).
En noviembre de 1971, Fidel Castro llegó a Chile. La visita más larga de tres que le hizo Castro a Hugo Chávez, su discípulo venezolano devenido presidente ─la de octubre del 2000─ duró cinco días. La única que le hizo en Chile a Salvador Allende duró 24, del 10 de noviembre al 4 de diciembre de 1971.
Al parecer la victoria electoral de Allende, apenas un año antes, le provocó a Castro sentimientos encontrados. Por una parte, había un primer gobierno marxista aliado de Cuba en el subcontinente; por la otra, Allende había llegado al poder por la vía burguesa de las elecciones libres, no por la lucha armada que Castro predicaba y cuyos focos se habían reproducido como hongos en la región desde la década anterior.
Juzgando por lo que hizo en Chile, esto último prevaleció. Castro se saltó el programa original de 10 días de su visita realizando su propia vuelta de la victoria: recorrió de Norte a Sur la longitudinal geografía chilena visitando minas, fábricas y universidades, y castigando a las multitudes con discursos provocadores.
En ese marco hizo pronunciamientos que el propio Allende resintió. Acusó continuamente de débil a la vía electoral, en comparación con la lucha armada. (Décadas después apoyaría, a través del Foro de Sao Paulo que él y “Lula” Da Silva fundaron en 1990, la estrategia de alcanzar el poder a través de las urnas, una que llegó a sentar en la silla presidencial a políticos socialistas en 12 países de la región.
Otros puntos controversiales de las filípicas castristas en su tournée chilena fueron criticar a la prensa opositora, calificándola de “libelo”, y demandar mayor movilización de la izquierda chilena para defender al gobierno de la Unidad Popular &quot;por los medios que sean necesarios&quot; contra la oposición, a la que llamó reiteradamente “fascista”.
El siguiente ejemplo es parte de su largo discurso de despedida en el Estadio Nacional de Chile, el 2 de diciembre de 1971:
&quot;Por debilidades en el propio proceso revolucionario... los fascistas —para llamarlos como son— están tratando de ganarles la calle... tratar de ganarles las capas medias de la población... el éxito o el fracaso de este insólito proceso dependerá de la batalla ideológica y de la lucha de masas&quot;.
Estos planteamientos descaradamente pontificados por el principal proxy de la Unión Soviética en América Latina a lo largo de su gira polarizaron a Chile: los simpatizantes de Allende los vieron como solidaridad, mientras que la oposición los usó para denunciar injerencia y radicalismo. Eventualmente contribuyeron a los cacerolazos y tensiones previas al golpe de 1973.
Algo que simboliza la inconformidad de Castro con la vía electoral es que no se le ocurrió regalarle a su “compañero” Allende una caja de habanos o de botellas de ron cubano, sino que le obsequió un fusil AK-47.
Controlar arribaControlar arriba ha sido una máxima de la contrainteligencia castrista en su labor de zapa contra la oposición. Infiltrarse no como miembro simple, sino cerca de los líderes. Aunque el dispositivo de seguridad de Allende fue inicialmente como sus siglas GAP lo indican un Grupo de Amigos Personales del presidente naturales de Chile y que compartían sus ideas socialistas, Castro necesitaba tener cerca de Allende a gente de su confianza.
Se ha dicho que fue la hija del mandatario chileno, Beatriz Allende Bussi, casada con el cubano Luis Fernández Oña, quien pidió ayuda a Cuba para reforzar la seguridad de su padre. Pero esto suena demasiado como la reciente justificación del gobierno castrista sobre la presencia de 32 cubanos en Venezuela que perecieron durante la operación Absolute Resolve: “cumplían misiones en representación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior, a solicitud de órganos homólogos” de Venezuela.
Agente RomeoEn realidad, Fernández Oña, alias Carretero, fue un oficial del aparato de inteligencia cubano, entonces DGI, particularmente enfrascado en la labor política y de inteligencia en América Latina durante las décadas de 1960 y 1970. Fernández Oña era, habitualmente, el funcionario cubano del Departamento América del Comité Central del PCC dirigido por Manuel Piñeiro que atendía a Allende cuando éste visitaba la isla.
En una de esas escapadas de Allende a Cuba, en 1967, Beatriz Allende conoció a Fernández Oña, y se inició una relación sentimental ¿Amor sincero? Me gustaría solo recordar el matrimonio de Juan Pablo Roque con la cubanoamericana Ana Margarita Martínez como parte de la cobertura de las actividades de espionaje de él en Miami.
La inteligencia cubana, como han expuesto desertores de ese sector, fue entrenada por la Stasi germanooriental en las tácticas del agente Romeo, el arte de la seducción con el objetivo de conseguir secretos de Estado o ejercer influencia, aprovechando relaciones sentimentales con mujeres que tenían acceso a información sensible o el oído de funcionarios clave.
Alias Carretero llegó a la Embajada de Cuba en Santiago de Chile 22 días después de la elección de Allende para preparar la reanudación de relaciones diplomáticas. Una de las primeras cosas que hizo fue estabilizar su relación con Beatriz Allende. Ejerció funciones de consejero político y de inteligencia en la embajada cubana, con responsabilidades que incluían el apoyo y coordinación con sectores de la izquierda en ese país. Pero el foco de su labor sería el refuerzo de la seguridad personal del presidente Allende, casualmente recomendado por Beatriz.
Así empezó Castro a comisionar para “proteger” al mandatario marxista chileno, no a efectivos del Departamento de Seguridad Personal del Ministerio del Interior, sino a algunos de sus más experimentados agentes y guerreros en la sombra.
Entran en escena los mellizos De la GuardiaEn su libro “Narcotráfico y tareas revolucionarias, el concepto cubano”, el escritor Norberto Fuentes esboza la presencia en Chile de los superhéroes castristas Antonio y Patricio De la Guardia. Como es conocido, muchos años después, en 1989, los mellizos fueron víctimas de Fidel y Raúl Castro cuando necesitaron chivos expiatorios para exculparse de su relación de negocios con el Cártel de Medellín, comprobada por la DEA estadounidense: Antonio fue fusilado y Patricio condenado a 30 años de prisión.
Fuentes, amigo personal de los dos, señala que en septiembre de 1971 “Tony llega a Chile con el primer grupo operativo de Tropas Especiales, responsabilizado del estudio de las unidades militares chilenas y su situación operativa, así como la introducción clandestina de armamento”.
En el mismo mes, el chileno Max Marambio, apodado El Guatón y jefe de la escolta de Salvador Allende, el llamado Grupo de Amigos del Presidente (GAP), “comienza su proceso de acelerada cubanización. No pierde oportunidad de sumarse al entourage del ya legendario Tony de la Guardia, estacionado en Santiago”. El chileno acabaría siendo miembro del departamento MC (Moneda Convertible) del Ministerio del Interior de Cuba, dirigido por Tony De la Guardia, y encargado de conseguir divisas para Castro por cualquier vía, legal o ilegal.
Añade el también autor de “Hemingway en Cuba” que Tony sería “jefe del grupo operativo que garantiza la seguridad de Fidel (durante su visita de noviembre de 1971) en el norte del país —desde Santiago de Chile hasta Iquique. Años después, entre risas apagadas y en la intimidad de sus conversaciones conmigo, describe al Fidel de Chile ‘como un testigo de Jehová cuando anuncia el Armagedón’”.
El GAP y CubaEl GAP, el dispositivo de seguridad de Allende, evolucionó de una tropa informal a una unidad armada con entrenamiento y apoyo cubano. El grupo surgió en 1969 nucleando alrededor del mandatario a militantes socialistas, comunistas y del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) para proteger a Allende durante su campaña ante amenazas como atentados.
