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Invertir en la Cuba comunista no es fácil y los riesgos son grandes. Así que inviertan los que se la quieren jugar.

Para invertir en un país extranjero los inversionistas buscan garantías mínimas. Chile es un buen ejemplo de un país donde las inversiones extranjeras fluyen con facilidad ya que los gobiernos chilenos le garantizan la seguridad de sus inversiones y la posibilidad de repatriar sus ganancias sin muchas trabas.

Ahora Cuba busca algo parecido. El único problema es poder demostrar que el gobierno comunista en la isla esta vez si está comprometido a cumplir con esa reglas básicas que exigen las empresas extranjeras.

En Chile, por ejemplo, el gobierno no exige ser el accionista mayoritario en as inversiones extranjeras. Chile tampoco demanda que los empleados contratados sean aquellos que pertenecen a una organización gubernamental.

Cuba no entiende esas sutilezas. El gobierno de Raúl Castro cree que invertir en el paraíso comunista es un privilegio y que las empresas – o mejor dicho en este caso los exiliados – van a disputarse la oportunidad de invertir en su país natal.

No nos equivoquemos. A pesar que el un país donde históricamente las garantías gubernamentales valen poco, el gobierno de Cuba entiende que la nueva ley va a eliminar todas las dudas que tienen los inversionistas.

Esta vez, al igual que dijeron en 1995, el gobierno de Cuba permitiría una inversión extranjera del 100% del negocio, siempre y cuando el gobierno lo apruebe y que los inversionistas accedan a permitir que una agencia del estado diga a quien puede contratar y a quien puede despedir.

Además dejan ver en forma muy clara que prefieren las inversiones en las cuales Cuba tenga el 51% de las acciones y el que pone el dinero sólo tenga una minoría del mismo – el 49%. Para incentivar este tipo de inversiones Cuba dice que los impuestos en las empresas mixtas serían del 15% mientras que el de las empresas extranjeras sin sociedad con el gobierno tendrían que pagar el 30% de impuestos. La realidad es que aunque Cuba hable bonito, los riesgos en la isla siguen siendo muy grandes.

De acuerdo a artículos publicados en mayo del 2013 en diversas publicaciones, inversionistas canadienses y británicos arrestados en el 2011 y acusados de corrupción iban a ser juzgados.

Sarkis Yacoubian, un hombre de negocios canadiense, fue arrestado en el 2011, sentenciado a nueve años de cárcel por corrupción en abril del 2013 y puesto en libertad el 31 de marzo de este año – dos días después que Cuba aprobara la nueva ley de inversiones extranjeras.

Por supuesto que su puesta el libertad el lunes de esta semana fue pura casualidad. Casualidad que yo no me creo. El no es el único. Cy Tokmakjian, canadiense de 73 años, lleva más de dos años preso en la cárcel de La Condesa. Todavía no lo han llevado a juicio ni le han notificado de que lo acusan.

Hay otros. En Cuba las cosas son así de arbitrarias.

Y esas son las condiciones prevalecientes ahora que Cuba quiere abrir el país a inversionistas extranjeros y aunque lo niegue; si son exiliados mejor.
Cuba ahora promete que no van a haber nuevas expropiaciones, como las que tuvieron lugar en los primeros años de la revolución. Eso sólo lo permitirían si el gobierno determina que el bienestar social o del pueblo requiere que lo hagan. O sea, que los negocios siempre pueden ser expropiados a discreción del gobierno. Y la paga por los mismos, ¿quién lo determina? Pues por supuesto que el arbitro es el mismo gobierno.

El Ministro de Comercio Exterior e Inversiones, Rodrigo Malmierca, dijo la semana pasada que Cuba no buscaba – ni prohibía la inversión de los exiliados.

Pero no hay duda que el gobierno cubano está consciente que la comunidad cubana en el exterior manda 2 mil 400 millones de dólares en remesas a sus familiares y otra cantidad similar en viajes a la isla.

Entonces, tiene sentido que ellos busquen la forma de conseguir que los exiliados sean los principales inversionistas. Ellos cuentan con que los exiliados olviden las expropiaciones del pasado, ignoren los abusos de los derechos humanos, y crean en las leyes promulgadas a como les de la gana al gobierno.

Al igual que en 1995, no creo que los exiliados se dejen engañar por una ley propuesta y aprobada por la Asamblea Nacional en menos de una semana, porque de la misma forma que hoy pasaron una ley permitiendo inversiones extranjeras, mañana dicen que les duele una muela y cambian de parecer.
Invertir en la Cuba comunista no es fácil y los riesgos son grandes. Así que inviertan los que se la quieren jugar. No es cosa fácil para los que quieran garantías creíbles.

Guillermo I. Martínez reside en el sur de la Florida. Su dirección electrónica es: Guimar123@gmail.com

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