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Asaltos en plena vía


Plantar un obstáculo en la vía puede ser otro truco para obligar al conductor a apearse

Plantar un obstáculo en la vía puede ser otro truco para obligar al conductor a apearse

Desconfíe si le dicen que tiene una goma baja de aire. Puede ser una trampa para asaltarle.

En el presente de la vida en la capital cubana aparecen nuevas modalidades de hechos delictivos que llenan de inseguridad y pánico a quienes los sufren; como sucede con quienes conducen por carreteras y avenidas aunque no haya caído del todo la noche.

La amplia Avenida Boyeros es una de las seleccionadas por grupos de jóvenes que están al tanto de que pase en su coche la víctima, mucho mejor si es una mujer y, si los conductores van solos y no son jóvenes.

En esos horarios no hay inspectores ni policías de tránsito escondidos en matorrales o detrás de los muros para arremeter contra los choferes, imponer multas y hasta quitarles la licencia de conducción.

“Me preocupo porque mi auto esté sin problemas, gracias a Dios, tengo dinero para mantenerlo. Por eso me quedé sorprendida cuando unos jóvenes se acercaron a la ventanilla y me dijeron que tenía una goma que le faltaba aire. Paré y en cuanto me bajé la vi bien, los muchachos ya no estaban, no le di importancia, pero cuando llegué al CUPET y fui a pagar me habían robado el monedero de la guantera. Fue muy rápido, no me di cuenta, pude al fin pagar la gasolina, porque menos mal que allí me conocen”, recuerda una señora, quien hubiera podido salir peor del engaño.

Otros han sufrido robos cuando de pronto chocan con un obstáculo puesto en la vía ex profeso. Cuando se bajan, los delincuentes escondidos salen y los amenazan o simplemente roban lo primero que vean y se dan a la fuga.

Lo mismo sucede en otros puntos de la capital como con quienes van hacia el este y se alejan de las áreas más pobladas; la carretera apenas tiene iluminación y es un riesgo para choferes y pasajeros.

Algunos conductores llevan cabillas o machetes que colocan lo más cerca posible y casi siempre van en compañía de otro hombre que ayuda a cobrar y está a la viva de quiénes suben al carro, o tratan de pararlo en un sitio obscuro.

La incertidumbre y la impunidad se mezclan. El afectado solo agradece quedar con vida y no ser maniatado, pero en momentos como estos de crisis generalizada, la pérdida de una suma de dinero, o de otro bien, puede ser un amargo suceso para los que necesitan andar por calles y avenidas, a pie o en vehículos, y carecen de los agentes que velen por su seguridad.

aimeecabcu2003@yahoo.es

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