Tras su elección, se formalizó como su escolta personal, independiente de la policía (Carabineros e Investigaciones), con funciones de guardia en La Moneda, la casa presidencial de Tomás Moro y otras residencias. Integrado por entre 20 y 80 miembros (según la etapa) comenzó portando armas básicas.
Tras la petición ─personal o inducida─ de Beatriz Allende para reforzar la seguridad de su padre, Fidel Castro envió inmediatamente a sus agentes de confianza.
Cubanos como Dámaso José Lescaille Tabares, alias Ulises Estrada (entrenador de la integrante del grupo del Che Guevara en Bolivia conocida como Tania la Guerrillera); Patricio de la Guardia y Fernández Oña entrenaron al GAP en El Cañaveral, una propiedad de Allende, en manejo de armas como el fusil AK-47 y lanzacohetes RPG, conducción de vehículos y tácticas defensivas. Cuba les suministró armas por valija diplomática. Un escándalo de 1972 conocido como el de los &quot;bultos cubanos&quot; reveló en el aeropuerto de Pudahuel cajas con fusiles, pistolas y explosivos que habían llegado en un avión de Cubana de Aviación disfrazados como regalos destinados al GAP. Allende admitió públicamente que eran para su protección.
Aunque no hay certeza sobre presencia permanente de cubanos en el GAP, fuentes indican que los asesores castristas rotaban y algunos integraban temporalmente el grupo. Ese control sobre el jefe de Estado chileno se agudizó notablemente tras el primer intento de golpe militar, el 29 de junio de1973, más conocido como el Tanquetazo.
¿Fuego amigo?El autor francés Alain Ammar asegura en su libro de 2005 “Cuba Nostra, los secretos de Estado de Fidel Castro”, que cuando la Habana supo que los chilenos que rodeaban al presidente estaban asustados, Fidel Castro hizo saber que Allende no podía en ningún caso rendirse ni pedir asilo en una embajada, sino morir como un héroe.
Ammar basa su versión sobre los hechos ocurridos en La Moneda, el 11 de septiembre de 1973, día del golpe militar que derrocó a Allende, en dos testigos que dicen haber escuchado la versión del magnicidio de labios de Patricio De la Guardia en distintos momentos: el supuesto agente Juan Vives y Dariel Alarcón Ramírez, el “Benigno” de la guerrilla del Che Guevara en Bolivia.
En síntesis apretada, según esta versión, el mandatario habría sido asesinado por De la Guardia, quien primero le habría disparado una ráfaga en la cabeza mientras Allende, presa del pánico, corría gritando &quot;¡Hay que rendirse!&quot; y planeaba capitular, para luego, antes de que los cubanos huyeran a su embajada, colocarle encima el mismo fusil AK-47 que Castro le había regalado durante su visita y simular que se suicidó o murió combatiendo.
Para este artículo, preguntamos sobre lo descrito por Ammar a Ileana De la Guardia, sobrina de Patricio e hija de Tony. Su respuesta: “Ese periodista francés hizo ese libro basándose en lo que le contó un loco mitómano, Juan Vives, que se hacía llamar El Magnífico (…) Juan Vives vivía aquí en Francia y llegó casado con una francesa. En Cuba había sido traductor de francés, se inventó una historia de agente secreto completamente falsa. En el primer libro que hizo, escribió que había llevado platillos voladores de Cuba a Moscú a los agentes de la KGB. En el libro que hace con el periodista francés cuenta todo tipo de mentiras. Por supuesto que es falso que él encontró a Patricio en Cuba, y por supuesto que es completamente falso que Patricio mató a Allende y que es Patricio quien se lo cuenta a él. Te imaginas que tendría que ser muy estúpido Patricio para contar que el mató a Allende a un borracho en el (bar del) Hotel Habana Libre (…) Nosotros le pusimos un juicio al periodista y a Juan Vives”.
Vives ya murió, e Ileana no mencionó el testimonio de “Benigno”. Según escribe Ammar que le contó el sobreviviente de la guerrilla de Guevara, antes de ejecutarlo, Patricio había atrapado con fuerza a Allende, quien quería salir del palacio, y lo había sentado en el sillón presidencial gritándole: &quot;¡Un presidente muere en su sitio!&quot;.
¿Magnicidio, suicidio o muerte en combate?La versión aceptada por el Estado chileno, historiadores y forenses sostiene que Allende se suicidó en el Palacio de La Moneda durante el golpe de Estado de Augusto Pinochet, mientras las fuerzas golpistas atacaban la sede de la presidencia.
Las evidencias a su favor son, entre otras, el testimonio presencial de su médico, Patricio Guijón, quien afirmó haberle visto dispararse con un fusil AK-47 (el regalo de Fidel Castro) en una habitación del palacio mientras la situación se tornaba insostenible; y una autopsia científica realizada en 2011 al cuerpo exhumado: una comisión internacional de forenses concluyó de forma unánime que Allende murió por una herida autoinfligida con el fusil al dispararlo bajo la barbilla.
Sin embargo, reportes encontrados años después sugieren que pudo haber un primer disparo, seguido del otro con el AK-47, lo que algunos interpretan como evidencia de que pudo haber sido baleado primero y luego rematado para simular suicidio. Un documental de televisión, titulado &quot;La Duda&quot;, citado por el diario británico The Guardian, reveló un informe de 300 páginas de un tribunal militar, elaborado poco después de que Pinochet tomara el poder. El reporte indicaba que Allende pudo haber recibido un disparo en la cara con un arma de fuego de pequeño calibre antes de ser rematado con el fusil de asalto. Un análisis de huellas dactilares en el AK-47 no arrojó resultados.
Dos expertos forenses que analizaron este informe afirmaron que creían que primero le dispararon con un arma de pequeño calibre. Uno de ellos, Luis Ravanal, señaló que las fotografías de la escena no mostraban rastros de sangre en el cuello, el suéter ni la garganta de Allende, lo que sugiere que otra persona disparó el AK-47: &quot;La única explicación es que la segunda bala fue disparada cuando ya estaba muerto, y en otra posición&quot;.
Entre noviembre y diciembre de 2000, se llevó a cabo un estudio de la Pontificia Universidad Católica de Chile que fue publicado tres años más tarde. En dicho estudio, el 50,9 % de los chilenos encuestados consideró que la muerte de Allende había sido producto de un suicidio, mientras que el 49,1 % restante estimó que había sido producto de un asesinato.
Quien sí se sabe que se suicidó, sin lugar a dudas, es la hija del presidente chileno, Beatriz Allende. Tras exiliarse en La Habana en 1974, se lanzó al vacío en 1977 desde un piso del hotel Habana Libre. Según la versión oficial, lo hizo abatida por la depresión que nunca la abandonó tras la muerte de su padre; según canales informales, después de descubrir que su marido, el agente del Departamento América Luis Fernández Oña, tenía esposa y familia en Cuba.
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            <link>https://www.martinoticias.com/a/la-seguridad-de-los-gobernantes-y-el-enigma-de-la-muerte-de-salvador-allende/439543.html</link> 
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            <pubDate>Tue, 13 Jan 2026 10:44:03 -0500</pubDate>
            <category>Titulares</category><category>América Latina</category><author>editor@martinoticias.com (Rolando Cartaya)</author><enclosure url="https://gdb.martinoticias.com/b2e4ca21-8297-4919-a337-08de3cb86449_cx0_cy49_cw0_w800_h450.jpg" length="0" type="image/jpeg"/>
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            <title>Maduro y Cuba: una relación forjada en la ideología, la dependencia y el crimen</title>
            <description>Poco después de que una operación militar estadounidense resultara este 3 de enero en la captura del jefe del narcoterrorista Cártel de los Soles, Nicolás Maduro, el gobierno de Cuba la calificó como &quot;terrorismo de Estado&quot;, y el gobernante Miguel Díaz-Canel la condenó, llamó a la comunidad internacional a reaccionar, y convocó una nueva marcha “antiimperialista” en La Habana.

Y es que la relación entre Nicolás Maduro y Cuba no es circunstancial ni reciente. Se trata de un vínculo político, ideológico y estratégico vital para ambas partes, que se remonta a los años de formación del venezolano y que se ha profundizado de manera sistemática hasta convertirse en uno de los ejes centrales del poder en Venezuela y en el principal sostén del régimen parásito castrista.

Los viajes de Maduro a la isla, oficiales y no, se cuentan por docenas y sus primeros vínculos con Cuba se remontan a la década de 1980, cuando, siendo un joven dirigente sindical del Metro de Caracas, viajó a La Habana para recibir formación política.
Como joven militante de la radical Liga Socialista, tomó un curso entre 1986 y 1987 en la Escuela Nacional de Cuadros Julio Antonio Mella, antes conocida como Ñico López. Esta institución, vinculada al Partido Comunista Cubano, imparte cursos en filosofía marxista, economía política y estrategias revolucionarias. Patrocinado por su partido, Maduro completó ese año de estudios que cimentaron su ideología y sus lazos con el castrismo. Fuentes indican que esta experiencia lo marcó como un &quot;elegido de Cuba&quot;, diferenciándolo de otros líderes chavistas.

Esta capacitación en la isla fue su principal formación política, influenciada directamente por el modelo cubano. Al igual que otros cuadros latinoamericanos seducidos por la leyenda castrista, Maduro fue expuesto al pensamiento marxista-leninista y a la visión estratégica del castrismo, centrada en la confrontación con el “imperialismo” estadounidense y en el férreo control del poder mediante estructuras políticas, sociales y represivas altamente centralizadas. Estas experiencias moldearon su concepción del Estado, del liderazgo y del papel de las fuerzas armadas en la vida política.
Con la llegada de Hugo Chávez al poder en 1999, apoyada pública y secretamente por Fidel Castro, Cuba encontró en Venezuela un aliado estratégico de enorme valor económico y geopolítico. Chávez, un rendido admirador de Castro, estableció una alianza sin precedentes que incluyó inicialmente el suministro de petróleo subsidiado a cambio de servicios cubanos en áreas como salud, educación y deportes que beneficiarían a su gobierno populista, así como en la seguridad del gobernante.

En este contexto, Nicolás Maduro se convirtió en una figura clave. Primero como presidente de la Asamblea Nacional y luego, a partir de 2006, como ministro de Relaciones Exteriores, Maduro fue uno de los principales arquitectos y ejecutores de la política de integración con Cuba, que en algún momento proclamó a ambos países como uno solo.

Durante su período como canciller, se distinguió por una defensa férrea de la alianza con La Habana en foros internacionales. Su discurso replicaba con fidelidad las posiciones cubanas en temas como derechos humanos, soberanía y confrontación con Estados Unidos.
Más allá de la retórica, su rol fue crucial para profundizar los acuerdos bilaterales, muchos de ellos poco transparentes, que ampliaron la presencia de asesores cubanos en la estructura del Estado venezolano. En 2007 se firmaron acuerdos militares secretos que abrieron las puertas de Venezuela a miles de militares cubanos, incluidos altos oficiales de seguridad, contrainteligencia y de las fuerzas armadas para transformar al estilo castrista los correspondientes organismos venezolanos y eventualmente controlarlos.

La enfermedad y posterior muerte de Chávez marcaron un punto de inflexión. Antes de fallecer, Chávez ungió a Maduro como su sucesor, una decisión que contó con el beneplácito explícito de los Castro, que veían en el cuadro formado en la Ñico López una figura más predecible y dependiente que otros posibles herederos del chavismo.

En las elecciones de abril de 2013, Maduro ganó por estrecho margen contra Henrique Capriles. Esta victoria fue controvertida, con acusaciones de fraude, pero marcó el comienzo de una era donde la influencia cubana se intensificó. Maduro heredó no solo el poder, sino también un sistema ya profundamente influenciado por Cuba y una economía en deterioro acelerado, producto de la corrupción de sus propios colaboradores, la malversación del erario público y la represión contra las empresas privadas.

Ya como presidente, enfrentó una creciente crisis de legitimidad, protestas masivas y fracturas internas. En ese contexto, la relación con Cuba adquirió un carácter aún más estratégico. Expertos y exfuncionarios venezolanos han señalado que el gobierno cubano reforzó su presencia en áreas críticas como la seguridad presidencial, la contrainteligencia civil (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional, SEBIN), y militar (Dirección General de Contrainteligencia Militar, DGCIM), y los mecanismos de control social como el CESSPA, encargado de monitorear las comunicaciones telefónicas y digitales.

Estos cuerpos de seguridad han sido señalados, incluso por una misión independiente del Consejo de Derechos Humanos como espacios donde la presencia cubana ha sido denunciada, desde las torturas en el SEBIN y la DGCIM hasta la brutal represión de las protestas masivas de 2014, 2017 y 2019 que dejaron cientos de muertos y miles de detenidos.

En el ámbito militar, aunque las fuerzas armadas venezolanas conservan formalmente su estructura y mando, oficiales disidentes de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana coinciden en que la doctrina militar y los sistemas de contrainteligencia interna han sido convenientemente retorcidos por los cubanos. Su influencia ha determinado el soborno de altos mandos militares, resultante en su alineamiento con el proyecto chavista, y a la represión contra los inconformes, todo lo cual redujo las posibilidades de una ruptura interna.
Cuba y el Cartel de los SolesRecientemente, el exjefe de inteligencia de Chávez y Maduro, Hugo &quot;El Pollo&quot; Carvajal, realizó acusaciones directas sobre el rol de Cuba en el narcotráfico impulsado por Venezuela en una carta enviada desde su prisión en Estados Unidos al presidente Donald Trump, que fue publicada por el medio The Dallas Express.

En su misiva Carvajal afirma: “Fui testigo directo de cómo el Gobierno de Hugo Chávez se convirtió en una organización criminal que hoy dirigen Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y otros altos funcionarios del régimen. El objetivo de esta organización, hoy conocida como el Cartel de los Soles, es usar las drogas como un arma contra Estados Unidos”.
“Este plan fue sugerido por el régimen cubano a Chávez a mediados de la década de 2000 y se ha ejecutado con éxito con ayuda de las FARC, el ELN, operadores cubanos y Hezbolá. El Gobierno venezolano proporcionó armas, pasaportes e impunidad a estas organizaciones terroristas para operar libremente desde Venezuela”.

La Habana no solo concibió la estrategia, sino que proporcionó apoyo operativo: armas, documentos falsos, cobertura de inteligencia y asistencia para estructurar redes narcoterroristas que operaban desde territorio venezolano y en la zona fronteriza con Colombia.

Cuba también desempeñó un papel en el reclutamiento de criminales para defender al chavismo. La creación de los grupos paramilitares llamados Colectivos y la posterior exportación a Estados Unidos de miembros del Tren de Aragua, ambos bajo el gobierno de Maduro, tienen un claro antecedente en el envío a EEUU vía Mariel, por parte de Fidel Castro de decenas de miles de criminales sacados de las cárceles cubanas. También es un método represivo habitual de la Seguridad del Estado el reclutamiento de sicarios entre los presos comunes para hostigar a los presos políticos.

En síntesis, el vínculo entre Nicolás Maduro y Cuba es el resultado de décadas de afinidad ideológica, intereses compartidos y dependencia mutua. Para el régimen cubano, Venezuela ha sido un salvavidas económico y un aliado geopolítico clave; para Maduro, Cuba ha representado un sostén fundamental para conservar el poder en medio de una profunda crisis económica, social y política. Esta relación, lejos de debilitarse, se había consolidado con el tiempo. Sin embargo, con la captura de Maduro, su futuro parece más que incierto, marcando posiblemente el fin de una era en las dinámicas hemisféricas.

Nicolás Maduro Moros, nacido en Caracas en 1962, ha mantenido una relación profunda y multifacética con Cuba a lo largo de su carrera política. Esta alianza, forjada en ideales revolucionarios compartidos, se remonta a sus años formativos en la isla caribeña y se ha extendido hasta el presente, influyendo en la seguridad, las fuerzas armadas y la inteligencia venezolana.
Desde su rol como canciller bajo Hugo Chávez hasta su controvertida presidencia, Maduro ha consolidado a Cuba como un pilar indispensable para su régimen, incluso en medio de crisis económicas y políticas. Hasta enero de 2026, esta conexión ha sido clave para su supervivencia política, aunque eventos recientes, como la operación militar estadounidense que resultó en su captura, han puesto en jaque esta dinámica.
Los orígenes de esta relación se remontan a la década de 1980. Maduro, un joven militante de la Liga Socialista, viajó a La Habana entre 1986 y 1987 para recibir formación política en la Escuela Nacional de Cuadros Julio Antonio Mella, conocida como Escuela Ñico López. Esta institución, vinculada al Partido Comunista Cubano, impartía cursos en filosofía marxista, economía política y estrategias revolucionarias. Patrocinado por su partido, Maduro completó un año de estudios que cimentaron su ideología y sus lazos con el castrismo.
Fuentes indican que esta experiencia lo marcó como un &quot;elegido de Cuba&quot;, diferenciándolo de otros líderes chavistas con menor respaldo internacional. Aunque Maduro no completó estudios universitarios formales, esta capacitación en la isla fue su principal formación política, influenciada directamente por el modelo cubano de control estatal y resistencia antiimperialista.
Al regresar a Venezuela, Maduro se involucró en el sindicalismo como conductor del Metro de Caracas y dirigente de la Liga Socialista. Su ascenso político se aceleró con la llegada de Hugo Chávez al poder en 1999. Maduro fue uno de los fundadores del Movimiento Quinta República y ocupó cargos clave, como diputado y presidente de la Asamblea Nacional. En 2006, Chávez lo nombró Ministro de Relaciones Exteriores, un puesto que ocupó hasta 2013.
Como canciller, Maduro profundizó los lazos con Cuba, impulsando acuerdos de cooperación en salud, educación y seguridad. Estos pactos, basados en el Convenio Integral de Cooperación firmado en 2000 por Chávez y Fidel Castro, incluyeron el intercambio de petróleo venezolano por servicios médicos y asesoría cubana.
Maduro se convirtió en un nexo clave entre Caracas y La Habana, fortaleciendo la alianza estratégica que Chávez había iniciado. Durante el cáncer de Chávez en 2011, Maduro gestionó los viajes del presidente a Cuba para tratamientos, consolidando su rol como puente diplomático.
La transición de Maduro a la presidencia fue un momento pivotal. Tras la muerte de Chávez el 5 de marzo de 2013, Maduro asumió como presidente interino, según la línea de sucesión constitucional. Chávez lo había designado como sucesor en diciembre de 2012, pidiendo lealtad al chavismo.
Uno de los aspectos más controvertidos de su presidencia ha sido la cesión de control sobre la seguridad, las fuerzas armadas y la inteligencia a asesores cubanos. Desde 2008, acuerdos bilaterales permitieron a Cuba rediseñar el sector militar venezolano.
Bajo asesoría cubana, se reformuló la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), que ahora espía a las propias tropas, infundiendo miedo y sofocando disidencias. Se estima que miles de cubanos -hasta 30.000 en picos-han operado en Venezuela, incluyendo agentes de inteligencia del G2 cubano, que han penetrado ministerios, PDVSA y el Servicio Bolivariano de Inteligencia (SEBIN).
Esta influencia ha sido crucial para reprimir protestas, como en 2014 y 2017, y para prevenir golpes internos. Críticos, como el exgeneral Manuel Cristopher Figuera, afirman que los cubanos controlan comunicaciones militares y siembran desconfianza entre oficiales. A cambio, Venezuela ha proporcionado petróleo subsidiado, vital para la economía cubana.
Hasta 2026, las relaciones han permanecido sólidas, pese a sanciones internacionales y crisis. En 2025, Maduro reafirmó la alianza como base para la integración regional, celebrando 25 años del Convenio Integral. Sin embargo, el 3 de enero de 2026, una operación militar estadounidense resultó en la captura de Maduro, calificada por Cuba como &quot;terrorismo de Estado&quot;. El presidente cubano Miguel Díaz-Canel condenó el acto y llamó a la comunidad internacional a reaccionar. Diosdado Cabello, figura clave del chavismo, lo describió como un &quot;ataque criminal&quot;.
Esta intervención pone fin a 13 años de Maduro en el poder, pero resalta cómo Cuba ha sido su sostén hasta el último momento.
En resumen, los vínculos de Maduro con Cuba evolucionaron de una formación ideológica personal a una dependencia estructural que definió su régimen. Esta alianza, forjada en la solidaridad revolucionaria, ha enfrentado críticas por erosionar la soberanía venezolana, pero también ha sido vista como un baluarte contra intervenciones externas. Con la captura de Maduro, el futuro de esta relación queda incierto, marcando posiblemente el fin de una era en las dinámicas hemisféricas.
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            <pubDate>Sun, 04 Jan 2026 14:51:23 -0500</pubDate>
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            <title>El castrismo y Venezuela: Injerencia, control y narcoterrorismo</title>
            <description>Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento en la base de Baracoa, Cuba, el 13 de julio de 1989, el general Arnaldo Ochoa puede haber recordado, junto con sus glorias en las guerras en Angola y Etiopía, aquel desembarco suyo en Venezuela en 1966, una de las primeras operaciones secretas de Fidel Castro para exportar la revolución cubana a América Latina.
La brillante carrera militar de Ochoa, que comenzó como un soldado rebelde veinteañero en la guerra de guerrillas contra el gobierno de facto de Fulgencio Batista, añadió un hito con aquella infiltración en Venezuela, en la que le acompañaban otros 15 oficiales cubanos, entre ellos los luego generales Ulises Rosales del Toro y Raúl Menéndez Tomassevich, así como el venezolano Luben Petkoff. Fidel Castro había microdirigido la operación, encaminada a apoyar las guerrillas que intentaban derrocar al gobierno democrático de Raúl Leoni.
En Venezuela, Ochoa comandó una emboscada y entrenó a guerrilleros. Pero la operación terminó en fracaso y tuvieron que regresar huyendo a Cuba. Una leyenda asegura que Ochoa pudo escapar disfrazado de mujer.
Avance rápido a 1989. Meses después del fusilamiento del general Ochoa, y de que fueran procesados el coronel Tony De la Guardia y sus ayudantes por supuesta traición a la patria, cayó el Muro de Berlín. Al año siguiente, 1990, el foro de Sao Paulo acordó priorizar la estrategia de conquistar el poder a través de las urnas. Partidos de izquierda llegarían a gobernar en 12 países de América Latina.
En 1998, medio centenar de asesores cubanos se instalaron en Venezuela ─ se ha dicho que 27 de ellos en Isla Margarita─ para apoyar en temas como encuestas, propaganda y guerra psicológica la campaña electoral del ex golpista Hugo Chávez, quien acabó acopiando el 56,2 % de los votos. Fue también una victoria para Castro, que le permitió conseguir un nuevo souteneur para su economía parásita tras los siete años de vacas flacas que siguieron a la desintegración de la Unión Soviética. Se firmaron acuerdos de cooperación que contemplaban el envío de médicos y otros profesionales cubanos a cambio de petróleo. Las misiones cubanas servirían bien al gobierno populista de Chávez.
Pero Castro quería más, necesitaba perpetuar a Chávez en el poder. Así, la verdadera entrada a saco del régimen cubano en Venezuela se produjo a raíz de dos acuerdos militares secretos suscritos en 2007. El primero prepararía a los agentes de inteligencia venezolanos para “el descubrimiento y enfrentamiento a la labor de inteligencia y subversiva del enemigo”.
El segundo acuerdo autorizó a los funcionarios cubanos a supervisar la “asimilación” y la “modernización” del ejército de Venezuela bajo la dirección del Grupo de Coordinación y Enlace cubano o GRUCE, compuesto por altos oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionaras (FAR) y el Ministerio del Interior (MININT) hasta el grado de General de División. Entre ellos se contaron los generales Leonardo Andollo Valdés, Hermio Hernández, Onelio Aguilera Bermúdez, Alejandro Ronda Marrero, Frank Yánez, Juan Carlos Tamargo Baniela, y Ramón Alfredo Lausao. El GRUCE ha diseñado planes para situaciones excepcionales en el país sudamericano, a ser desarrollados solo por los cubanos en Venezuela, incluidos los miembros de las misiones.
Se han barajado diferentes estimados ─desde 20.000 hasta 100.000 en algún momento─ sobre el contingente total cubano en Venezuela, que incluye a miles de cooperantes en la medicina, la informática, el deporte y la educación, sometidos a condiciones de esclavitud moderna. De 3.000 a 5.000 serían militares, incluyendo a oficiales de las fuerzas armadas y los servicios de seguridad, inteligencia y contrainteligencia de Cuba, hasta el grado de General de División.
Estos ejercen hasta hoy control, asesoría y participación en los organismos militares y paramilitares de Venezuela, así como en sectores civiles estratégicos (aeropuertos, oficinas de cedulación, internet). Su presencia ha sido documentada con grabaciones, fotos, documentos y videos, así como testimonios de oficiales venezolanos disidentes como el general Antonio Rivero, el coronel retirado Julio Rodríguez y el teniente coronel Carlos José Montiel. En las fotos los cubanos aparecen convenientemente vestidos de civil.
Los militares cubanos están distribuidos por todo el país, desde el neurálgico Fuerte Tiuna, en Caracas, hasta la última guarnición, como ha documentado el colega venezolano Casto Ocando. Se desempeñan desde los anillos de protección presidencial y la sala situacional de Miraflores, hasta las Regiones Estratégicas de Defensa Integral (REDI), la contrainteligencia civil (SEBIN) y la militar (DGCIM) luego de que los cubanos reconvirtieran a su imagen y semejanza los servicios anteriores.
Un informe publicado en 2022 sobre una visita de una Misión independiente del Consejo de Derechos Humanos (CDH) a Venezuela señala en su punto 33: “Varios exfuncionarios de la DGCIM manifestaron a la Misión que agentes del Estado cubano han instruido, asesorado y participado en actividades de inteligencia y contrainteligencia con la DGCIM”.
Tanto este organismo como el SEBIN han sido acusados por la misión de Naciones Unidas de emplear métodos como descargas eléctricas, asfixia, inmersión en agua, violencia sexual, y privación de agua y alimentos. Organizaciones como el Instituto Casla añaden colgamientos, palizas, puntapiés en el rostro y cortadas con navajas en los pies y los glúteos. Al menos diez venezolanos han muerto bajo custodia de estos órganos represivos.
Desde el CESSPA (Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria) los enviados castristas no solo centralizaron los datos de los organismos de inteligencia, sino que implantaron una maquinaria de espionaje compuesta de hackers y expertos electrónicos con sofisticados dispositivos destinada a las escuchas electrónicas. La información acaba en manos de ellos.
La mayoría de los militares cubanos trabajan como asesores y espías, aunque se ha reportado presencia de tropas especiales del MINFAR Avispas Negras en la isla de La Orchila y hay evidencias de que cubanos han participado en la represión disfrazados de elementos de la Guardia Nacional y la Policía Nacional Bolivarianas. Adicionalmente, como indica uno de los planes del GRUCE, los cooperantes con entrenamiento militar (un requisito en el caso de los médicos) pueden ser llamados a actuar como milicia de apoyo o en misiones de inteligencia, además de realizar labores regulares de proselitismo político.
Durante las protestas masivas de 2014 y 2017 los cubanos asesoraron una despiadada represión, inédita en Venezuela, que dejó más de 200 muertos y miles de heridos y detenidos. El ex embajador de Venezuela ante la ONU, Diego Arria, colgó en Youtube una grabación de audio donde alguien con claro acento cubano instruye cómo facilitar el paso de la Guardia Nacional más allá de las guarimbas o barricadas y cómo los francotiradores pueden “sacar” de las protestas a líderes de las manifestaciones.
Arria dijo a Martí Noticias que generales en retiro de la Guardia Nacional le aseguraron que el despliegue de terror durante las protestas se debía a los cubanos. Esto incluyó disparos precisos de la Guardia y de los llamados “colectivos”, paramilitares formados a instancias y bajo supervisión de los cubanos y antecedente directo del uso de delincuentes para defender al régimen.
Los disparos iban dirigidos no a ahuyentarlos, sino a matar manifestantes. Los patrones eran claros: disparos en la cara: (Geraldine Moreno Orozco, 23 años; Jimmy Vargas, 34; Juan Carlos Montoya, 40); disparos a la cabeza (Bassil Alejandro Da Costa, 24; Roberto Redman, 31; Génesis Carmona, la Miss Turismo Carabobo 2013, 21) y disparos en el pecho (Daniel Tinoco líder de una guarimba en San Cristóbal, estado Táchira).
Durante las protestas de 2014 El Nuevo Herald informó que una veintena de altos oficiales y funcionarios cubanos coordinaron desde el Palacio de Miraflores las acciones de los colectivos, también integrados por miembros del ELN colombiano, apoyado por Cuba y protegido en territorio venezolano por el régimen de Maduro.
Hablando sobre Venezuela ante el CDH en marzo de 2019, la entonces Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU Michel Bachelet abordó el tema: “La Oficina ha documentado 66 muertes durante las protestas realizadas de enero a mayo de 2019, de las cuales 52 son atribuibles a las fuerzas de seguridad del Gobierno o a los colectivos”.
Para el libro de 2019 “Cubazuela: crónica de una intervención cubana”, la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba recibió una copia en Power Point de un manual castrista de contrainteligencia que se usaba en Venezuela titulado Tarea Escudo. Los métodos de obtención de información, penetración, socavación, procesamiento legal y “neutralización” aplicados a opositores, militares descontentos y otros sectores que puedan representar una amenaza para el régimen de Maduro son los mismos que se utilizan en la isla, como nos han confirmado opositores cubanos.
La Habana y el Cártel de los SolesEn una carta dirigida el 2 de diciembre de 2025 al presidente Donald Trump desde una prisión federal en Estados Unidos, el exjefe de inteligencia y contrainteligencia militar bajo los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, Hugo Carvajal Barrios, acusó al régimen cubano de sugerir a Chávez a mediados de la década del 2000 un plan para usar las drogas como arma contra EE.UU. y cooperar con sus operativos de inteligencia para llevarlo a cabo junto con las organizaciones narcoterroristas ELN, FARC y Hezbollah.
Este protagonismo de La Habana en la formación del Cártel de los Soles revela una continuidad del papel de Fidel Castro en una estrategia deliberada de guerra no convencional de la KGB diseñada en los años 60, con Cuba como punta de lanza, para destruir a Occidente, y especialmente a Estados Unidos, inundándolos de drogas. Esto fue denunciado por un analista de seguridad nacional estadounidense, Joseph Douglass Jr, en su libro de 1990 “Red Cocaine, the drugging of America”.
Está bien documentado en una acusación de 1982 en tribunales estadounidenses el intercambio de recepción y protección en Cuba, y posteriormente su despacho con destino a EE.UU., de drogas enviadas desde 1979 por el narcotraficante colombiano Jaime Guillot Lara, a cambio de que los barcos llevaran de vuelta armas a la guerrilla M-19.
Fueron encausados en el expediente el embajador de Cuba en Colombia y agente del Departamento América Fernando Ravelo Renedo, su segundo, Gonzalo Bassols, el vicealmirante y Jefe de la Marina de Guerra cubana Aldo Santamaría y el presidente del organismo fachada de la Dirección General de Inteligencia, Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos. Los dos últimos eran miembros del Comité Central del PCC.
Posteriormente, si bien Fidel Castro sacrificó como chivos expiatorios en la causa 1 de 1989 al general Ochoa y el coronel De la Guardia y sus ayudantes, el involucramiento del régimen al más alto nivel en el tráfico de drogas con el Cártel de Medellín ha sido confirmado por testigos clave como Jhon Jairo Velázquez, “Popeye”, jefe de sicarios de Pablo Escobar; el miembro fundador del Cártel Carlos Lehder; los narcotraficantes cubanoamericanos grabados con cámaras y micrófonos ocultos por la DEA Reinaldo y Rubén Ruiz, este último piloto de las avionetas que llevaban la droga a la isla; y por el ex guardaespaldas de Fidel Castro teniente coronel Juan Reynaldp Sánchez.
Si bien el alto riesgo que representaron para la seguridad de su régimen las evidencias reunidas por la DEA paralizaron por un tiempo esta variante de la guerra asimétrica del régimen contra Estados Unidos, la promoción de la victoria electoral de Chávez, y su posterior reemplazo por un político formado en Cuba como Nicolás Maduro facilitaron al régimen castrista la continuación del uso de las drogas como arma, esta vez creando una zona de amortiguación en Venezuela, de modo que los narcóticos no pasaran por su territorio.
Para entonces las guerrillas colombianas ELN y FARC apoyadas por La Habana habían añadido a sus métodos criminales de financiamiento como la extorsión, el secuestro y las llamadas vacunas a cultivadores de coca y productores de cocaína (impuestos “revolucionarios”), la producción directa y exportación del estupefaciente. Golpeados por la política de seguridad democrática del presidente Alvaro Uribe y su continuador Juan Manuel Santos, algunos frentes de los grupos guerrilleros hallaron refugio y apoyo logístico en la zona fronteriza con la Venezuela de Chávez y luego por parte del régimen de Maduro, ya con el Cártel de los Soles convertido en el centro de una política de Estado contra los Estados Unidos.
Tras el acuerdo de paz de 2016 negociado en La Habana entre las FARC y el gobierno de Santos, frentes disidentes de la guerrilla como los de Iván Márquez e Iván Mordisco continuaron produciendo y exportando drogas, más recientemente (Mordisco) con apoyo de organismos de inteligencia del gobierno de Gustavo Petro, como expuso tras una documentada investigación Radio Caracol.
Los violentos enfrentamientos en la zona fronteriza del Catatumbo en enero de 2025 entre el ELN y disidencias de las FARC indican que la primera de estas guerrillas, involucrada en la represión en Venezuela, es la favorita del Cártel de los Soles para controlar los laboratorios de cocaína, las pistas de aterrizaje y las rutas de contrabando desde Colombia hacia el país vecino.
Todo eso podría cambiar después de las declaraciones del Presidente de Estados Unidos Donald Trump el 3 de diciembre del 2025, sobre el inminente comienzo de operaciones militares en tierra, en Venezuela y eventualmente en Colombia, para eliminar rutas, laboratorios y madrigueras de los narcoterroristas del Cártel de los Soles y sus aliados.
“Los cárteles de la droga son el ISIS del hemisferio occidental”, concluyó diciendo Trump, resaltando la importancia crucial que su administración concede a esta amenaza y preludiando el poder de fuego que está dispuesto a usar para erradicar el narcoterrorismo en el hemisferio occidental.
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            <pubDate>Sat, 06 Dec 2025 08:04:21 -0500</pubDate>
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            <title>Elogio de El Johnny, un periodista cubano que abrió caminos</title>
            <description>En marzo del 2003 Fidel Castro, furibundo por el Premio Sajarov concedido a Oswaldo Payá y por las condenas en Miami a cinco de los espías de su Red Avispa, aprovechó que la prensa mundial estaba enfocada en la invasión de Irak para ordenar la detención y enjuiciamiento sumario, al estilo nazi, de 15 opositores a su régimen por cada uno de sus cinco topos.
Los arrestos comenzaron el 18 de marzo y para el 6 de abril 75 activistas de derechos humanos y del Proyecto Varela, sindicalistas, bibliotecarios y periodistas independientes ya estaban sentenciados a penas promedio de 20 años de prisión y en camino a las ergástulas más alejadas de sus lugares de residencia. El golpe a la prensa independiente, que había florecido en 1995, y desde entonces narrado la realidad de la Cuba profunda como jamás lo hicieron los medios oficialistas, no fue leve: 26 de los 75, más de la tercera parte, eran comunicadores alternativos.
Guardo todavía discos con las grabaciones que les hacía para el programa “Sin Censores ni Censura” de Radio Martí. Cuando por aquellos días nefastos tomé la última en la voz del pinero Fabio Prieto Llorente pensé que la recuperación de la prensa independiente cubana iba a tomar años. Me dio alguna esperanza la publicación, con sus demás redactores presos, del tercer número de la revista De Cuba, gracias al coraje de la veterana colega de Cuba Press Tania Quintero y de la joven, pero no menos talentosa y valiente periodista del Grupo de Trabajo Decoro Claudia Márquez Linares.
Sin embargo, coronado por el fusilamiento sumario de tres jóvenes negros que intentaron desviar la lanchita de Regla sin haber derramado sangre, el terror se hizo entonces rey.
Hasta que dos locos brillantes, visionarios y machacados por el régimen decidieron tomar el relevo. Encaramándose en la ola mundial de rechazo a la letal rabieta de Castro, Luis Cino ─por entonces sereno de una vaquería─ y Juan González Febles ─“El Johnny” para muchos rockeros semiclandestinos─ concibieron la idea de lanzar un semanario digital.
Para que no hubiera lugar a dudas le pusieron por nombre Primavera. Con ayuda de embajadas y el apoyo de colegas que no llegaron a hacer la lista de Castro como Víctor Manuel Domínguez, Julio Aleaga Pesant y José Antonio Fornaris, Primavera se hizo realidad.
Sin el semanario de Cino y El Johnny, se habría interrumpido de nuevo la crónica de la Cuba que no salía en los noticieros. Con sus colaboraciones y los relatos de las Damas de Blanco sobre sus familiares presos pude mantener en el aire “Sin Censores ni Censura”en Radio Martí. Y la emisora podía siempre llamarlos para obtener reacciones de dentro sobre las noticias cubanas.
Tengo que confesar que mi favorito en esos casos era El Johnny. Creo que la frase es de Alberto Cortez, pero para mí González Febles era la mejor prueba de que lo serio no es lo contrario de lo divertido. En medio de sus agudos análisis intercalaba aquellos cubanismos que luego nos hacían reír a todos en las dos orillas: a nosotros en la redacción y del otro lado de sus radios rusos de onda corta VEF y Selena, a los cubanos que podían identificarse con uno de ellos que hablaba a calzón quitado y desde allí dentro.
Era tan divertido El Johnny que cuando una vez en su demencia senil que yo ignoraba se le perdió por días a su esposa y colaboradora Ana Torricella, pensé que era otra broma suya y le escribí a Ana por Facebook que lo amarrara a la pata de la cama. Ahora me llega la noticia de su deceso y lo siento. Lo siento por Ana, por Cino, por mí, por sus compañeros de Primavera y por la prensa independiente cubana, en cuya historia se ganó un sitial. Pero no puedo evitar imaginarme al Johnny allá en el Cielo, haciendo reír al mismísimo Dios y, como él solía decir, “hasta a Malanga y su puesto’e viandas”.


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            <pubDate>Tue, 14 Oct 2025 18:05:45 -0400</pubDate>
            <category>Titulares</category><author>editor@martinoticias.com (Rolando Cartaya)</author><enclosure url="https://gdb.martinoticias.com/C82AAD07-B9AE-46CA-83CF-25F2D63FD7B8_w800_h450.jpg" length="0" type="image/jpeg"/>
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